Las ironías de mi padre.

Como es público y notorio, no hace falta decir que Jorge Luis Borges ha sido uno de mis más fieles compañeros a lo largo de mi vida. Alguna vez he dicho, en una cena familiar -y para asombro u horror de algunos de los presentes- que Borges era mi padre putativo (mi verdadero padre murió cuando yo tenía siete años) y algo de verdad había en aquella frase. Aprendí a pensar con Don Jorge Luis; aprendí a leer; aprendí a pensar (dicho esto con toda modestia). También ha habido otros, por supuesto; pero ello también fue debido a las enseñanzas de él, a su insistencia de llevar siempre un libro con uno y sacar el mejor provecho de sus páginas.

No voy a analizar ninguno de sus textos aquí ni nada demasiado complejo. Sólo es que recibí un correo con algunas de sus memorables ironías -la cual manejaba con maestría inigualable- y pensé que era una buena manera de compartir el mejor humor de alguien a quien muchos desconocen o al que solo han accedido a sus textos publicados y no a sus anécdotas. Vamos por ellas.

♦Una pregunta repetida es si todo lo que escribo lo hago primero en inglés y luego lo traduzco al español. Yo les digo que sí, que, por ejemplo, los versos: “Siempre el coraje es mejor, / nunca la esperanza es vana, / vaya pues esta milonga, / para Jacinto Chiclana” se ve en seguida que han sido pensados en inglés; se notan, inclusive, las vacilaciones del traductor.

♦Cuando muere la madre de Borges, doña Leonor Acevedo, a los noventa y nueve años, llevaba ya tiempo tullida y postrada en la cama. Sus ayes se oían por toda la casa. Una persona sin imaginación, al darle el pésame a Borges, le dijo que era una pena que no hubiera podido llegar a los cien años. Y entonces Borges le contestó: “Me parece que usted exagera los encantos del sistema decimal”.

♦Borges espera el ascensor en la Biblioteca Nacional. Después de un largo rato, impaciente, le dice a la persona que lo acompañaba: “¿No prefiere que subamos por la escalera, que ya está totalmente inventada?”

♦Bioy Casares: Qué incómodo esto de no ver sin anteojos.
Borges: Qué incómodo esto de no ver con anteojos.

♦Durante la dictadura militar alguien le comenta a Borges que el general Galtieri, presidente de la República en ese momento, ha confesado que una de sus mayores ambiciones es seguir el camino de Perón y parecerse a él.

– ¡Caramba! -interrumpe Borges- es imposible imaginarse una aspiración más modesta.

♦Borges firma ejemplares en una librería del centro.

Un joven se acerca con Ficciones y le dice:.
– ”Maestro, usted es inmortal”. Borges le contesta:.
– Vamos, hombre. No hay por que ser tan pesimista.

♦En una entrevista, en Roma, un periodista trataba de poner en aprietos a Jorge Luis Borges. Como no lo lograba, finalmente probó con algo que le pareció más provocativo:.

– ¿En su país todavía hay caníbales?.
– Ya no -contestó aquél-, nos los comimos a todos.

♦En la pausa de un acto cultural, el novelista Oscar Hermes Villordo acompañó a Borges al baño, situado en un primer piso al que se llegaba por una empinada escalera de madera.

Cuando volvían, Villordo notó que Borges descendía los escalones demasiado rápido y, temiendo lo peor, le preguntó:.
¿No deberíamos ir más despacio?.
– Pero no soy yo -aclaró Borges-, es Newton.

 

♦En Maipú y Tucumán, un grupo de adictos a Isabel Perón descubre a Borges y lo sigue unos metros, insultándolo. Al ingresar a su casa, un periodista le pregunta cómo se siente.

– Medio desorientado -manifiesta-.
Se me acercó una mujer vociferando: ¡Inculto! ¡Ignorante!.

♦Un joven poeta se acerca a Borges en la calle. Deja en manos del escritor su primer libro.
Borges agradece y le pregunta cuál es el título.
“Con la patria adentro”, responde el joven.
– Pero qué incomodidad, amigo, qué incomodidad.

♦Una mañana de octubre de 1967, Borges está al frente de su clase de literatura inglesa.
Un estudiante entra y lo interrumpe para anunciar la muerte del Che Guevara y la inmediata suspensión de las clases para rendirle un homenaje.
Borges contesta que el homenaje seguramente puede esperar.
Clima tenso…
El estudiante insiste: Tiene que ser ahora y usted se va.
Borges no se resigna y grita:.
– No me voy nada. Y si usted es tan guapo, venga a sacarme del escritorio.
El estudiante amenaza con cortar la luz.
– He tomado la precaución -retruca Borges- de ser ciego esperando este momento.

♦A principios de la década de los setenta, el escritor y psicoanalista Germán García invita a la Argentina a Daniel Sibony, matemático y psicoanalista francés.
Sibony quiere conocer a Borges.
Al encontrarse, el francés le pregunta en qué idioma desea hablar.
– Hablemos en francés, propone Borges, y justifica:.
Dicen que la lengua francesa es tan perfecta que no necesita escritores. A la inversa, dicen que el castellano es una lengua que se desespera de su propia debilidad y necesita producir cada tanto un Góngora, un Quevedo, un Cervantes.


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8 comentarios el “Las ironías de mi padre.

  1. Buenísimo! Menudo padrazo te has buscado. Tú si que sabes.

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  2. Juan Francisco dice:

    Estimado amigo, desde siempre en mi mesilla, para las noches, (en las que puedo leer), entre los tres o cuatro libros de los que mi esposa dice con cariñoso tono de reproche: “¡¡ te los sabrás ya de memoria!!”, hay uno del gran maestro. Su nick, borgeano, que me agradó cuando lo vi por primera vez,me hizo intuir la relación con D. Jorge Luis. Hoy he disfrutado con esta entrada.Gracias.
    Saludos.

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    • borgeano dice:

      Veo que compartimos varias cosas Juan Francisco, no sólo ciertas formas de pensar, ahora veo que también -además de las lecturas- ciertas sanas costumbres, como la de los inevitables libros en la mesilla de noche (y no uno solo, eso está muy bien).
      Yo, de don Jorge Luis me sé algunas cosas de memoria, lo cual es inevitable.
      Me ha dado una idea para un post. Pronto lo tendrá por aquí.
      Un abrazo.

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  3. gaviotasinamor dice:

    Que gran hombre!! me ha encantado Borgueano
    admiro las eprsonas así!!
    Besoss

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  4. […] triviales”. La broma es una muestra de la impecable ironía de Borges, de la que ya alguna vez tomé nota aquí; pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy, sino de la última oración que copié: “Todos […]

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