El sentido estético de las abejas

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Fuzzy Bee, por Delilah Smith

Viendo un documental sobre el gran Richard Feynman, me encuentro con la siguiente historia del científico norteamericano quien, fiel a su costumbre, de todo hecho hace surgir preguntas y más preguntas en una cadena interminable. También nos enseña a ver las cosas de manera diferente y, sobre todo, a no considerar a nuestros modestos puntos de vista como fines últimos o como verdades absolutas. Es algo común oír hablar de “la sencillez de los grandes”; en este documental Feynman lo muestra y lo demuestra. La sencillez con la que explica todo, la constante sonrisa en su rostro, el placer que siente al compartir conocimientos, la tranquilidad con la que habla; todo es una notable muestra de paz interior y de empatía hacia quien se está dirigiendo; y ésa es otra enseñanza añadida.

Tengo un amigo que es artista y a veces toma un punto de vista con el que no me puedo poner de acuerdo. Él sostendría una flor y diría: “Mira lo bella que es”, con lo cual yo estaría de acuerdo.Y me dice: “Yo, como artista, puedo ver qué tan bella es; pero tú, como científico, la desarmas completamente en algo aburrido”. Y yo entonces pienso que él está un poco loco. Antes que nada, la belleza que él ve está disponible para otras personas y para mí también. Creo que, aunque mi gusto no sea tan refinado como el de él, puedo apreciar la belleza de una flor. Pero al miso tiempo veo mucho más de la flor de lo que él ve. Puedo ver las células en ella, las acciones complicadas, esas cosas que también tienen belleza. La estructura interna, los procesos, el hecho de que los colores de la flor evolucionan para poder atraer insectos al polen de ésta; lo cual es interesante porque significa que los insectos pueden ver el color; lo cual nos lleva, a su vez, a una interesante pregunta: ¿Acaso este sentido estético existe en formas menores? ¿Por qué sucede esto? Toda clase de preguntas interesantes en las que el conocimiento científico sólo añade a la excitación y forma de observar una flor; sólo añade, no entiendo cómo puede restar.

Richard-Feynman-cornell

 

16 comentarios el “El sentido estético de las abejas

  1. Rosa Ave Fénix dice:

    Realmente nada en el mundo como la Naturaleza, casi nunca nos paramos en mirar detalladamente y no sólo un momento, sino todo el que fuese necesario, las flores, pájaros, árboles… esas maravillas que tenemos tan cerca y parece no las apreciamos. Tendriamos que hacerlo con más frecuencia y ésto se lo aconsejaria muy especialmente a esos cuatro que “dicen” rigen el mundo y lo que hacen es destrozarlo. Como medida terapeútica, muy en especial a ese puñado, les aconsejaria o mejor dicho, les obligaría, al menos durante una hora que no hiciesen nada más que comtemplar la belleza que nos rodea.
    Abrazo y beso delo más natural…

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    • Borgeano dice:

      Veo que tu optimismo es a prueba de balas, Rosa; el mío no es tan fuerte, entonces me limito a observar ese entorno natural yo mismo antes de que lo destruyan por completo. El mundo natural es siempre una fuente de sorpresas maravillosas y es mucho más entretenido que la TV. También deberíamos enseñárselos a los niños en lugar de que anden todo el día con la nariz en una pantalla de TV o de computadora. A veces he visto casos donde la gente mira en una pantalla lo que tiene naturalmente frente a los ojos. Eso me parece el colmo de la esquiizofrenia.
      Un beso naturalísimo y darwiniano (es decir, que evoluciona con el tiempo).

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  2. Estoy totalmente de acuerdo, además en esos casos el saber científico abunda en apreciar con mayor énfasis la belleza por sumar un punto de vista aún más interesante, al entender el porqué de esa belleza. Se tiende a pensar por muchos -sobre todo artistas- que cuando la mirada es más inocente -léase aquí, menos instruida- se aprecian o disfrutan las cosas de manera más verdadera y satisfactoria

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Hace rato que quiero escribir sobre la enorme apoyo que a tenido el hombre vulgar, sobre todo en el siglo que pasó. Cuando dices algo que tiene una base culta o medianamente culta enseguida salen los defensores de la mediocridad acusándote de elitista; “habla sencillo” o “Dímelo de un modo que pueda entender” son expresiones que consideran válidas cuando lo único que hacen es poner en evidencia su desconocimiento y su nulo deseo por aprender. La ciencia es una de sus víctimas favoritas; como no es sencilla de entender, enseguida se burlan, la etiquetan y la colocan en un estante que les queda cómodo. “Esos científicos se creen que lo saben todo”, Etc. Aprender de ciencia es genial para poder mirar todo con nuevos ojos, aunque sea divulgación científica, claro está, porque es imposible que aprendamos todo lo que se sabe en este campo; pero con un poco alcanza para empezar a maravillarse.

      Un abrazo.

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  3. Ya que citas las flores, has observado como, por ejemplo, la flor del girasol se desarrolla según la serie de Fibonacci. En la naturaleza existe el orden matemático. En la morfología externa es donde más se aprecia.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Sin duda, Xabier, y eso no deja de maravillarme. La serie de Fibonacci es una de las más bellas y entretenidas para los aficionados. Yo siento una profunda fascinación por la matemática y alguna vez intenté subir algunas entradas jugando con ellas, pero en general se creaba tal confusión que dejé de hacerlo. Siempre que salgo a caminar o a cualquier sitio llevo conmigo una libreta para tomar notas; entre sus páginas llevo también un pequeño rectángulo de acetato donde dibujé un rectángulo con las proporciones áureas y constantemente lo uso para ver dónde encuentro estas proporciones (con no pocas miradas de extrañeza de quienes pasan a mi lado). Entrar al mundo de la matemática es maravilloso y es algo de lo que uno nunca se arrepiente.

