La cosa más deseable, según Susan Sontag

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Hoy, luego de una charla sobre la costumbre de llevar un diario y sobre la utilidad y el encanto de éstos, busqué estas notas de la entrañable Susan Sontag; uno de esos autores que se me hace imprescindible revisitar cada tanto. Según su hijo, los diarios de Susan Sontag no eran unos diarios al uso: la autora los usaba como libro de anotaciones sobre ideas, listas, propósitos… Es decir que Sontag entendía los diarios como una bitácora donde todo tenía cabida y lugar; lo cual es el modo correcto de llevar un texto de estas características (en inglés, además, hay una distinción extra entre el Diary y el Journal, términos ambos que nosotros traducimos, a falta de términos más precisos, como diarios).

“Creo que…

(A) Que no hay dios personal o vida después de la muerte
(B) Que la cosa más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, Honestidad
(C) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia
(D) Que el único criterio de una acción es su efecto último en hacer a la persona feliz o infeliz
(E) Que está mal privar a un hombre de la vida [comentarios ‘f’ y ‘g’ están desaparecidos.]
(H) Creo, además, que un Estado ideal (además de ‘g’) debe ser de carácter fuerte y centralizado con control gubernamental de servicios públicos, bancos, minas, transporte + y subvenciones de las artes, un salario mínimo satisfactorio, ayuda a los discapacitados y anciano[s]. La asistencia del Estado a las mujeres embarazadas sin distinciones como las de hijos legítimos + ilegítimos”.

Con estas palabras extraídas de su diario personal Susan Sontag apuntaba ya -a la edad de 14 años- su pasión por la listas. Unas listas que escribía meticulosamente sobre todo lo que tenía que leer, escuchar, intentar o evitar ser… y en las que ya podía observarse su innegable apego a la transformación personal, a su propia auto-revisión y a un carácter estricto en cuanto a cómo quería desarrollarse y quién pretendía ser. “Honestidad” e “inteligencia” fueron dos de los vocablos más mencionados en sus discursos y, tanto en sus textos como en su implicación social, Sontag demostró ambas cualidades en cada acción emprendida. De allí que se haga imprescindible, entonces, volver una y otra vez a sus palabras.

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18 comentarios el “La cosa más deseable, según Susan Sontag

  1. ¡Vaya!, resulta que mis agendas y diarios se parecen a los de esta señora…! claro que yo no soy famosa.

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    • Borgeano dice:

      Por lo visto somos varios. Lo más lindo de los diarios –sean de famosos o no, como los nuestros– es la capacidad de incluir todo lo que se nos ocurre: desde ideas (algunas de las cuales nunca llevaremos a cabo), notas, observaciones, etc. en ese sentido son un auténtico baúl de recuerdos.

      un abrazo.

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  2. Veronica dice:

    Y ahí estás vos agregándome una razón más para amar/admirar a S. Sontag.

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  3. danioska dice:

    La Sontag, que nos ha dado tanto motivo de conversación, vuelve a aparecer por acá y lo celebro. Eso de “la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia” me suena al credo que quiero sostener hasta que me muera. Los demás puntos son buenos y coincido con ellos, pero ese se lleva las palmas. ¡Y tenía 14 años! Te decía algo similar ayer: a los 19 años, Dylan Thomas tenía una claridad apabullante sobre la poesía. Uno se siente tan tan chiquito, pero agradece que ellos existan y pueda llenarse la mente de ellos.
    Abrazo

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    • Borgeano dice:

      Supongo que Sontag seguirá apareciendo a pesar mío, de ella y de todos los demás. Volver a ella me resulta casi inevitable; encontrarla al azar es siempre un motivo de alegría, así que no creo que todo esto vaya a cambiar. Es cierto, pensar que ella escribía estas cosas a los catorce años me deja sin aliento (aunque, modestia aparte, me gustaría tener algo escrito por mí a es edad ¿quién sabe? El recuerdo más antiguo que tengo sobre mi rebeldía ante dios, por ejemplo, es de los ocho años, cuando me negué a tomar la confirmación ya que yo “no entraba alas iglesias”; luego a los once me negué a ser padrino de uno de mis sobrinos por el mismo motivo. Y a Nietzsche lo conocí a los trece, así que tal hubiese algo de valor por allí). volviendo a ese tema de ayer, sí, no deja de ser una suerte el poder acceder a esas mentes maravillosas y alimentarnos de esas muestras de genialidad.

      Abrazos.

