Elogio de la fragmentación

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Tomo un libro, leo unos párrafos, lo dejo a un lado. Tomo otro, leo un par de poemas o un ensayo, lo dejo a un lado. Tomo un tercero y hago lo mismo. Tal vez un cuarto. En este momento hay cuatro libros diferentes en mi mesa de noche y otros tanto en la mesa donde suelo sentarme a escribir. Hay también revistas de literatura y unos cuantos fanzines de poesía. Lo mismo, casi, hago con la música, salvo que la música que escucho últimamente es así: carente de toda estructura repetitiva. Esto ha sido así a lo largo de mis últimos dos o tres años; y la verdad es que no está nada mal. Extraño, es cierto, ciertas lecturas “corridas” o, mejor dicho, la capacidad de poder leer de manera “corrida” (de todos modos leo, cada tanto, algún libro de forma completa, pero en general esto no es así; nada es tan terminante, por fortuna). Acceder al arte de manera fragmentaria tiene sus ventajas. Siempre he tenido la capacidad de poder relacionar cosas de ámbitos distintos o de enlazar citas o fragmentos disímiles dentro de una misma disciplina; esto es algo que me gusta mucho y veo que el acceso fragmentario a las lecturas ha potenciado. Así es que al leer un ensayo o un poema o un capítulo de una novela y saltar inmediatamente a observar un cuadro y de allí a una pieza de música y de allí a lo que sea que fuere a seguir, hace que las relaciones se potencien a un nivel que a veces llegue a sorprenderme. No creo que esto se deba a ninguna característica especial de mi persona; si así lo creyera no estaría hablando de ella; por el contrario, creo que esto se encuentra al alcance de cualquiera. Sólo hace falta un buena memoria (lo cual también puede entrenarse y mejorarse) y cierta capacidad de atención, sobre todo a los detalles.

Que esto me guste a mí, claro está, no significa nada. Que esto me produzca un enorme placer, tampoco. Es todo tan subjetivo… a mí me gusta el helado de dulce de leche, tal vez a nadie más le guste, tal vez sí. Escucho una canción y un fragmento me recuerda a un cuadro; leo un poema y me veo parado, de siete u ocho años de edad, en la Plaza Rocha, en Mar del Plata; leo un ensayo filosófico y puedo enlazarlo con un reportaje leído hace años en una revista olvidada que encontré en una sala de espera. Como si fuesen las hojas de un árbol en constante movimiento, las ideas van y vienen mientras oxigenan el ambiente y hacen de este pequeñito mundo un sitio más interesante y más entretenido de ser vivido. Cuelgo mi hamaca a la sombra y me dispongo a consentirme esperando que a alguno de ustedes también les guste el helado de dulce de leche.

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11 comentarios el “Elogio de la fragmentación

  1. Esa capacidad de unir fragmentos a priori deslavazados y contarlo con la facilidad que tú lo haces creo que está al alcance de muy pocos.
    Mi incapacidad memorística me alejan de brillar como tú en la fragmentación, soy bastante olvidadizo, aunque lo disfruto en el momento que sucede; disfruto que una imagen me lleve a un poema y ese a una canción y así de un lado a otro… pero luego ya pasados esos momentos, no me pidas dos días después que te haga ese recorrido para contártelo como fue.
    Tengo que entrenar más la memoria. 🙂
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Creo, Alberto, que es una cuestión de práctica. Ahora que lo pienso (y que releo la entrada, ya que al no disponer de red debo dejarlas programadas) tal vez todo se deba a que esto comenzó de manera casual y que la práctica casual fue formando el hábito. Más allá de cómo haya comenzado todo, eso está aquí y doy gracias por ello; sigue pareciéndome algo fascinante. También doy gracias por tus palabras siempre demasiado amables.

      Un abrazo.

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  2. María dice:

    Para mí está claro que no soy una maestra de la defragmentación, pero sí te puedo decir que estoy en ello. Tres o cuatro libros me rondan siempre, porque aunque soy capaz de leer uno “de corrido”, me he dado cuenta que disfruto más pasando de un género a otro e incluso ligando lo leído. Tú le has puesto palabra… defragmentación 😉 😉
    Y ahora te envío un gran abrazo apurando un buen helado de dulce de leche, que tengo que decirte que es uno de mis favoritos.

