¿Quién grita en el El grito?

Edvard Munch es uno de esos artistas que, más allá del valor que poseen como tales, son popularmente conocidos por una sola de sus obras. Tan así es que, en muchos casos, hay gente que conoce a la obra pero desconoce el nombre del autor (no es infrecuente el caso en que la obra supera a la mano que la creó). Hablo, claro está, de El grito, y estoy seguro de que ya la han visto antes:

Munch-el-grito

(Para ver más grande, clic sobre la imagen)

La pregunta que encabeza este post parece hueca, sin sentido; es obvio que quien grita es el hombre que se encuentra en el centro de la pintura, en un primer plano, con sus manos cubriéndose los oídos y su boca que parece emitir un sonido que llega hasta nosotros.

Pero esto no es así. Eso es lo que decimos la primera vez que nos encontramos con esta obra, pero la verdad es algo diferente. En el propio diario de Edvard Munch encontramos la respuesta: “Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, inexplicablemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza”. Lo que grita, entonces, es el entorno, todo aquello que rodea al hombre en medio del puente.

Ésa es una de las razones por las cuales El grito significa algo especial para mí. ¿Quién no ha sentido algo así alguna vez? ¿Quién no se ha sentido perdido en medio de una vorágine incesante en medio de su entorno? Creo que, en mayor o menor medida, todos los que damos vueltas por este mundo de los blogs tenemos mucho en común con Munch. El acto, la necesidad de expresarnos, la busca constante del diálogo con iguales (que no siempre se encuentran, pero cuando tenemos la fortuna de hallarlos son el mejor motivo para volver aquí una y otra vez), nos hace ser partes de esa obra; la cual, para muchos, más que una pintura parece ser un espejo.

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26 comentarios el “¿Quién grita en el El grito?

  1. Te llevo leyendo creo que más de un año y medio, quizás ya dos, y hoy especialmente me has hecho llorar. Conocía la obra que no al autor, pensando siempre que critaba la propia pintura. Este nuevo enfoque visto desde su propio creador es desconocido para mi. Sin embargo se me han saltado las lágrimas en el último párrafo donde hablas de los blogueros que andamos por la red buscando un igual con una necesidad imperiosa de comunicarnos y que nos enriquecemos al saber que no somos los únicos. Yo soy un claro ejemplo de esta descriptición. Aún no te he constestado al correo, estoy procesando. Millones de besos, hoy más que nunca.

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    • Borgeano dice:

      Gracias querida Latidos, no somos los únicos que pensamos así, de eso estoy seguro. Quizá no todos lo acepten o lo reconozcan, pero creo que, íntimamente, hay algo de ello en todos nosotros.
      El mail no es necesario que lo respondas, sólo quería que supieras las razones por las cuales había “desaparecido”, por así decirlo.
      Un beso enorme y que tengas un gran día.

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  2. gaviotasinamor dice:

    Buenos días Borgeano,
    MIra llevas muchísima razón, todos o casi todos los que de ambulamos por aquí no hemos sentido así, me identifico mucho con todo lo que has dicho, yo suelo gritar amenudo de esta forma, hay quién lo ve y quién no. Gracias por poenr esta bella pintura, que me encanta pero hoy la entiendo mejor gracias a ti, y si es un espejo si señor!! palabra de gaviota
    Muaskkk

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    • Borgeano dice:

      De ti ya lo sospechaba, Gaviota. Habemos varios a los que se les nota a la legua. Y me alegra que entiendas un poco más a esta obra, creo que averigüar datos extra sobre esas obras (del género que fueren) nos hace comprenderlas y estimarlas mejor.
      Besotes.

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  3. Ana azul dice:

    Interesante. A mí siempre me había producido el hecho de que el protagonista sentía terror por algo mas interno que externo. Besos
    Ana

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    • Borgeano dice:

      Algo de eso hay también Ana; la vida de Munch fue muy difícil y fue presa de diferentes enfermedades entre ellas, obviamente, psicológicas. No hay que descartar un síntoma propio del pobre Edvard. Pero esa suma, en definitiva, es lo que nos permite hoy tener esa obra.
      Cariños.

