Guerra del tiempo. Alejo Carpentier

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En materia de lecturas, están quienes prefieren una historia bien contada y nada más; están, también, quien gusta de cierta originalidad en la forma, cierta riqueza expresiva. Por mi parte, aunque a veces formo parte del primer grupo, debo declarar mi especial predilección por autores que se destacan por cuestiones de estilo antes que por cuestiones temáticas. Por supuesto, el ideal sería una buena historia y además, que esté narrada en un estilo personal y rico en matices. Esos libros, por fortuna, existen, pero es casi una ley invariable que los “estilistas”, por llamarlos de alguna manera, se aboquen más a historias mínimas que a grandes épicas (y que nadie se enoje por esto, ya lo dije: existen las excepciones).

Uno de ellos es Alejo Carpentier, quien despliega en cada página de sus novelas o de sus cuentos una maravilla estilísca. En este libro en particular pude encontrar desde el delirio surrealista de “El Estudiante” hasta esa rareza que es “Viaje a la semilla”, cuento en que la historia se narra hacia atrás (temporalmente hablando). Pero es imposible elegir un cuento por sobre los demás, ya que el estilo está en todos ellos haciendo que la historia quede en un segundo plano. Y como veo que estoy tratando de explicar lo inexplicable; mejor les dejo, como muestra, el capítulo VI de “Oficio de Tinieblas”.

“El 20 de agosto, cuando apenas se entonaba en Agnus Dei de la misa de diez, las dos torres de la catedral se unieron en ángulo recto, arrojando las campanas sobre la cruz del ábside. En un segundo se contrariaron todas las perspectivas dela ciudad. Los aleros se embestían en medio de las calles. Tomando rumbos diversos, las paredes de las casas dejaban los tejados suspendidos en el aire, antes de estrellarlos con un tremendo molinete de vigas rotas. Las mulas rodaban por las calles empinadas, envueltas en nubes de carbón, con un casco cogido debajo de la cincha y gurupela azotándoles la crin. Las rosas del parque alzaron el vuelo, cayendo en zanjas y arroyos que habían extraviado el cauce. Y luego, aquella inestabilidad de la tierra, aquel temblor de anca exasperada por una avispa, aquel desajuste de las aceras, aquel cerrarse de lo abierto y abrirse de lo cerrado. Aún corriendo, dando gritos, llamando a la Virgen del Cobre, se advertía que una calleno tenía ya más salida que una alcoba de doncella o un archivo de notaría. A la tercera sacudida, los muebles también entraron en la danza. Pasando por encima de los barandales, los armarios se dieron a la fuga, largando por los vientres abiertos sus entrañas de sábana y mantel. Todas las vajillas explotaron a un tiempo. Los cristales se encajaron en las persianas. Anchas grietas, llenas de peines, camafeos, almanaques y daguerrotipos, dividían la ciudad en islas, ya que el agua de los aljibes, rotos los brocales, corría hacia el puerto. 
Cuando la sangre comenzó a ensancharse en las telas, rasos y fieltros, todo había terminado. Un reloj de bolsillo, colgado aún de su leontina, marcó el adelanto de un minuto corto sobre los relojes muertos. Fuen entonces cuando los hombres, al verse todavía en pie, comprendieron que habían conocido un terremoto. Las moscas, salidas de no se sabía dónde, volaron a ras del suelo, más numerosas”.