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      • danioska dice:

        Hubiera matado por ver la expresión inteligente y no exenta de orgullo de aquel Borgeano niño. Y luego de ese otro que se codeaba con Nietzsche. Busca, busca, capaz que algún texto de entonces sobrevivió. Yo no recuerdo recuerdos tan notables, ja. Es más, a mis 11 me gustó un sacerdote delgado, casi alado, de modo que insistía en ir a misa con frecuencia, para verlo. Me parecía el colmo de la belleza. ¿Crees que aplique? =)
        Abrazo

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      • Borgeano dice:

        Lamentablemente, D.; sé que nada ha sobrevivido. Una constante a lo largo de mi vida has sido la de seguir adelante dejando todo detrás mío; “quemar las naves”, como se dice habitualmente. Ahora me encuentro, por ejemplo, con que me piden relatos o poemas para publicar y recuerdo que quedaron en mi último divorcio cientos y cientos de páginas (más libros, efectos personales y demás). E fin, que sin duda me gustaría mucho eso, pero a no ser que consiga inventar la máquina del tiempo, no creo que eso vaya a ser posible. Lo tuyo vale, claro que sí ¿Te has dado cuenta de que ambos recuerdos marcan ya una tendencia a lo que somos hoy? Interesante…

        Un fuerte abrazo.

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      • danioska dice:

        Una lástima, por cierto. Ahora que hablamos de esto me acuerdo de una idea de escritura que por falta de tiempo no alcancé a concretar: se me ocurría intentar escribir un mismo tema desde distintos personajes míos reales e inventados, es decir, desde la Julia de 10 años, la de 17 (cuando muere mi papá), la de 70, la que nació en otro país, la que fue hombre, etc. Es decir, desde mi “yoeidad imaginada” (¡cuánta creatividad la mía!). Creo que sería interesante. O no, ja. Y en cuanto a mi infatuación (te digo, amanecí lúcida), sin duda la historia del curita ya apuntaba a varias líneas de quien soy, sí.
        Abrazos

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      • Borgeano dice:

        Me parece una idea estupenda, Julia. Será cuestión de comenzar a tomar notas, escribir algún capítulo para ver cómo funciona, etc. Creo que es una idea muy, muy buena. Yo, como bien sabes, no podría escribir nunca una historia así. Ponerme en la piel de mi yo del pasado (aún el de hace poco, digamos tres años atrás) me resulta horrorosa.
        “Disculpe, vecino ¿para dónde queda el futuro?” “Para allá” ¿Para allá? Perfecto, muchas gracias” Y para allá voy, nomás.

        Abrazo.

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      • danioska dice:

        No estoy segura de que “no puedas escribir nunca” una idea así, es decir, entiendo que no quisieras publicarla ni darla a lectura, pero ¿que no puedas escribirla? Jamás. Me extraña que usted diga cosas así de limitantes…

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  4. isabelmihermana dice:

    Hola Borgeano:
    Espero estés bien tiempo sin pasar por aquí.
    Estupendo post y yo ahora te digo en mi lista de prioridades siempre esta la B
    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      ¡Hola! Qué gusto verte por aquí!. Como verás, mis entradas han sido muy aleatorias; mis tiempos son raros y no siempre me permiten estar aquí tanto como quisiera. Sigo recorriendo México, sigo pensando, sigo disfrutando mucho.

      Un fuerte abrazo

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      • isabelmihermana dice:

        Pus sigue hombre afortunado, por cierto publiqué una buena película de Buñuel de su etapa en México. Que envidiaaaaaaaaaaaaa

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  5. Shira Shaman dice:

    Me dejó impresionada la claridad del pensamiento de Susan a tan corta edad, yo no he sido fiel a la escritura de un diario, mas bien en mis libretas tomo notas y breves pasajes de lo que me va aconteciendo, al releerlos vuelvo a recordar momentos y entonces puedo analizar las cosas a la distancia. Te agradezco esta entrada, particularmente ahora, creo que la escritura me permitirá centrar mis pensamientos, una pluma y libreta seran mis confidentes. Cariños 🙂

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    • Borgeano dice:

      Claro, cada cual usa las herramientas que más utilidad pueden ofrecerle, eso es seguro. De todos modos, comenzar un diario, aunque sea como un ejercicio, no deja de ser una buena idea. Los diarios tienen características que exceden al mero acopio de datos o recordatorios; el mismo hecho de escribirlos hacen que uno tome conciencia de lo que ha vivido con mayor profundidad e intensidad. Claro está; una libreta de apuntes sirve (¿no podría ser considerada como un diario, también?).
      Y Sontag… qué decir, para mí es una delicia compartir con ella una tarde.

      Abrazo.

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