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  4. A mi siempre este cuadro más que un grito me pareció una imagen de sorpresa, como cuando algo nos deja con la boca abierta. Y por lo que cuentas algo de ello también parece que sintió el autor, una bocanada de admiración y escalofrío por lo que vio, aunque se le tinto de terror.
    Sin ese miedo, yo he sentido esa aceleración en el corazón y ese decir ¡¡Haalaa!! con la mandíbula caída, al estar en algún lugar. Ese sentimiento tuve este año pasado en mitad del Serengeti, y viendo la caldera del Ngorongoro, y también lo padecí cuando vi el Perito Moreno, y mi primera visión del Machu Pichu y cuando estuve delante del Potala en Lhasa, y cuando vi las cremaciones en Benarés, y se me saltan las lágrimas cada vez que voy a la Alhambra de Granada…
    Y en otros muchos lugares admirados, (lista larga y no quiero aburriros con ella), que logré ver tras iniciar el viaje con ese fin, se me hincha el pecho y acelera el corazón allí quieto, viendo aquella maravilla de la mano de la naturaleza o de la mano del hombre. Incluso cuando pasado el tiempo lo recuerdo aún me dura ese sentimiento.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que en el caso de Munch creo que lo del terror es algo justificado, ya que, como le dije a Ana antes, padecía de ciertos síntomas que lo impulsaban a esos sentimientos. Pero entiendo perfectamente de lo que hablas. Por la razón que fuere –ya sea la magnificencia de lo que tenemos delante o por nuestro conocimiento previo (y la diferencia entre el haber visto una fotografía o una filmación y la realidad) o por algún motivo personal–, a veces nos es imposible articular palabra alguna. Sólo podemos limitarnos a sentir. Esos momentos son tan especiales que luego podemos recrearlos con una precisión mayor de lo que habitualmente podemos hacer con un recuerdo “común”. No solamente me ha sucedido con paisajes, sino con obras de arte, pequeños objetos, o momentos íntimos o personales.
      Pasado mañana, y por un motivo ajeno a éste post, hablaré, al menos brevemente, de esto.
      Un abrazo.

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  5. Nergal dice:

    Interesante el último párrafo. Ciertamente creo que el blog es el grito que cada uno de nosotros damos para liberarnos, llegar a los demás, una casualidad y coincidir con alguien….. gritos emergidos al mismo tiempo coincidentes en el espacio.
    Un saludo

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    • Borgeano dice:

      Temía la crítica del Gran Nergal…. Pero fue buena; así que lo anoto como un punto a favor, lo cual se agradece. Tal como te había dicho, el tema principal era tangencial al cuadro (lo cual trato de hacer, es decir, darle un punto de vista personal); sino parece que todo es una cuestión de “copiar y pegar”.
      Un abrazo.

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      • Nergal dice:

        Estimado y querido amigo Borgeano, la consabida historia que rodea al cuadro ya es harta, lo cual todo lo que se pueda criticar, constructiva o destructivamente, carece de sentido, pues cualquier referencia a “El Grito” está colmada de ellas. Es por ello que prefiero quedarme con lo original y genuino, aprender y aportar, para bien o para mal, con lógica o si ella, guste o no, mi opinión, que todo sea dicho, como todas las opiniones (de todos) nunca son humildes por mucho que se quiera. Así querido amigo, toma mi soberbia opinión anterior y mi agrado por ese último párrafo, tan original, de tan atractiva particular visión y/o interpretación de las múltiples surgencias que evoca el magnifico Grito de Munch
        (y me quedo tan ancho eh!)
        Un fuerte abrazo

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      • Borgeano dice:

        Pues hay que retorcer la lógica hasta que nos dé la razón, qué tanto.
        Es cierto lo que dices, que la historia del cuadro es demasiado conocida, pero como podrás ver en los comentarios, nunca parece ser suficiente. También estamos de acuerdo en que toda opinión nunca es humilde (algo que no todos se dignarían a aceptar).
        Gracias por tu concepto sobre el último párrafo (el único personal del post).
        Un abrazo.

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  6. danioska dice:

    ¿Ya ves por qué me encanta tu blog? Siempre aprendo, me dejas pensando, me enriqueces, me mueves los entresijos. No sabía la historia de El grito y me conmovió. Sin duda muchos blogs son eso: gritos ante la sorpresa que nos genera el mundo, gritos ante lo grandioso o lo minúsculo, ante el amor o el dolor, ante la conciencia de sentir que estamos vivos. Creo que somos muy dichosos por, sin pudor alguno, asumir que nos pasan cosas por dentro, que lloramos, que reímos, que necesitamos un diálogo y más dichosos todavía por encontrar otras voces con quienes compartirlo de manera cotidiana. Gracias por ser una de esas voces, de verdad.

