Adiós Moebius, adiós.

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Los que gustamos de las lecturas heterogéneas y que rondamos los cincuenta años, inevitablemente hemos crecido -sobre todo en torno a los años 80´s- leyendo a los grandes historietistas de los últimos tiempos. Léase Giménez, Altuna, Bilal, Breccia, y muchos, muchos otros. entre ellos se destacó, en todos los aspectos, Jean Giraud, más conocido como Moebius.

Siendo éste un espacio personal, no voy a copiar aquí aspectos de la noticia de la muerte de este artista indispensable, quizá algún dato, inevitablemente, se filtre, pero no es mi intención la de ocupar este espacio con datos que pueden encontrarse en cualquier portal de noticias. Prefiero, modestamente, recordar las lecturas, las horas compartidas con amigos -con  los cuales compartíamos los no siempre económicos o fáciles de encontrar- y las horas y las hojas garabateadas copiando dibujos de Moebius.

Creo que la primera vez que accedí a una obra de Moebius fue a través de la revista Fierro. Arzach (o Arzak o Arzacq) apareció en una de las tapas de los primeros números (alguna vez hablaré de la mítica revista Fierro, sobre todo de su primera época) y en las páginas primeras y últimas, las que venían a color. Éstas historietas nos llamaron poderosamente la atención, ya que nunca habíamos leído historietas como esas. Surrealism0, fantasía, delirio; en realidad no sabíamos cómo catalogar las historias de Arzach. Los paisajes, los seres que poblaban esos paisajes,  el sinsentido de las historias, hacían que uno no supiera bién a qué se enfrentaba; pero de lo que no cabían dudas -y que era lo que nos hacía volver una y otra vez a leer o ver (muchas de ellas eran mudas) esas hstorietas- era el dibujo, esa maestría plástica que hacía que la historia, la excusa para plasmar el dibujo, pasara a un segundo plano.

   

Después de Arzach o Arzak o como fuera que Moebius quisiera llamar a su personaje, comenzó la busca de más publicaciones del artista francés. En aquel entonces no existía internet, así que no había más remedio que agenciarse revistas o libros varios. Fue así que desembolsamos varios pesos en revistas como 1984, Zona 84, la ya nombrada Fierro, Metal Hurlant (edición española) o Heavy Metal (edición americana, pero sólo cuando podíamos afrontar ese gasto).  También llegaban, desde España, libros con obras completas de autores varios, libros de Editorial Norma que hoy desearía poder tener en mi biblioteca pero e los que el tiempo ha ido dejando en el camino (camino que, posiblemente, lleve a bibliotecas ajenas, pero ése es otro tema).

Luego vendrían obras como El Incal, El Incal negro, Asesino de un mmundo, El garage hermético, The Long Tomorrow, Ktulu, Estela plateada, etc.

Personalmente me sentí atraído por los dos extremos del dibujo de Moebius (siempre y cuando tuviese que optar por alguna de las innumerables características a las que este autor era afecto), es decir, aquellos surrealistas paisajes desérticos donde piedras de diferente tamaño flotaban en el aire límpido.

O, en el otro extremo, el hiperrealismo futurista de  esas ciudades masivas en donde todo estaba dibujado hasta el mínimo detalle.

Moebius murió hace un par de días, a los 73 años; y, como dijo Fréderic Mitterrand, Ministro de Cultura francés: La muerte de Giraud es como la muerte de dos artistas. No podemos estar más de acuerdo con esas palabras.

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