Lázaro Cárdenas, México

01

La sensación que tuve al llegar a Lázaro Cárdenas fue la de haber ingresado a una sucursal de la paranoia a cielo abierto. Fuimos al sitio donde debíamos dar las clases previstas dentro de la caravana cultural en la que participo y nos encontramos con sólo unas siete u ocho personas que nos contaban, casi al unísono, cómo el resto del grupo se encontraba enfermo de chinconkuiwa (no sé si es correcta la expresión; pero así fue como la escuché). Luego comenzaron a explicarnos de dónde provenía dicha enfermedad: la versión del contagio por medio de la picadura de los mosquitos fue la primera (además de ser la versión oficial); pero de inmediato fue desdeñosamente desechada por todos los presentes y reemplazada por dos o tres del tipo “teoría conspirativa” no demasiado originales: que el mismo gobierno era quien la había esparcido (vaya a saber uno con qué interés) o que había sido un experimento farmacéutico que se salió de control. Incluso alguien acotó haber sabido de un “científico gringo” que andaba por la zona y que tenía la vacuna para dicha enfermedad; pero lamentablemente no puedo recordar cuál fue la razón que se esgrimió para justificar al gringo en cuestión por su ausencia y la de su cura. Al final terminé dando las clases en una locación cercana llamada Guacamayas donde nadie habló de enfermos ni de mosquitos ni, mucho menos, de gobiernos fumigadores o experimentos fallidos. Allí todos parecían vivir muy felices compartiendo el tiempo entre ellos y con otros talleres que se llevaban a cabo en aquel lugar.

DSCN4427Luego, aprovechando que Lázaro Cárdenas se encuentra en la costa oeste de México, es decir, sobre el Océano Pacífico; decidimos, junto a algunos compañeros, ir a la playa. Y otra vez aparecieron los extremos: ¡que no se nos ocurriera ir a Playa Santa Ana o la de Barra de Pichi! La zona ribereña de Lázaro Cárdenas está plagada de cocodrilos y “es tanta la superpoblación que incluso llegan a la playa. Se cuenta que se comieron a dos o tres niños; pero el gobierno no da a publicidad estos hechos para no espantar al turismo… Hoy a la mañana uno mordió a un hombre que salía de su casa y se topó con uno… A veces aparecen en las albercas, ya que hay tantos que se adentran en la ciudad por los desagües…” Bueno, sí; lo cocodrilos existen y es verdad que llegan hasta la playa, pero sólo lo hacen porque la gente, para verlos y fotografiarlos más de cerca, les arroja comida. Nosotros los vimos desde el puente que cruza el río y por allí andan, mirando hacia arriba en la medida de sus posibilidades para ver si “ligan” algo desde las alturas. Son grandes, de eso no hay duda, pero lo demás parece ser pura fantasía. No hay superpoblación ni se andan paseando por las calles de la ciudad. ¿Será que la gente de Lázaro Cárdenas necesita de una alta dosis de fantasía para vivir o tan sólo fuimos nosotros los que tuvimos la suerte de toparnos con el Club del Ácido Lisérgico local?

16

Anuncios

6 comentarios el “Lázaro Cárdenas, México

  1. Shira Shaman dice:

    Gracias por compartirnos parte de tus andanzas, imagino que en cada lugar te vas topando con situaciones diversas, a veces el imaginario popular sobrepasa la realidad, mas sin embargo creo que le da un toque exótico a esos lugares, así es que sigue tomando nota que te darà buen material para cuentos y leyendas populares de México.
    Abrazos cargados de lagrimas de Cocodrilo 🙂

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Lo que dices es cierto Shira; llevo conmigo muchas anécdotas, curiosidades, pareceres propios de cada sitio que han enriquecido mis puntos de vista y la conciencia de que todos y cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. Si alguna vez me golpeo la cabeza y me acostumbro a poner en orden mis papeles, tal vez pueda escribir esos mitos, cuentos y leyendas.

      Un abrazo.

      Me gusta

  2. kaldina dice:

    Oye que divertido… Y que miedo el cocodrilo, pero de lejos divino!!. Frente a lo último que preguuntas ¿Te imaginas lo horrible que sería el mundo si tuvieramos que vivirlo tal y como es?

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Lo fue, Kaldina; cada sitio que visito tiene sus particularidades y encantos y éstos asuntos “delirantes” no dejan de ser una faceta curiosa y muy divertida (sobre todo cuando uno ve la seriedad con la que lo creen). Gracias que tenemos bellas drogas como la literatura y la música para poder sobrellevar el enorme peso de la realidad. Brindemos por ello.

      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

  3. Mariel dice:

    Suerte, casualidad, qué más da, la gente, sus mitos, su paranoia, es parte de su día a día, toda esa argamasa compartida los hace únicos, abracitos viajeros

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Sí, de acuerdo contigo, Mariel; esas características los hacen únicos e irrepetibles y no por eso dejan de ser encantadores. Está bien, como buen racionalista que soy no puedo dejar de decir que abusar de estas características puede llegar a ser peligroso.¡Hay tantas otras cosas que nos pueden volver encantadores a los ojos de los demás! No me agrada mucho la paranoia; pero un poquito de desconfianza, al menos en un primer momento, nunca está de más.

      Abrazos viajeros.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s