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    • Borgeano dice:

      Sabes, Danioska, que eres una de las personas cuyas palabras más hondo me llegan; así pues, agradezco infinitamente tu comentario (y que nadie se enoje, las afinidades se dan, luego hay que alimentarla; pero en un primer momento, se dan…). Creo que hay un acuerdo general en que todos, en menor o mayor medida, como dije en el cuerpo principal, estamos de acuerdo en ese punto en particular. La pregunta que me hago ahora es: ¿Cuántos de nosotros se vuelca al blog porque no puede exteriorizar todo eso que tan bien detallas –llorar, reír, la necesidad de un diálogo (no de cualquier diálogo, sino de “ese” diálogo específico)– en la vida real? Aquí sí que no puedo suponer que todos compartimos el mismo sentimiento o la misma realidad. Sólo puedo hablar de mí mismo y, para ser sincero debo decir que sólo encuentro una persona y media con quien puedo tener este tipo de diálogo o compartir estas cosas (lo de media persona no es un mal chiste, hago referencia a un muchacho con el cual puedo hablar de ciertas cosas, pero éstas son solo algunas, nada más).
      Gracias a ti por ser otra. ¡Un diálogo de una voz es totalmente inútil! Y mejor será que no cuente las veces que he escrito el término “diálogo” por que voy a terminar borrando el comentario. Así que va sin corregir.
      Cariños.

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  7. danioska dice:

    En cuanto a tu pregunta no sé, pero a final de cuentas el fondo es el mismo: da igual si escribimos porque no tenemos con quien hablar “rico” de lo que nos interesa o si lo hacemos a pesar de tener interlocutores pero queremos un coro de voces. Lo que nos une e identifica es la necesidad de plasmarnos en palabras y luego compartirlas (o lo que es lo mismo: compartirnos un poco con otros). Que siga, pues, viviendo este diálogo entre Borgeano y Danioska que a ambos enriquece. Salud!

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    • Borgeano dice:

      Es cierto lo que dices, necesitamos esa polifonía de manera casi constante. Y sirve, además de para reforzar el ego (que algo de eso también hay), para modificar nuestros puntos de vista, como acabo de hacerlo yo. Prosit!

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  8. danioska dice:

    No entendí: ¿qué punto de vista cambiaste a raíz de los comentarios?

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    • Borgeano dice:

      Es sólo un detalle. Yo era un poco más terminante al plantear el hecho de que escribimos porque no tenemos interlocutores válidos a nuestro alrededor (por eso hice la salvedad de que, en este punto, hablaba más de mí que en forma grupal); pero como bien dices, “”da lo mismo si tenemos con quien hablar rico o no…” Y en ése punto tienes razón.

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  9. Dessjuest dice:

    Más alla de lo que el autor pretendiera es cierto que una pintura, una canción o cualquier obra, tiene un significado distinto para cada uno que los ve.

    Es más, el éxito de este cuadro creo que radica en lo que los comentarios de la entrada demuestran, que cada uno le da un sentido distinto, a mí siempre me ha transmitido desesperanza y horror, ante todo lo malo de la humanidad, la descomposición del propio ser humano.

    Saludos.

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    • Borgeano dice:

      Ésa es una vieja discusión, Dess; si bien se acepta que cada cual interprete la obra según su buen entender, hasta qué punto eso es aceptable o no (como visión general) es discutible. Sin ir más lejos, ya que ambos escuchamos cierto estilo de música, te habrás topado con gente que, al oírla comentan: “Eso no es música, es puro ruido” o usan alguna otra brillante expresión como “eso es puro chingui-chingui”. Es obvio que esas personas no comprenden, en el sentido más cabal del término, lo que están escuchando. ¿Tienen, ambos puntos de vista, el mismo valor? Creo que no. Aun la subjetividad tiene sus límites.
      Un abrazo.

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      • Dessjuest dice:

        Por supuesto, de hecho esa costumbre de hoy en día de que todos los puntos de vista son respetables hacen posibles cosas como que yo diga que Mozart era una puta mierda de músico y compositor y se tenga, en teoría, que respetar mi opinión.

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      • Borgeano dice:

        Pues así había terminado mi comentario, junto con otra anécdota (la que incluía a una pintura), pero lo borré porque pensé que el punto ya había quedado claro, y veo que así es.
        Yo aprendí mucho al respecto leyendo un par de libros de Nabokov, de cuando era profesor universitario. El análisis que hace de las obras es brillante, y allí uno ve que no hay que quedarse con la primera impresión ni, tampoco, dejar de analizar y de aprender algo más sobre la obra. Todo suma.

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  10. Che mj dice:

    Yo también publiqué algo sobre “El Grito” el tres de enero. Es una reflexión bastante distinta a la tuya (y quizá menos profunda), pero te la comparto. Saludos.
    http://haciendomutis.wordpress.com/2013/01/03/el-grito/

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