Apenas una cosa entre las cosas.

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Todos conocemos los muchos símbolos que Borges gustaba usar en sus textos, esos que fueron un verdadero conjunto de símbolos muy personal en su obra: el doble, los tigres, los relojes de arena, las espadas, los naipes y el que tal vez sea el símbolo borgesiano por excelencia: el laberinto. En la provincia argentina de Mendoza existe, desde hace doce años, un verdadero laberinto dedicado al escritor argentino. El Laberinto de Borges está ubicado en la Estancia Los Álamos de San Rafael.

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Estancia Los Álamos. Entrada al laberinto

En 1979 al consagrado diseñador de laberintos, el inglés Randoll Coate  diseñó un laberinto en homenaje al escritor argentino. Randoll Coate había conocido a Borges en 1957, a través de una amiga en común, la escritora Susana Bombal, propietaria de la Estancia Los Álamos donde  Borges y su hermana Nora solían pasar algunas vacaciones. Coate cuenta cómo cinco años antes de la muerte de Borges tuvo un sueño en el que Susana Bombal lo llamaba para anunciarle que su amigo escritor  había muerto. En su sueño Coate le propone a Susana recordar a Borges con uno de sus diseños. Ambos, la escritora y el diseñador compartían esa fascinación por los laberintos y sus símbolos.

«Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros», escribió Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan. En 1986 el escritor  muere y Coate termina el diseño de su laberinto. Pasarían 25 años para que un sobrino nieto de Susana, Camilito Aldao (h), al enterarse de la existencia del dibujo, junto a María Kodama y el paisajista Carlos Thays (nieto del creador del parque San Martín) iniciaran un plan para construirlo. Pero el proyecto no vio la luz sino hasta 2003.

El laberinto cuyo diseño mantiene las indicaciones de Coate ocupa una superficie de casi una hectárea, y está formado por más de 8.000 arbustos de buxus. Dentro de este se encuentran muchos de los símbolos de los que hablé al inicio de la entrada: el espejo, el reloj de arena, la cara de un tigre, el bastón de un ciego y hasta la cinta de Moebius. También se puede leer el nombre y apellido del escritor, las iniciales de su viuda. Tiene, al mismo tiempo, la forma de un libro abierto al universo.

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Randoll Coate explica: «El laberinto es un libro abierto, este es el primer símbolo borgeano. Después dice “Jorge Luis Borges”, con las letras en el mismo orden, es un truco maravilloso, una gran revelación y una casualidad que se llamara “Jorge” y se apellidara “Borges”. Después dibujé la imagen del espejo, que es algo milagroso, porque ves lo mismo pero en realidad no es lo mismo sino lo opuesto. El elemento del tiempo es muy importante, yo pensé cómo uno podría describir el tiempo en un laberinto, y me di cuenta que las dos “O” del Borges de arriba y del de abajo formaban un reloj de arena perfecto y ese es sin dudas el mejor símbolo para medir el tiempo, y además es totalmente borgeano. El de arriba es un 8 y el de abajo un 6, y ahí está la duración de su vida: 86 años, en las arenas del tiempo. La S extendida de abajo forma un gran signo de interrogación y ese es otro de los grandes símbolos de Borges, sus misterios, sus enigmas y todo lo inexplicable que hay en su obra».

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El mismo diseño posee dos réplicas: una en Tigre (Buenos Aires) y otra en Venecia (Italia), que en el momento de su inauguración se iluminó al mismo tiempo que la de la Estancia Bombal.

En este momento el laberinto se encuentra en una etapa de mantenimiento; pero lo anoto como otro de los puntos para visitar en algún momento. Tal vez dentro de algunos años…

23 comentarios el “Apenas una cosa entre las cosas.

  1. Javi-k dice:

    No conocía de la existencia de este laberinto. De hecho he leído muy poco de la obra de Borges, algo que tendré que solucionar en breve me temo.

    Un saludo y buena e interesante entrada.

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    • Borgeano dice:

      Borges es un escritor indispensablle, aunque por momentos no es sencillo de leer (En realidad es engañoso: es sencillo en su forma de expresarse, no lo es en cuando a la profundidad de sus textos). Tal vez podria probar con cuentos como Emma Zunz, Las ruinas circulares o El evangelio según San Mateo. Si te gustan eso podrías continuar a partir de allí; y si no ¡no hay problema! La literatura es un campo vasto e inagotable, ya encontrarás a tu escritor adecuado.

