La Vierge et l’Enfant entourés d’anges, Jean Fouquet

El arte tiene, para mí, una faceta que lo distingue de todo lo que me rodea: la capacidad para obsesionarme con ciertas obras. Tanto puede ser la música, la literatura, el cine, la plástica.
Desde que conocí este cuadro no puedo quitármelo de la cabeza. Mucho ha influido en ello el hecho de que la obra es mucho más antigua de lo que yo pensé en un primer momento. Cuando noto que una obra comienza a ganar terreno en mis momentos de vigilia (no hablemos de lucidez) de inmediato comienzo a buscar datos que complementen lo que en un primer momento sentí, ví o supuse. Así fue que descubrí que la Virgen y el niño que adorna esta página data de 1452-1455; en ese momento yo estaba leyendo un libro sobre Leonardo (cuyas Madonnas me gustan pero que nunca llegaron a perserguirme como lo hizo esta) y allí estaba la fecha de su nacimiento: 15 de abril de 1452. Es decir que mientras Leonardo daba sus primeros berridos ya Fouquet estaba abocado a la realización de este cuadro.
¿Y por qué tanta obsesión? bueno, eso mismo me pregunto cuando me digo que ya llevo 27 años escuchando Cygnus X-1 de Rush y aún lo hago con la misma sensación de sorpresa y el mismo placer, o cuando leo por n-ésima vez La ciudad junto al mar. No sé por qué y quizás allí esté parte de esa respuesta que no me interesa encontrar; quizás sea ese mismo misterio que la obra transmite y que nos deja, a veces, sin las palabras necesarias para explicar qué es lo que estamos sintiendo.
Hasta aquí, lo personal. Ahora copio y pego un pantallazo general sobre la época correspondiente a esta obra:

“El Gótico abre un capitulo nuevo en la historia del arte: el paso de la Edad media al Renacimiento y el comienzo de la pintura profana. Mientras que la ideología del hombre medieval se centraba en el mas allá, el artista gótico se inspira en la vida misma y encuentra una nueva verdad. El descubrimiento de un nuevo mundo de los sentidos da lugar a una concepción de la realidad más placentera y marcadamente afectiva. El desarrollo de la sociedad aristocrática cortesana y la aparición de culturas burguesas propician el florecimiento del gótico y promueven el refinamiento y una renovada elegancia del arte. El nuevo estilo, que no tarda en extenderse por toda Europa, se caracteriza por la delicada captación de los detalles, el animado trazado de la línea, la luminosidad del color y el refinamiento técnico. Las cimas de la época se encuentran en los murales y en las tablas de Florencia y de Siena, con las obras maestras de Giotto, Duccio, los hermanos Lorenzetti, Simone Martini o Fra Angelico, en los vidrios pintados franceses, en los retablos flamencos de Jan van Eyck o Rogier van der Weyden, en las esplendidas iluminaciones de los hermanos Limburg y de otros miniaturistas, en la pintura sobre tabla de las cortes de Praga y de Viena y en el estilo blando de los pintores del norte de Alemania, incluido el encanto de Stefan Lochner.”

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