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6 comentarios el “Guerra del tiempo. Alejo Carpentier

  1. danioska dice:

    Tengo que regresar a Carpentier. Hace mucho leí El reino de este mundo y El siglo de las luces (me impresionaron una enormidá), pero no me he dado tiempo de revisitarlo. Esto que transcribes es monumental, un postre delicioso a media mañana. Gracias.
    PD Coincido en que si me ponen a elegir, prefiero el estilo que el tema. Otra casualidad…

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    • Borgeano dice:

      Ya no son casualidades querida, es lisa, llana y maravillosa afinidad. El primer blog que abro es el tuyo porque sé que no me va a defraudar lo que encuentre allí. Casualidad sería, por ejemplo, que un día escribiéramos el miso post (sin ponernos de acuerdo de antemano, claro está). Esto ya es otra cosa.
      Con respecto a Carpentier, es uno de los que visito cada tanto, pero no tan a menudo como me gustaría o como, tal vez, debería. Me sucede lo mismo con Faulkner. El “problema” es que consumen mucha energía. Leer a este tipo de autores requiere una atención constante, cuando no volver atrás algunas páginas para volver a leerlas porque algo “quedó en el camino”. Por eso los dosifico y los voy matizando con lecturas más “livianas” (las comillas son inevitables porque no siempre lo que viene a continuación es, precisamente, “liviano”). Pero, sin duda, Alejo es uno de los que está en mi panteón particular, es decir, uno de los inamovibles.
      Cariños.

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      • danioska dice:

        Vaya, que si sucede lo del post que ambos subamos el mismo día me voy a asustar y pensaré que en otra vida fuimos algo así como la mano izquierda y la derecha de algún loco (coincidirás en que muy cuerdo no podría haber sido quien nos diera cabida!).
        Sobre Carpentier: lo dicho, tengo que volver a visitarlo. Lo leí hace tanto, en la universidad, que estoy segura que hoy tiene mil cosas nuevas que contarme. Te platicaré cuando suceda. De momento tengo algo así como cuarentaytantos libros pendientes de lectura que quiero avanzar algo con ellos, aunque claro que de pronto se aparecen maravillas como El hechicero de Nabokov y dejo pendiente todo por sentarme a charlar con ellos…
        Abrazo

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      • Borgeano dice:

        ¡Pero ves que no es casualidad! Tengo una cantidad de libros pendientes que siempre está vacilando por los nuevos libros que van ingresando en la lista… Ayer salí a caminar y encontré una nueva librería. Te imaginarás que verla y entrar fue una sola cosa (y eso a pesar de que me he prometido NO comprar nada hasta no avanzar con esa lista de libros de la que hablamos). Salí con dos nuevos volúmenes, uno de filosofía (pero ligera, nada de complejidades aquí) y otro que es un estudio sobre… Alejo Carpentier. ¡Alás! Que ni siquiera tenía noticias de la existencia de ese libro. Ya ves, todo gira en un círculos misteriosos.
        En cuanto a la idea de que fuimos en alguna otra vida las dos manos de un loco, te digo que me parece una idea fantástica para un relato ídem. Me reí a carcajadas cuando lo leí, pero después hasta entreví parte de la historia…
        Cariños y felicidades, casi tantas como te mereces (no te digo TODA la que te mereces porque no quedaría nada para los demás).

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      • danioska dice:

        Uy, descubrir una nueva (y buena) librería es uno de los placeres que la vida nos regala de tanto en tanto, sobre todo si nos portamos bien, terminamos siempre la comida, somos buenos con los mayores… Ay, no, perdón, que aquí no necesitamos la obra de ningún personaje venido del Polo Norte.
        Entiendo perfecto que tu firme intención de no comprar más libros se despeñe a la primera provocación. Me pasa igual. Soy muy disciplinada en mi vida en general, buenísima para trazarme objetivos y seguirlos al pie de la letra (herencia de mi padre militar), cabezona como nadie para lo que requiera fuerza de voluntad, pero flaqueo alegremente cuando se trata de no comprar libros. Ahí sí me dejo ir, me pongo flojita y me dejo ser. Lo disfruto una enormidad, digo yo que me compenso con el rigor de otras áreas de mi vida, jeje.
        Las palabras de tu boca te han enlazado: ahora espero el relato sobre ese loco cuyas dos manos lo dejaron más alucinado (pero feliz).
        Abrazote felicitador

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