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    • Borgeano dice:

      ¡Bien por lo del helado! (ya que estamos dando vueltas las cosas, empecemos por el final). Me alegro no ser el único delirante, María; a veces creo que soy el único que hace ciertas cosas (y tal vez lo sea,en algunos casos). hay un enorme disfrute en ello, no me cabe ninguna duda e, incluso creo que se abren nuevas puertas interpretativas. Insisto: me alegro compartir con alguien estos delirios.

      Un fuerte abrazo.

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  3. danioska dice:

    Te leo y sonrío. Me encanta esa capacidad tuya de conectar cosas que aparentemente no pertenecen al mismo registro. No creo, sin embargo, que se deba a la fragmentación sino tu curiosidad innata, memoria, cultura y capacidad de arriesgarte. Así, celebro la fragmentación de tus lecturas y escuchas. Sigue saltando de aquí para allá. Nosotros salimos ganando.
    Abrazos des madrugados

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    • Borgeano dice:

      Es un buen punto, D.; sobre todo cuando lo separas en esos cuatro ítems (¿Viste cómo nos cambia el tiempo? No hace mucho tiempo te enojabas porque no sabía recibir un halago, ahora me apropio hasta de los que me dejan así, como al pasar). Fuera de broma; lejos de querer hablar de mí, sólo comparto unas notas sobre algo que me parece muy rico, interesante y que creo que todos compartimos, en menor o mayor grado. Seguiré saltando, sin duda alguna y si logro compartirlo con ustedes, la ganancia será compartida y general. Lo que se dice: un negocio redondo.
      Gracias por tus palabras.

      Un fuerte, fuerte abrazo.

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  4. Rosa Ave Fénix dice:

    Pues no eres el único, ya que yo también lo hago muchas veces… es un poco aburrido (no se si cuaja bien la palabra), el estar haciendo lo mismo durante horas. Un refrán “En la variación está el gusto”, las mujeres somos famosas se dice que podemos hacer varias cosas a la vez, pues aqui sale tu parte femenina que todos los hombres teneis (cosa que más de uno diría…Yo no!). jajaja… cuando nos tomamos un helado de leche????

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    • Borgeano dice:

      Creo que la palabra “aburrido” encaja a la perfección. Es lo que siento a menudo cuando debo abocarme demasiado tiempo al mismo tema. Eso es lo que me llama la atención, ya que hasta no hace mucho no era en absoluto así. Por suerte esto que me sucede ahora es algo que disfruto muchísimo, de lo contrario estaría en problemas (no disfrutando lo que hago y no pudiendo concentrarme tampoco, eso sería un desastre). Pues con respecto a lo que dicen (o dicen) de las mujeres, pues creo que es cierto. A veces son asombrosamente polifacéticas; así que felicidades por ello (eso es igual que la capacidad que tienen para dar a luz ¡Doy gracias que no me tocó eso!).

      Un abrazo enorme, Rosa.

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  5. ¡Hola, Borgeano! ¡Hola después de tanto tiempo! Me reconozco en tu texto. Los libros que se me acumulan por todas partes lo atestiguan. Debo reconocer que esto no me tiene tranquilo. Antes era de los que leían de cabo a rabo y a lo que sigue. Ahora me es imposible… imposible. Al grado que he dejado de leer novelas, textos de largo aliento. Mi mundo se ha “reducido” a los ensayo, a lus cuentos y, ocasionalmente, a la poesía. Yo no creo estar tan seguro de que esto sea bueno.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Estimado Enrique, un gusto tenerlo por aquí. Le cuento que ando con problemas de red (de hecho: no tengo) y que dejo las entradas programadas en cuanto puedo conectarme. Estoy de acuerdo contigo en que eso, tal vez, no sea lo mejor que puede pasarnos, pero yo hacía referencia al poder encadenar una cosa con otra disímil (o no); no al acto de no poder leer “de corrido”. Eso sí, a menudo, me sabe mal, porque sí quisiera leer una novela, por ejemplo, pero luego de unas cuantas páginas, paso a otra cosa. Lo que sí me parece maravilloso es eso de que las relaciones se disparan de manera exponencial y ello sí está potenciado por la lectura fragmentaria. ¿Será que estamos siendo víctimas de esta modernidad que obliga a que todo sea rápido y fugaz? Espero que no.
      ES un gusto volver a verlo por aquí, Enrique. Le mando un fuerte abrazo.

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