Picante.

mexican-chilesVillahermosa, México. Bajo a desayunar al restaurant del hotel, el cual se halla casi vacío. El camarero, con correcta amabilidad me trae los huevos revueltos con jamón, el café con leche, las tostadas. Tres o cuatro minutos después vuelve con jugo de naranja, más tostadas, mantequilla, mermelada y una pequeña cazuela donde reposa algo verde, semitransparente. De inmediato relaciono los alimentos según una lógica ad hoc: primero me trajeron lo salado (bueno, el café con leche no entra en esa categoría, pero dije “lógica ad hoc”), luego lo dulce; esto debe ser alguna compota de manzanas o algo así. Error. Aunque todavía no lo sabía. Termino los huevos revueltos, sigo con las tostadas con mantequilla y mermelada; bebo el jugo y luego tomo una cucharada de la compota de manzanas. Error. Aquí sí lo supe. Eso no era ninguna compota ni nada por el estilo, era algo que –lo supe después– se llama Guacamole con Chile Serrano y es una de las tantas salsas picantes que se sirven en México a toda hora. Modestia aparte, debo decir que me comporté como un Duque; nadie notó nada. Ni el menor gesto se asomó a mi rostro, aunque por dentro, literalmente, ardía. Me levanté, agradecí al camarero y me dirigí a mi habitación. En mi vida subí dos tramos de escalera a tanta velocidad ni con tanta precisión.
Luego pensé que preguntar iba a ser suficiente para no cometer el mismo error, pero eso tampoco sirvió. Le pregunté a uno, dos, tres camareros si “eso” (generalmente son tres salsas las que se sirven) picaba, pero sus respuestas no son –para el extranjero– certeras. En México un “pica poquito” es lo que para el resto de la humanidad es, lisa y llanamente “picante”. Un “Pica un poco” es algo así como “Agárrate fuerte muchacho, esto va en serio”; y si te dicen “Pica mucho” sería algo así como “Corre por tu vida”. Así que si vienen a México —lo cual es altamente recomendable— presten atención; si no quieren que se les fundan las emplomaduras en un par de días, primero asegúrense de que van a comer como en el resto de occidente. 

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21 comentarios el “Picante.

  1. Reblogueó esto en ethos antropológicoy comentado:
    Para Levi Strauss la cocina es una mediación humana o un proceso cultural […], lo que en una cultura es “un poco picante” para la otra no lo es tanto -ni tiene por qué serlo- al fin y al cabo cada cultura construye sus propios significados y con ellos sus propias realidades. No cabe duda que el etnocentrismo es el precio que hay que pagar mediante el cual iniciamos el proceso comparativo en el que de un modo particular y personal cognocemos al/la otro/a. Descubrir las lógicas subyacentes que articulan y guían a las otras culturas en la elaboración de esos significados es, desde luego, el gran reto.

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    • Borgeano dice:

      Estimada Florencia Alvarado Torres: estamos en un todo de acuerdo y lo que dices es exactamente lo que yo digo en la entrada, sólo que yo lo hago de una manera jocosa y ligera; pero todo esto parte de la anécdota (real) de mi encuentro con el picante en México. Cada vez que conté esta anécdota, los locales (porque aún estoy en México) la encuentran muy divertida y fue por eso que así es como encaré la entrada. Lo que dices de “Descubrir las lógicas subyacentes…” etc., es lo que yo explico en ese juego de “cuando un mexicano dice… quiere decir…” Por supuesto que el etnocentrismo está patente en todo esto, yo miro a la cocina mexicana o de cualquier otro sitio desde “mi” cocina, pero esto sólo como un marco de referencia, no como si “mi” cocina fuese la marca fundante de una escala de valores. En éste viaje que estoy llevando adelante por latinoamérica llevo recorridos once países y me gustaría recorrer aún más; todos ellos, en menor o mayor medida, me han dejado un cúmulo de conocimientos que sería muy difícil de poder cuantificar. Sintetizo: que no te deje engañar el tono burlón de la entrada (fíjate, en todo caso, que el primer burlado soy yo mismo), siento un profundo respeto por México y por todos los países que he tenido la fortuna de visitar.
      Saludos.

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  2. Loretta Maio dice:

    Primero: me alegra saber que hambre no estás pasando, por lo menos en esta ocasión.
    Segundo: Te imagino, tan correcto, todo un señor… conteniendo el picor que seguramente te saldría por orejas, narices, ojos… y lo mejor de todo: subiendo la escalera a todo motor… Permiso (sabés cuánto te estimo) pero… ¡jajajajaja! (pobrecito). Perdón, esa risa me picaba, aunque no tanto como a vos el chile 😛
    Espero no sufras de colon irritable…

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    • Borgeano dice:

      ¿Hambre? No, por suerte no, aunque el viaje me sirvió para bajar unos kilos, lo cual no me vino mal (por cierto, ya empecé a revertir la situación ¿será cosa de volver a las rutas?). Segundo: la anécdota es real, lamentablemente, aunque esto es como la “colimba”, todos la detestan pero después todos la recuerdan con cariño. Anécdotas de este tipo tengo varias y algunas las iré dejando aquí, otras son difíciles de narrar o no valen la pena, sólo tienen cierto valor para mí. No había pensado eso que decía al finalizar tu comentario, pero por fortuna mi cuerpo responde bien todavía. Eso de “portarme como un Duque” me sale bastante bien. Hace poco, donde estoy viviendo, estábamos cenando con unos amigos y a un norteamericano que estaba con nosotros y a mí nos hicieron comer un chile; el norteamericano hizo algunas muecas (pobre, a él le tocó primero) y yo, ni una; eso sí, lo mismo que en la entrada, por adentro era un fuego vivo.
      Abrazo!

