Matar al payaso

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Los payasos hacían sus cabriolas en la arena del circo con eficacia y excelente ritmo. No eran muy originales, pero no hay nada mejor que lo clásico. Uno le daba una bofetada a otro, el que “lloraba” arrojando chorros de agua desde los costados de sus ojos hacia las primeras filas; otro andaba a gran velocidad en una diminuta bicicleta, otro tropezaba, caía estrepitosamente y, con una agilidad sorprendente, se ponía de pie de inmediato. Había dos o tres más, pero ya no puedo decir qué es lo que hacían porque para ese entonces los primeros ya estaban haciendo alguna otra gracia y nunca podría poner por escrito a todas ellas sin hacer que este texto fuese interminable.
Cuando salieron a la arena yo había identificado al mío, pero entre los rostros maquillados de modo parecido y el andar veloz e incesante por aquí y allá y los cruces inevitables entre uno y otro, lo había perdido. Yo estaba en la galería de iluminación, en el exacto medio. Miré a mi derecha, donde el tramoyista estaba estirado cuan largo era, con el brazo derecho bajo la cabeza, como si durmiera, aunque yo sabía que no era así. El tramoyista, entonces, no podía ayudarme. Volví la mirada a la arena y la confusión era, ahora, mayor que antes. Todos habían cambiado de posición y dos de ellos se peleaban por su sombrero. Era definitivo; no podía determinar cuál era mi hombre. ¿Qué hacer ante tal situación? Fácil: Me preparé y esperé el momento oportuno; el cual llegó un par de minutos después. Dos de los payasos se pararon uno frente al otro y entrelazaron las manos, otro llegó corriendo y apoyándose en los brazos entrelazados y a modo de trampolín, saltó sobre otro que se hacía el distraído con alguien de la platea; cayó hacia adelante, rodó sobre sí mismo, dejó apoyada una rodilla en la arena, abrió los brazos y exclamó el clásico «¡Ta Dah!» Fue lo último que dijo. Cuando comenzó a pronunciar el «Ta» yo había comenzado a presionar con suavidad del gatillo, cuando estiró la a del «Dah» su cabeza, literalmente, explotó.
Con dicha «explosión» (las balas eran, de hecho, expansivas), sobrevino el inevitable momento de duda, estupor, silencio; el cual aproveché para descargar mi arma sobre dos más. Ahí sí, comenzó la siguiente etapa: el descontrol. Del mismo modo que el silencio había aparecido de la nada y se había apoderado de todo el entorno, ahora el sonido ―en forma de gritos de toda clase― se hizo amo y señor del lugar. Los gritos, las corridas, el llanto, los llamados, los pedidos de auxilio. Pero uno es un profesional y no podía perder el tiempo. Todo eso lo oí mientras observaba al cuarto payaso ―Bang, uno menos― y al quinto: lo mismo (éste trabajo suele ser repetitivo). Supongo que el caos general hizo que la persona encargada de las jaulas se distrajera unos segundos, entonces Manucho, el publicitado Tigre de Bengala y una de las atracciones principales del circo (entre nosotros, no creo que fuera de Bengala realmente. De lo que puedo dar fe es de que sí, era un tigre; y uno de los grandes), entró a la arena y de dos precisos saltos se encargó del sexto. No esperaba tener un ayudante de esa clase, pero todo apoyo era bienvenido. Para ese entonces, mientras la gente corría hacia la salida de la manera más desordenada que he visto en mi vida (Supongo que en casos así la humanidad deja paso a alguna otra capa de algo que vaya a saber uno cómo se llama; la cuestión es que ese ente que solemos llamar gente no tenía ningún prurito en pisar, empujar, golpear o, directamente, pasar por encima a ese otro ente abstracto que solemos llamar prójimo), entró en escena Olivia, una elefanta que debería pesar sus buenas toneladas, la cual corría hacia la salida pasando, claro está, sobre cualquier cosa que estuviera en su camino. Mujeres y niños primero. Todo esto tarda más en decirse que en hacerlo o verlo. Quiero decir que para todo esto, el séptimo payaso, el que lloraba desconsoladamente a pocos metros de donde Manucho cenaba despreocupadamente, no fue más que un instante de atención, precisión y despido. Bajé de la galería de inmediato, el arma plegada y guardada en menos tiempo, repito, del que necesito para decirlo; y salí detrás de la ancha brecha que iba dejando Olivia. Ambos, casi juntos, salimos al aire libre.
Ser asesino a sueldo no es un trabajo del que uno se sienta orgulloso (al menos públicamente), pero con esto de las crisis económicas y los vaivenes del dinero y los nuevos ricos y todo eso, bueno; cualquiera nos contrata para cualquier estupidez. Creo que sólo tengo dos caminos por delante: empezar a cobrar más caro o buscarme otra profesión.