      Un abrazo.

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      • Mi último poemario lo escribí inspirado en la serie de Fibonacci. Dentro de la serie se pueden encontrar más secuencias donde se cumple la misma proporción. El libro lo dividí en tres partes, el primero siguiendo la serie normal, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55… El siguiente utilizando el cuadrado de cada número; 1, 1, 4, 9, 25, 64, 169…Y el tercero con la suma de los cuadrados; 2, 6, 15, 40, 104… A cada poema le asigné el número de versos que le correspondía según el orden del poemario y según la serie Fibonacci. El libro lo titulé: “El oráculo de Pitágoras”. En el blog no he subido ninguno porque el libro está concebido como una unidad múltiple (sí, mis paradojas zen… ¿si todo se reduce a la unidad, a qué se reduce la unidad?) y por separado sería difícil de entender.
        Siempre me ha apasionado la parte más abstracta de las matemáticas. Y las paradojas…
        Me parece genial lo que cuentas sobre tus salidas con el rectángulo con las proporciones áureas. La proporción áurea está esperando en cualquier rincón…

        Un abrazo

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      • Borgeano dice:

        Es interesantísimo esto que me cuentas, Xabier; he conocido algunos casos –no muchos, por cierto– de artistas que han usado la serie de Fibonacci para crear sus obras (uno que recuerdo ahora es el de Tool, banda de rock alternativo que suele usar funciones matemáticas o referencias científicas a la hora de componer). También recuerdo algún ejemplo de escultura fractal o podemos traer aquí al gran Dalí y sus conceptos atómicos (y ni hablar de su uso de la relación áurea). Yo estoy trabajando en un proyecto relacionado con la música y la matemática, el cual me está llevando un poco de trabajo. Espero tener algún resultado preciso antes de poder hablar de él (si mi hipótesis está equivocada todo será un pequeño ridículo). ¡Las paradojas! Gran tema. Uno de los problemas que me gustaría resolver (alguna vez pensé que lo había hecho; pero siempre hay uno que te pincha el globo. De todos modos no creo estar muy lejos). Ahora estoy leyendo por n-ésima vez Gödel, Escher. Bach; ese maravilloso libro de Douglas Hofstadter, el cual te recomiendo si no lo has leído ya.

        Un fuerte abrazo y perdón por la demora en responder.

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      • Gracias por los datos. Miro a ver si encuentro el libro de Douglas. ;-))

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  4. Todos los puntos de vista son necesarios, interesantes y complementarios ¿por qué excluir unos u otros? Saludos.

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    • Borgeano dice:

      El conocimiento nunca está de más, llegado el caso uno puede dejarlo de lado ¿no? Es decir, uno puede degustar de una sinfonía sin necesidad de analizar cada uno de sus detalles; pero saber analizar esos detalles suma, y mucho. Quienes, por otra parte, no poseen esa capacidad de análisis, nunca podrán acceder a esos niveles de saber. Creo que no hace falta más prueba que esta.

      Un abrazo.

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  5. Debieran educarnos para entender lo bello y advertir ese vínculo que existe entre dos segmentos pertenecientes a una misma recta, buscar lo “bello ideal” a través de la palabra, es mi búsqueda. Pero ese tipo de perfección donde el artista crea su obra, no es creíble, porque no nos educan para que aprendamos a ver, el objeto, la naturaleza, casualmente nos encontramos con ello, de una forma empírica, platónica… ¿Pero qué es lo bello? Es un tema tan amplio, tan hondo… Me dejas pensando. Gracias. Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      El tema de la educación es importantísimo, Julie; hoy se educa para la practicidad, para que los futuros adultos cumplan un rol determinado en la cadena de montaje y nada más, quitándole a la gente la posibilidad de acceder a ese aspecto tan necesario en toda vida como es el arte y el conocimiento. Quienes intentamos plasmar un trabajo artístico bien sabemos de las dificultades que ello conlleva, pero lejos de renunciar a él terminamos considerando a esa dificultad como una forma de placer en sí misma. Y luego, aprender, saber cada día más es lo que nos diferencia de las bestias (y me refiero a las bestias humanas, nada más).

      Un abrazo.

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  6. Sí, al doble animal humano… Muy de acuerdo contigo. Un abrazo.

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  7. […] Richard Feynman fue uno de los científicos más notables del siglo XX. Es maravilloso leer uno de sus libros o adentrarse en una de sus entrevistas; de ese contacto uno siempre sale enriquecido y mejorado. En The Fantastic Mr. Feynman, uno de los muchos documentales que tratan de su vida, Feynman cuenta cómo fue educado por su padre: “Mi padre me sentaba en su regazo y me leía la enciclopedia británica, y leía, por ejemplo, sobre los dinosaurios. Decía algo así como: «Estos tenían unos veinticinco metros de alto y su cabeza tenía unos seis metros de ancho» y ahí él se detenía y decía: «Veamos qué significa eso. Eso significaría que si estuviese parado en el patio delantero, podría meter la cabeza por la ventana del primer piso; aunque se cabeza no cabría porque es demasiado ancha…». […]

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