La intolerancia de los perfectos.

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En estos últimos tiempos me he estado encontrado mucho con la intolerancia de los perfectos. Los perfectos, claro está, son aquellos que nunca se equivocan, que siempre tienen en la punta de su lengua la frase adecuada o el dato preciso. Son inteligentes, lúcidos y espirituales. No hay un solo ámbito de la vida que les sea ajeno; es así que dejan muy poco espacio para que los demás puedan moverse, ya no digamos a su antojo, sino siquiera un poquito para ambos lados. Los perfectos se  encuentran en todo sitio y horario. En una mesa de café, en la red (¡por favor, ni hablemos de la red!), detrás de un mostrador y, claro está, en la familia.

Entonces uno se retrae, se vuelve sobre sí mismo, se aísla. Y he ahí la victoria final del perfecto: tiene al fin el mundo a su disposición. Confunde ese retraimiento que provoca su presencia con una verdadera victoria intelectual y moral; entonces hincha el pecho y sale a la calle más convencido que nunca, bien dispuesto a esparcir sus conocimientos y sus virtudes a los cuatro vientos.

Entonces la rueda gira nuevamente y es uno el que ahora se da cuenta de que si el mundo está lleno de imbéciles que se creen genios es también porque nosotros los dejamos. Nosotros les cedemos el asiento y nos retiramos a la sombra a descansar en lugar de ponerlos en su lugar; y ese error es responsabilidad nuestra y de nadie más. Así que tal vez ya vaya siendo hora de tomar cartas en el asunto…

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15 comentarios el “La intolerancia de los perfectos.

  1. Loretta dice:

    Los perfectos son la más clara y rotunda comprobación de que la perfección humana no existe. Nosotros vamos por la excelencia 😉 Abrazo, estimado Licenciado.

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  2. Mariel dice:

    Un tema que da para horas y horas de amena charla, acaso no todos en algún momento jugamos ambos papeles?

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    • Borgeano dice:

      Uno trata de evitarlo; el problema es con esas personas que hacen de esa actitud un modo de vida. Después sí, es probable que uno a veces caiga en esas actitudes. Insisto, hay que tratar de evitarlo.

      Un abrazo.

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  3. Carmen dice:

    La perfección no existe!! yo a eso le llamo prepotencia, sie s cierto que unos sabemos más que otros pero nada más.
    Muy buen post Borgeano
    Abrazos

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    • Borgeano dice:

      Claro, Carmen, a eso me refiero; a que la perfección no existe, pero hay gente que sí se cree perfecta y eso molesta en demasía. Sobre todo cuando uno quiere hablar o charlar con alguien y hay una de estas personas presentes; en general interrumpen toda conversación porque “ellos saben” y es así como hacen que todo se vuelva tedioso.

      Un abrazo.

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  4. Hacía mucho que no había leído algo tan lúcido en internet. Corroboro cada palabra tuya, amigo. Te diré, que cada día aprendo más de mis propios errores, pero esa gente tan lúcida… me patea. Mi abrazo fuerte y feliz día.

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    • Borgeano dice:

      ¡Ay, qué lindo, Julie! Me alegraste el día… Sé que estamos en el mismo barco, junto con otros buenos amigos; así que no sé si vamos a ser muchos o pocos, pero sí que al menos estaremos bien acompañados.

      Un fuerte abrazo.

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  5. El que tiene boca se equivoca

    Leo ayer en LA TERCERA de ABC un artículo escrito por (copio literalmente del medio) PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA [que (este relativo es mío)] ES MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y AUTOR DEL LIBRO «MÁS QUE PALABRAS».

    Como puedes ver, aunque el diario sea de derechas o conservador no lleva don delante de la firma porque el que firma, lógicamente, no firma nunca con un D., aunque sea miembro de la R.A.E.