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15 comentarios el “Matar al payaso

  1. Lilith dice:

    Con razón trabajas de noche, ahora lo entiendo todo. Para pasar desapercibido. 😉

    Me ha gustado mucho este relato, tan bien detallado que según lo he ido leyendo lo he ido visionando. Un abrazo!

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  2. Muy bueno tu divertimento!!.

    Como Lilith, yo también lo visualicé.
    Un abrazo.

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  3. diaeconomina dice:

    Le dí al me gusta porque es tu trabajo y me gusta lo que haces, pero en este caso ni me gustan los payasos ni los asesinatos.

    UN ABRAZO!

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    • Borgeano dice:

      ¡Es sólo un cuentito Día! Y no hay que darle al “me gusta” porque sí; si no te gusta, está bien, por supuesto. ningún problema con ello. Tú me conoces y sabes que estoy en contra de toda violencia; pero éstas persona ni siquiera existen.
      Cariños.

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      • diaeconomina dice:

        JEJEJE…lo sé a veces soy muy susceptible con estas cosas pero bueno tengo motivos que igual no me justifican pero sí te harían entenderme o quizás no tampoco.

        Me gusta porque viene de ti, y te sigo con admiración, hasta admiro este cuento que has inventado aunque no me guste su tema.

        CARIÑOSSSSSSS!!!! 🙂 🙂

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      • Borgeano dice:

        🙂 🙂 🙂

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  4. isabelamor dice:

    Buenos días Borgeano:
    he venido de cine ya que es un cuento y el cine también lo es,lo hice hoy con tiempo porqué es un relato para leerlo tranquilamente. Te felicito tienes una gran imaginación puedes escribir novelas de terror que son las mías ejejeje.
    Muy bueno aunque digo como Dia, no me gusta mucho el tema de los asesinos a sueldo que triste vida verdad?
    besotes querido de cine.

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    • Borgeano dice:

      Todo es ficción querida; sólo eso. Es como ver una película (y haces bien en comparar al cine con los relatos, son hermanos muy cercano, sin duda) de acción: nadie muere, nadie sale lastimado.
      Me alegra mucho que te haya gustado (ya una vez subí un cuento romántico; éste, digamos, es para balancear un poco el asunto).
      Besos de los de verdad; pero que parecen de cine.

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      • isabelamor dice:

        Gracias Borgeano, eres un escritor con mucho talento es una pena que no te valores más y te animes a escribir un libro.
        Feliz jueves:
        besos de los de verdad, sin duda y con mucho cariño.

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      • Borgeano dice:

        Gracias querida; mi inseguridad es mayúscula, por eso no puedo terminar nada demasiado importante (las veces que sí lo he hecho no me ha ido mal; ello me da la pauta de que podría conseguir algo… pero es muy difícil quitarse esos miedos que años y años han depositado en uno).
        Como siempre, eres todo corazón, y eso se agradece.
        Besos miles.

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  5. danioska dice:

    Dice bien Lilith, ahora entiendo todo, je! Qué buen relato nos entregas, chapó por el tema original, el ritmo logrado, el suspenso y las preguntas que dejas en el lector: ¿quién lo contrató? ¿por qué? ¿con qué motivo?
    Excelente, sugerentísimo.
    Abrazo admirador

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    • Borgeano dice:

      Gracias D;: éste es otra de esas cosas que fui encontrando en mi revisión de papeles viejos. Lamentablemente no puedo dar respuesta a tus preguntas; los asesinos a sueldo no podemos, digo, no pueden decir quién los contrató o cuánto cobran porque corren el riesgo de volverse, a su vez, víctimas de un colega.
      Gracias otra vez.
      Abrazo humilde.

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      • danioska dice:

        Los investigadores privados no estamos, digo, no están acostumbrados a darse por vencidos tan fácilmente. Es decir, encuentran las respuestas cueste lo que cueste.
        Abrazote

        Le gusta a 1 persona

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