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  3. vivo9090 dice:

    Adoro ,que es para algo de arte cocinar, si es muy dulce .Pero los picantes pican el paladar y la cola.¿Sabias eso? para lo que cocina,antes poner picantes es apenas y sino se puede amargar.Cocinar bien…probar.si es fuerte agrega algo liviano para ” APAGAR EL PICANTE”
    buen blog visita el mio, borgeano.

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  4. María dice:

    Caray! Te imagino subiendo las escaleras a la carrera y (perdoname) no puedo evitar reirme. Pobrecito Borgeano! Pues si, eres todo un Duque!
    Un gran abrazo.

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  5. A mi también me pasó en el DF, casi me muero y grite como una nena!!! Jajajaja

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  6. Gracias por el aviso. Lo cierto es que eso de subir las escaleras como un duque con prisas…., vale, no soy mala. Pero reconoce que la imaginación es mas intensa y creativa que una cámara oculta…., cuídate ese estomago. Un abrazo.

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  7. danioska dice:

    Jaja, me he reído mucho con tu crónica, querido. Perdona mi hilaridad pero es que este asunto del picante es todo un tema para los extranjeros. Todo mexicano ha aprendido a comer picante desde la infancia (hay infinidad de dulces “con chilito” y vieras cómo los disfrutamos de niños y también de adultos), así que se vuelve una suerte de código no escrito lo del “pica poquito” o “pica mucho”. Aun así, a veces uno se lleva sorpresas que, como dices, te hacen arder. En fin, espero que tus aventuras con las salsas y los guacamoles no sean del todo negativas. Por cierto, debo advertirte otra cosa: en México, “chile” es también sinónimo de “miembro masculino” cuando se alburea (es decir, se habla en doble sentido), así que ten cuidado con el uso de la palabra. Nada de “Deme más chile” o “Quiero probar ese chile”, ni mucho menos personalizar, “El chile de ese señor ¿es muy picante?”, porque es muy probable que oigas un coro de carcajadas a tu alrededor.
    Un abrazo, éste sí de cara lavada

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    • Borgeano dice:

      Vaya, nadie me avisó de esos “albures” (¿se usa así el término en plural?); me he detenido a pensar en ello y creo que no, que nunca cometí esa “gaffe”, como suele decirse. Tendré cuidado con eso, gracias por el aviso. He visto los dulces de los que hablas y aún no salgo de mi asombro cuando veo comer, por ejemplo, mango con sal y chile o sandía con limón y sal. Me he acostumbrado un poco a las salsas locales y aunque no le llego ni a los talones a ustedes, ya me he encontrado saboreando algunos platos a los que considero “sosos” sin un toquecito de picante. No, si cuando digo que ustedes se te meten hasta por los poros no hablo tonterías… así lo hacen; y uno que es débil y tierno, se deja hacer.

      Abrazo enorme.

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      • danioska dice:

        Sí, querido, los albures relativos al chile abundan. Espero no ser chocante al compartirte está crónica que SoHo me publicó recientemente: “Un día con la reina del albur”. Creo que puede arrojar luces sobre el complejo pero divertido tema del doble sentido: http://www.sohomexico.com/cronicas/15/03/12/Diplomado-de-albures-finos-un-dia-con-Lourdes-Ruiz-Baltazar-Reina-Del-Albur-por-Julia-Santibanez/
        Y en cuanto a los dulces: ayer mismo me comí un mango con chile y le conté a mi hija tu enternecedora aventura con el guacamole. Me da gusto que empieces a disfrutar las salsas, pero luego no me culpes si se te vuelven una adicción. =)
        Abrazos

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      • Borgeano dice:

        Gracias por el enlace Danioska (y si vuelves a disculparte por algo así, te harás acreedora a un apercibimiento). Gracias, en serio. Hace poco, cuando te escuché por la radio, hablaste de algo que me pareció genial; no recuerdo exactamente si hacías referencia a éste artículo (al que todavía no fui) pero era algo así como unas clases de “albures finos”; ésa expresión sí que es correcta y la recuerdo porque me encantó. Que se enseñe el arte del doble sentido pero con cierta elegancia y buen gusto me parece divertidísimo.
        Yo no me he animado, aún, a los dulces con chile. Vamos paso a paso.
        Cariños para ambas.

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      • danioska dice:

        Exacto, la crónica de SoHo menciona el Diplomado de albures finos que imparte Lourdes, la Reina del albur. Me encantó, como a ti, la expresión.
        Abrazos dobles

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      • Borgeano dice:

        Acabo de leer el artículo y el reportaje y también acabo de compartirlo en Facebook (lo hago con esas cosas que quiero que mis hermanos conozcan allá, en el sur del mundo). Lo que no entedí fue tu albur del final, ése que no notó ni la mismísima Lourdes. ¿Vas a la radio todos los días? Perdón por preguntarte por éste medio…

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      • danioska dice:

        Es un poco penoso explicarlo por esta vía pero lo intento: “jugarse el pellejo” es al mismo tiempo una expresión informal de “arriesgar la vida”, como una alusión masturbatoria, de “jugar con la piel sobrante del miembro”. Y sobre tu pregunta del radio: no, de ninguna forma voy diario. Voy una vez al mes a hablar de SoHo y recientemente me han invitado un par de veces más a dos estaciones distintas, para hablar de Rabia de vida. Voilá.

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