De fantasmas y discípulos.

Elisee Maclet

Elisee Maclet

Por azar me encuentro con la biografía de un tal Elisee Maclet y de ella extraigo una idea que me parece maravillosa. Pero vamos por partes, porque todo tiene su lugar en la historia; si así no fuera sólo tendríamos anécdotas y nada más que eso. Elisee Maclet fue un pintor impresionista nacido en 1881 y fallecido en 1962; es decir que vivió a caballo entre dos siglos más que interesantes para el arte pictórico; pero había algunos problemas: Maclet no era un gran pintor, era muy pobre y además era un hombre bastante supersticioso y crédulo. Ésta última característica lo hacía presa fácil de sus bromistas amigos, quienes llegaron a pagarle a un hombre para que se le “apareciera” a Maclet y se presentara como Paul Cézzane.  También le hicieron creer en la aparición del poeta Francoise Villón, a quien Maclet adoraba. De poco o nada servía que sus amigos le contaran lo que habían hecho y la broma que le habían jurado; Maclet creía firmemente que había recibido consejos y enseñanzas del mismo Cézzane y con eso tenía más que suficiente. Y he aquí la idea con la que quiero quedarme: No está mal ser el discípulo de un fantasma. No está mal esa idea de aprender de aquellos grandes que nos han precedido y que nos han dejado sus enseñanzas en un libro, en una tela, en una partitura. No es otra aquella idea de Isaac Newton cuando dijo Yo he visto más lejos, pero sólo porque me he parado sobre los hombros de gigantes. Y también es la misma idea la de Quevedo, en su famoso soneto Conversación con los difuntos:

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos,

y escucho con mis ojos a los muertos.

.

Conversar con los difuntos, pararnos sobre los hombros de gigantes, ser aprendices de fantasmas o de apariciones es todo lo que necesitamos. No importa si algún amigo bromista no termina de entender lo que acaba de provocar; lo importante es que nosotros lo sepamos y que hagamos algo con ello.

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11 comentarios el “De fantasmas y discípulos.

  1. Javi-k dice:

    Me gusta mucho esta reflexión. En el fondo yo también creo que somos discípulos de aquellos gigantes que nos precedieron. Me apunto las citas porque me han encantado.

    Buena entrada.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Gracias a ti, Javi-k. A veces las enseñanzas vienen dadas por lo que subyace más que por lo que vemos en la superficie. Hay otros ejemplos (luego de haber escrito la entrada recordé el que tal vez sea el más famoso: Dante y Virgilio, quien guía al poeta a través del infierno).

      Un abrazo.

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  2. Rosa Ave Fénix dice:

    No conocía a ese pintor y por supuesto nada de las bromas que sus amigos le hicieron y que al hombre -dentro de la mentira- le proporcionó, digamos, una satisfacción. Lo más importante es que nosotros mismos estemos a gusto con nuestro pensamientos. Soy agnóstica convencida, no hay ni cielo ni infierno y cuando morimos somos átomos o lo que sea, pero yo siempre tengo en mi mente a mi madre, sé que no me puede oir, pero yo cada día “hablo” con ella, le cuanto mis penas o alegrías -éstas por desgracia en menor cantidad- pero yo me quedo contenta y en mi mente tengo su retrato. Lo mismo pasa con mi hija, esté donde esté, a ella van dirigidas mis palabras. Esos son mis “fantasmas” y me da alivio en hablar con mis ellos.
    Abrazos…

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    • Borgeano dice:

      En sí, como pintor, no es gran cosa; pero su vida es muy interesante. Lo que dices luego del agnosticismo y de la relación que mantienes con esos dos seres tan queridos, es algo que compartimos. La necesidad espiritual que nos impulsa no debe confundida con nuestro raciocinio. Si tenemos necesidad de hablar con esas personas que no están aquí pero que nos acompañan de un modo u otro, debemos hacerlo; en nuestro interior ellas están vivas y así lo estarán mientras nosotros no las abandonemos.

      Abrazos, muchos.

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  3. María dice:

    Estupenda tu reflexión, Borgeano.
    Podemos ser herederos de “esos gigantes” y por tanto aprender de ellos nos enriquece. Da igual si son fantasmas o no. Ya me gustaría a mí, poder tomar un café con cualquiera de ellos. Estoy segura de que me sentiría mucho más rica.
    La imagen que nos dejas de Maclet, es preciosa!
    Besetes de mañana azul.

    Le gusta a 2 personas

    • Borgeano dice:

      Muchas gracias, querida María; sin duda, quienes vivimos rodeados de libros, de música y de arte por todos lados estamos siempre dialogando con esos muertos queridos; dialogando y aprendiendo que es lo que ellos quieren, en definitiva. Como hablaba con María aquí arriba, nuestras necesidades espirituales son independientes de nuestro raciocinio y “abandonarnos” a esos diálogos es algo siempre fructífero.

      Besos mil.

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  4. Es fascinante contemplar los caminos que encuentra el artista para llegar a finalizar su obra. No conocía a Maclet, pero me interesa lo que cuentas de él. Todos aprendemos de lo que no conocemos y a veces intuimos o inventamos, gigantes, lugares mágicos, muertos que resucitamos en nuestra imaginación… y tantos momentos válidos para crear. Me he gustado mucho conocer estos rasgos de Maclet que tanto tienen que ver con la necesidad de creer y crear. Gracias, Borgeano, es un placer leerte. Mi abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que la biografía de Maclet es mucho más interesante que su obra; pero de todos modos, eso es una cuestión meramente subjetiva, como casi todo. Has usado una palabra clave: fascinación. Creo que ésa es una palabra indispensable –y con esto hago referencia a mí mismo, claro está– cuando quiero hablar de temas como la creatividad. Siento una fascinación enorme por todo lo que tenga que ver con las diferentes formas de la creatividad humanas. En cuanto a ese diálogo con los muertos, aunque válido, no debe hacernos olvidar el otro, tanto más rico: el del diálogo con los vivos, sean aquellos que conocemos personalmente o no; como es el caso de esta comunidad bloguera que siempre tiene mucho para compartir y enseñar.

      Un fuerte abrazo.

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  5. danioska dice:

    Espera… ¿me quieres hacer creer que el John Donne que me visita con frecuencia, que me recita sonetos con voz suave y luego me besa y nos perdemos juntos es una jugada de mis amigos? No, querido, no lo acepto. Ese muerto y tantos otros, como los de Quevedo, son más reales que gente con la que me topo a diario. O, cuando menos, me interesa mucho más.

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