Arenas blancas.

SAM_1675

Bocas del Toro es una pequeña ciudad ubicada en la Isla Colón, al norte de Panamá, en el océano Atlántico. Llegué allí por azar, ya que en el viaje a ese país encontré a una pareja argentina que iba a ese sitio y, como yo no tenía ningún plan trazado con anterioridad, decidí acompañarlos. No hay mucho para hacer en ese sitio, el cual está totalmente construido con casas de madera y algún edificio que, a lo sumo tiene dos plantas; no hay mucho para hacer allí, decía, sólo disfrutar de las interminables playas de aguas transparentes y arenas blancas. Y eso fue lo que hice, ir cada día a una playa diferente, temprano, y volver al atardecer a ducharme y salir a caminar por la única calle comercial, la que tiene la mitad de sus locales construidos sobre el agua y desde donde llegan y parten las innumerables lanchas que van a cualquiera de las otras islas que rodean a Isla Colón (la mayor) y también al continente. Una de estas islas pequeñas tiene una de las playas más bonitas que he podido visitar; un sitio casi virgen, donde uno puede caminar durante mucho tiempo antes de ver a otra persona y donde si tiene sed toma un coco de los que se encuentran tirados en la arena y bebe de él. Cruzando la Isla Colón, lo cual lleva unos cuarenta minutos en automóvil, se llega a Draco Beach; otra playa casi virgen; y es una pena este casi, ya que si no fuese por los extensos puestos de comidas a lo largo de la más bella de las playas, ese sitio bien podría ser catalogado bajo el clásico término de «paraíso». Algunos de los puestos tiene, incluso, un generador eléctrico, lo cual rompe el silencio que uno, en general, busca. Parece ser que cierta gente no puede vivir sin atiborrarse de cerveza y enormes platos de lo que sea. Me voy, sigo caminando hasta que encuentro un sitio donde no hay nadie, donde el silencio es absoluto, y allí me quedo casi toda la tarde. A unos diez metros de la costa veo, cerca de mi pie, una estrella de mar descansando sobre el lecho de arena. Con una madera la saco con cuidado, la fotografío y la devuelvo con cuidado. Cuando regreso paso por delante de los puestos de comida donde se oye, como si hiciera falta, música de salsa. Sigo caminando por veinte minutos entre palmeras salvajes y lenguas de mar que entran en la isla, cruzo por un improvisado puente construido con dos delgados troncos, parcelas de césped que parece recién cortado y, por supuesto, la inagotable arena. El camino de regreso parece un sueño, y el cansancio, una bendición.

Para ver las fotos en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Anuncios

10 comentarios el “Arenas blancas.

  1. Que belleza… Gracias por compartirlo. Viajando desde casa… 🙂

    Le gusta a 1 persona

  2. Afortunado tu por tener el tiempo y la decisión de seguir a tus conocidos y así poder disfrutar de esos paraísos…,¡no había nada que hacer! ¿Te parece poco disfrutar de la Naruraleza, pasear entre ella y cargarte de energía, sentir la reina en los pies, la brisa….? y tienes razón cuando dices que hay personas que parecen no poder vivir sin “llenarse de cerveza o comida…”, quizás están tan abotargados que son incapaces de ver lo que tienen delante, el paraíso. Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      No fue fácil lograr todo esto Tinteroypincel pero, con toda modestia, debo decir que el tempo y la decisión no fueron un regalo, sino un toma de conciencia muy fuerte y meditada. El único conocido al que sigo es a mí mismo y a mi destino y lamento ser tan torpe como para no poder explicarme mejor y dejar esta verborragia que parece hermana del new-age. Trabajé muy duro para regalarme –luego de toda una vida de aceptar y cumplir las normas de los otros– estos meses y esta libertad. Si te fijas, hay entradas en mi blog como “Wanderlust” o “Despojarse de todo”, que tienen más de dos años y en las que hablo de todo esto. Tampoco estos meses han transcurrido sin contratiempos, pero como digo en esta misma entrada: “…y el cansancio, una bendición”. Todo se transforma cuando haces las cosas que quieres en lugar de hacer las que te ordenan. Sólo hay que atreverse, y eso fue lo único que hice; tal vez ésa sea mi única virtud.

      Un fuerte abrazo.

      Le gusta a 2 personas

  3. danioska dice:

    Me vi haciendo exactamente lo mismo que tú, querido: huyendo del “mundanal ruido” (diría Fray Luis) para buscar el lugar totalmente solo, en silencio, y ahí llenarme los ojos de belleza. Qué privilegio el tuyo estar en ese paraíso y gracias por llevarnos de la mano a acompañarte.
    Tu narración me recuerda un libro que creo haber comentado antes: Beauty and The Soul, que habla de la sed humana por lo bello, de cómo el “alma” (sin connotaciones religiosas: se le puede llamar “ser interior”, “emoción”, “ser creativo” o como se desee) roza la serenidad y la plenitud en contacto con la naturaleza. Así, creo que tu “alma” se habrá saciado por un tiempo. Y eso no es poca cosa.
    Abrazos

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Sé que entre las muchas (muchísimas) cosas que compartimos, ésta es una de ellas y tal vez una de las principales: saber dónde encontrarnos a nosotros mismos; las demás se desprenden de esa soledad y de ese silencio lleno de sonidos, de palabras y de colores. He sido y soy un privilegiado, lo sé, y creo que también puedo hablar en futuro, porque sé que me esperan muchos otros paraísos por descubrir y que estoy en camino hacia ellos. Pero basta ya de este lenguaje pseduo místico (no transmite, creo, lo que realmente quiero decir, pero tengo ante mí a la lectora más inteligente, así que sé que ella leerá entre líneas y sacará el grano de la paja).
      Si nombraste ese libro, no lo recuerdo, pero ya mismo tomo nota y lo busco.
      Abrazos.

      Le gusta a 1 persona

      • danioska dice:

        Así es, querido, nos leemos entre líneas en ese disfrute de la soledad y el silencio. Y sí, también sé que somos privilegiados por ello, por estar a gusto en nuestra piel.
        El libro es muy bueno, lo leí hace años y me hizo mucho sentido.
        Abrazos

        Le gusta a 1 persona

  4. […] Mi intención era la de quedarme en esa ciudad por un día; pero Jaime y Mel seguían rumbo a Bocas del Toro y decidí irme con ellos. Al bajar al puerto, preguntamos dónde estaba la terminal de transporte […]

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s