      Un abrazo.

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  2. Estuve un año viviendo en Mendoza sin conocer este lugar. Un año en el que hice una ruta por Buenos Aires persiguiendo a Borges y resulta que tenía esta joyita al lado. Tendré que volver.

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    • Borgeano dice:

      «Siempre se escapa lo esencial» escribió el maestro. Si pasas por Mar del Plata no dejes de visitar Villa Victoria (uno de mis sitios preferidos de esa ciudad). Allí Borges pasó muchos veranos, también, y escribió cuentos como Las ruinas circulares (incluso en la ediciones impresas dice, al final, Mar del Plata, 1944) y fue viendo los jardines de esa casa donde se le ocurrió El jardín de senderos que se bifurcan.
      Estoy seguro de que cuando pases por allí (Mendoza o Mardel) nos dejarás tus impresiones en tu blog ¿no?

      Un abrazo.

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  3. Rosa Ave Fénix dice:

    Qué maravilla!!!!!! Ni idea de esta preciosidad, si algún dia tuviese la gran suerte de ir a Argentina… palabra que lo visitaba!!!!! Gracias y un abrazo de laberinto que no supiésemos donde se cruzaban los brazos!

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  4. Me encantan los jardines, pero sería una gozada adentrarse en el laberinto, su interior, aunque no se encontrara la salida, ni tampoco el centro, visitar este lugar, sí, sería maravilloso. Lo desconocía, gracias por hablarnos de ello. Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Además de todo esto, Julie, la provincia donde se encuentra es una de las más bellas de la Argentina. Se encuentra al pie de la cordillera de lo Andes y es la mayor productora de vinos y, claro está, uvas. Así que hay varios motivos para visitar ese lugar.

      Un abrazo.

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  5. María dice:

    Me gustan los laberintos porque son como las incertidumbres! Adonde nos llevará, y el principio, y el final y la perdida?
    No conocía la existencia de este laberinto tan rico en simbolismos. Sería estupendo tener la oportunidad de verlo. Quizá algún día.
    Gracias por estas joyitas que nos descubres, Borgeano.
    Un abrazo tan largo como un laberinto.

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  6. gerardofarra dice:

    Maravilloso. Hay que ir a visitarlo. Gracias por compartir esto. Me has hecho el día.

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  7. Shira Shaman dice:

    Hermosa entrada y fotos; la vida misma es a veces como un laberinto, nos brinda oportunidad de encontrar nuevos caminos y razones para seguir explorando; siendo así, brindo por mas descubrimientos como el que nos muestras hoy; Besos querido Borgeano. 🙂

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  8. danioska dice:

    Ay, los laberintos son una de mis pasiones desatendidas. Ojalá algún día tenga cabeza y tiempo para regresar a ellos. Mi tesis de licenciatura fue, en gran medida, una investigación literaria e iconográfica de los laberintos desde el punto de vista de la semiótica: sus orígenes clásico, sus transformaciones y resignificaciones (como su inclusión en catedrales católicas), la muy fuerte carga simbólica de sus elementos (Teseo, el Minotauro, Ariadna, el hilo, las circunvoluciones, la muerte) y los ecos que fue dejando a lo largo de los siglos. Ese trabajo fue un viaje total, lo disfruté como no te imaginas.
    Este laberinto no lo conocía, gracias por presentármelo. Por lo pronto, ya me puse muy nerviosa por querer conocerlo.
    Abrazo.

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    • Borgeano dice:

      ¡Pues mira que nunca habíamos hablado de ese placer compartido! Los laberintos son un fascinante objeto/símbolo/juego. He diseñado muchos ya que a mis hijos les gustaba que yo se los hiciera en el momento para así ellos resolverlos (en lugar del clásico «dibújame un gato» en mi caso era «dibújame un laberinto»). La enorme carga simbólica y la ubicuidad de ellos a lo largo de la historia y de las civilizaciones los hacen aún más interesantes. Hay también algunos laberintos lógicos, pero mejor o entro en ese tema, quedémonos con los clásicos, que con eso hay material suficiente.
      Pues somos muchos ¿no? Podríamos encontrarnos en Mendoza en cualquier momento.

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