Wislawa

Nada es eterno, ya lo sabemos; pero cómo duele cuando se van esas personas que tanto aprendimos a querer a pesar de no haberlas conocido nunca personalmente.

La escritora polaca y Premio Nobel de Literatura Wislawa Szymborska falleció ayer en Cracovia, a los 88 años, tras una larga enfermedad. “Murió pacíficamente mientras dormía, en su casa”, explicó a la prensa uno de los colaboradores de la escritora que recibió el Nobel de Literatura en 1996. La escritora y poeta polaca, reconocida miembro del Partido Comunista, escribió numerosos libros de poesía, cuyas prosas se caracterizan por estar cargadas de humor, agudeza e ideología. Szymborska, que trabajó también sobre temas como la memoria, la belleza y la condición humana, nació en Kornik, en la región de Poznam, el 2 de julio de 1923. A los ocho años se trasladó a Cracovia, donde se incorporó, al poco tiempo, al mundo literario de esta ciudad del sur de Polonia para dedicarse de lleno a la poesía. Licenciada en Filosofía Polaca y en Sociología por la Universidad Jagelloniana de Cracovia, trabajó desde 1953 hasta 1981 como crítica en la revista Vida Literaria, con la columna “Lectura no obligatoria”, en la que comentaba libros de diversos temas. Entre sus libros más reconocidos están Busco la palabra, El gran número, De la muerte sin exagerar, Paisaje con grano de arena,Poe-mas selectos, Preguntas planteadas a una misma, Llamada al Yeti, Cien consuelos, Poemas, Por si acaso, Tarsius y otros poemas, Un gran número y Poemas escogidos II, entre otros.

 

Agradecimiento

Debo mucho
a quienes no amo.

El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
yeso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.

No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.

Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.

Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.

Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.

Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.

“No les debo nada”,
diría el amor
sobre este tema abierto.

De “El gran número” 1976

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