La invención de la soledad. Paul Auster

Auster - La invención de la soledad

«Recibí la noticia de la muerte de mi padre hace tres semanas. Fue un domingo por la mañana […] Pensé: mi padre ya no está, y si no hago algo de prisa, su vida entera se desvanecerá con él.»

¿Cómo se narra una ausencia? ¿Es posible, siquiera, intentar llevar adelante esa tarea? En su primer ensayo, Paul Auster (quien ya había publicado algunos libros de poesía y una novela, bajo seudónimo, que pasó desapercibida) indaga en la vida de su padre, un inmigrante perseguido por una tragedia de infancia, cuyo mayor talento es estar ausente. Como un fantasma de incógnito entre los vivos, el padre se desliza sin ser tocado, se escabulle de su familia, desaparece incluso para sí mismo, se convierte en una figura vacía y solitaria, impenetrable, que ha cortado lazos con el mundo y, también, con el pequeño y desconcertado Paul, que atesora hasta la mínima señal de apertura del desconocido.

Mi recuerdo más temprano: su ausencia […]
Recuerdos más próximos: un anhelo.

¿Quién es, realmente, esta persona, y por qué? Entender a su padre es el objetivo del escritor, que busca además salvarlo de una segunda muerte: el olvido. La aventura será, quizá, aun más angustiante que la ausencia en vida. El protagonista descubrirá que su padre fue un hombre que jamás hizo nada por dejar huella. Es más, podría decirse que su mayor esfuerzo en la vida fue el de no dejar huella y que de algún modo lo logró: su propio hijo no podía encontrarse a sí mismo en él. El padre de Auster no sólo fue un padre ausente, sino un ser ausente, gris, carente de impulsos vitales que lo incitaran hacia la trascendencia.

Auster 02Auster, padre. La extraña fotografía es una de las tantas que el escritor encontró entre las pertenencias de su padre.

En la segunda parte, “El libro de la memoria”, Auster deshilvana por completo la historia con certera y precisa narrativa y va más allá de la anécdota, se aferra a una grata y descarada introspección que sorprende. Va al pasado, vuelve al presente, imagina el futuro, sufre, y ese padecimiento llega de manera directa al lector. Auster nos dice, a través de meditaciones trabajadas como variantes del tema central (la soledad) que ésta no es sólo una enemiga, sino que es, también, el lugar donde se almacena nuestra historia, nuestra memoria, y de donde parten o nacen las historias.

Poco a poco comienzo a comprender el absurdo de la tarea que he emprendido. Tengo la sensación de que intento llegar a algún sitio, como si supiera lo que quiero decir; pero cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que el camino hacia mi objetivo no existe.

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7 comentarios el “La invención de la soledad. Paul Auster

  1. danioska dice:

    Ay, diosmío, qué fuerte. Tendré que leer eso de Auster para acompañarte, amigo, y también para sangrar contigo. Y perdóname que disienta pero no comparto la idea del absurdo de la tarea que tienes entre manos. Como supo bien Cavafis y plasmó en su poema «Ítaca», llegar a puerto puede ser mucho menos atractivo que el viaje en sí mismo: http://ciudadseva.com/textos/poesia/euro/cavafis/itaca.htm Lo creo absolutamente.
    Abrazo

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    • A. I. M. dice:

      Justo estaba hoy escuchando el Ítaca de Lluis Lach 🙂
      Y sí, deberías acompañarle y leerte la invención de la soledad de Auster 🙂

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    • Borgeano dice:

      Sé que Auster no figura entre tus autores preferidos Danioska; pero éste ensayo tal vez te guste. De todos modos insisto en que El Palacio de la Luna es una gran novela (y que trata éste mismo tema; así que también allí hay algo de tela para cortar).
      Gracias por el enlace al poema de Kavafis (hablando de lecturas compartidas, hace tres días lo leí ya que lo incluyó Maia losch en una de sus entradas) lo que nos lleva a las relecturas; porque acabo de leerlo nuevamente bajo esta nueva luz que le aporta tus palabras y, aunque –como esobvio– no haya cambiado una palabra; el poema es otro.
      La felicidad de tener amigos como ustedes…

      Abrazo.

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      • danioska dice:

        Nos pasa seguido, sí. Qué rico enriquecernos siempre con lecturas, con relecturas, con otros ángulos y así ir haciendo más interesante el andar diario.
        Un abrazo fuerte (y, cómo no, lector)

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  2. Leyla dice:

    me quede pegada en las letras.. y suspire un ratito

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