El centro de todos los mundos.

canetti1
En 1912, cuando tenía siete años, el padre de Elías Canetti —Premio Nobel de Literatura 1981—, murió de manera fulminante, poco antes de cumplir 31 años. Acababa de visitar a sus pequeños hijos en su habitación y había bromeado con el menor de ellos. Luego bajó a desayunar. Al rato se escucharon unos gritos espantosos, y Canetti quiso saber qué pasaba. “Ante la puerta abierta del comedor, vi a mi padre tirado en el suelo”.
Confesó que, desde ese momento, la muerte de su padre se convirtió “en el centro de todos y cada uno de los mundos por los que iba pasando”.  Tiempo después refería otro episodio que también tuvo que marcarlo de manera drástica. Tuvo, en los meses siguientes a ese terrible episodio, que dormir en la cama de su madre, que no dejaba de llorar. “No podía consolarla, yo hacía todo lo posible, pero era inconsolable. Cuando se levantaba para acercarse a la ventana yo saltaba de la cama y me ponía a su lado. La rodeaba con mis brazos y no la soltaba. No hablábamos, estas escenas no se desarrollaban con palabras. Yo la sujetaba muy fuerte, y si se hubiera tirado por la ventana habría tenido que arrastrarme con ella”.
En la cultura popular es la madre el centro de todas las miradas; pero historias como éstas que narra Elías Canetti siempre me hacen pensar en el enorme peso que tienen las figuras paternas, las cuales se notan mucho más en las ausencias. Quién sabe cuántos artistas le debemos a ese dolor o a esa búsqueda de sentido o a veces, literalmente, a esa búsqueda de una figura que no estuvo allí el tiempo suficiente.
Anuncios

13 comentarios el “El centro de todos los mundos.

  1. Rosa Ave Fénix dice:

    La muerte de algún ser muy querido, nos deja siempre un lastre aunque no lo demostremos. Pero cada persona fallecida es diferente para los que quedamos, Yo aún le busco y nunca lo encontraré, la razón de la muerte de mi hija en plena vida… ¿por qué marchó ella y yo me quedé?, NO hay respuesta.

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Ay, querida, qué duro eso; yo ni me atrevo a pensarlo. Creo que es una de las pocas cosas que me resultan incomprensibles, tan alejadas de la razón que, repito, no puedo siquiera acercarme a pensarlo. Te mando el más fuerte y cálido abrazos que jamás te haya enviado.

      Me gusta

  2. Y sí, Borgeano, somos lo que vivimos en la infancia cercano a los nuestros, padres, hermanos, maestros… Vivencias que se clavan en el alma, la muerte de un familiar joven, mi prima hermana, 21 años recién cumplidos, su marcha inexplicable, siempre viva en mi… Tantas cosas, pero sobre todo la muerte, esa que nos vigila y sabe cuándo ha de darnos el batacazo. Todo es un misterio y la respuesta la encontraremos entonces, cuando nos toque a nosotros. Buena reflexión. Mi abrazo fuerte.

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      La muerte es uno de los grandes problemas con los que debemos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida; eso es algo que ya sabemos desde que la filosofía o el pensamiento pusieron las cosas en palabras, de manera clara y ordenada. Pero lo que nunca podrá comprenderse es la muerte de alguien quien naturalmente no debería haberse ido tan pronto. Allí no hay raciocinio ni pensamiento que valga. Allí, literalmente, nos quedamos sin palabras.

      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

  3. Javi-k dice:

    La falta de una figura ya sea paterna o bien materna es algo que marca de por vida. Una entrada muy interesante que invita a la reflexión.

    Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Cualquiera de estas ausencias es fundamental, no cabe duda de ello (y ni hablar de esas ausencias “antinaturales” que son las de los hijos). En este caso en particular me llamó mucho la atención estas historias de Canetti, siendo tan pequeño y debiendo tomar esas decisiones. La pregunta sigue en pie ¿Cuánto de ellos ha influido para que ese niño se convirtiera en el artista que fue?

      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

      • Javi-k dice:

        Yo estoy totalmente convencido de que esas ausencias influyen hasta tal punto que le impulsen a uno a escribir para intentar suplir aquellas carencias emocionales creadas por la falta de una figura paterna o manterna.

        En cualquier caso, es un a reflexión muy interesante.

        Un abrazo.

        Le gusta a 1 persona

  4. danioska dice:

    El hueco que dejó mi papá, muerto a mis 17 años, sigue intacto. Con frecuencia, el viento de noche (¿la noche de viento?) corre por él y me destempla los dientes. Nada que agregar, sé que entiendes.

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Pensé en ti al escribir esta entrada. Pensé en ti y en ese dolor compartido, en esa ausencia que será por siempre y también en las veces que hemos hablado de ellos (cosa que seguiremos haciendo de manera inevitable). Y tal vez eso sea lo mejor: poder hablar con pocas palabras y saber que del otro lado la comprensión es total.

      Abrazo apretado.

      Le gusta a 1 persona

  5. Los padres cercanos siempre dejan una profunda huella con su ausencia, los ausentes, los “ocupados”, los “ahora no puedo” dejan una huella de la que quieres huir.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s