    El título es el de arriba de este comentario. Y empieza:
    Como se recordará, cuando, hace unos años, cierta miss España, modelo, presentadora y actriz declaró que le gustaban «los toreros que están en el candelabro», se armó un pitote colosal y la rechifla unánime del país cayó inmisericorde sobre la interfecta. La cosa llegó a producirle a uno hasta cierta lástima, pues al fin y al cabo candelero y candelabro no solo se parecen por su forma, también por su significado, toda vez que un candelabro no es sino un candelero –es decir, un soporte para una vela– de dos o más brazos.
    ¿No hubo exceso de saña, motivado por la debilidad de la presa?

    Y finaliza:
    Tal defecto sintáctico, si la enigmática regañona nos permite la leve pedantería, tiene un nombre sonoro: anacoluto. Pero de que ella lo cometa no voy a inferir yo que hoy se escriba peor que antes. Anacolutos, también, siempre los ha habido. Y ya se ve en este artículo que uno es más dado a la comprensiva indulgencia que al rasgamiento de vestiduras.

    El artículo completo en:
    http://www.almendron.com/tribuna/el-que-tiene-boca-se-equivoca/

    Me acordé de vos, no pude evitarlo. De todas formas, hay que saber distinguir entre un anancástico, que puede necesitar ayuda, y un imbécil. Si los imbéciles volaran, no veríamos nunca el cielo, decía un conocido mío.

    Hace tiempo que no sigo tu blog, por causas que no son del caso, fundamentalmente por falta de tiempo, pero la coincidencia de tu entrada de ayer con algo que había leído y que he tenido que buscar, porque no sabía cuándo y ha resultado ser publicado el mismo día en que tú publicas en tu maravilloso blog, me ha hecho trabajar y recordar y por eso te agradezco tu artículo y no quiero desaprovechar la ocasión para enviarte, como siempre,

    un fuerte abrazo.

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  6. ¡Maldición! Olvidé decir que mi comentario se debería titular “Serendipity”.

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  7. Celebro que hayas escrito sobre este asunto, y como lo has dicho todo tan bien sólo puedo decirte que apoyo tu perfecta imperfección.
    Abrazos y feliz día.

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    • Borgeano dice:

      Es que son cansadores en serio, Isabel; uno no puede ir a tomar un café con un grupo de amigos porque con sólo uno de estos que se encuentre en la mesa ya es suficiente como para arruinar la velada. Y no es que yo me ponga en el papel, precisamente, “del que todo lo sabe” y que por eso me digno criticar a los demás, no; es desde mi modesta ignorancia desde donde lo hago. Mi “perfecta imperfección” te agradece tus palabras.

      Un abrazo.

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  8. danioska dice:

    Ay, una que es tan imperfecta, tan debilucha aunque a veces parezca lo contrario, tan dudosa e insegura, qué va a saber de los perfectos. Es decir, sé que dicen existir pero yo me pregunto si de veras son tales. Supongo que no. Es más, en el fondo ni siquiera mi importa si existen. Me hace recordar algo que leí hace poco, pero tampoco recuerdo dónde: alguien decía que la ciencia no le interesaba porque se trataba de certezas, de datos duros, porque no dejaba lugar a la duda, al comentario, a los estados de ánimo cambiantes.

    No coincido en esa visión de la ciencia: su costado de experimentación, de ensayo, de fantasía me parece fascinante. En cualquier caso, lo que recupero es lo otro: a mí tampoco me interesaría una disciplina que no dejara lugar a la duda, a la especulación. ¿Para qué?

    Abrazos (estos sí, de total certidumbre)

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  9. cristinafra dice:

    Totalmente de acuerdo con tus palabras. Y me ha hecho sentirme muy bien conocer gente muy sencilla y muy sabia.
    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Gracias, Cristina. Ahora, a la distancia, ve que debí haber escrito “perfectos” así, entre comillas o en cursiva, porque algunas personas lo tomaron de modo literal y no irónico, como era mi intención. Veo con agrado que en tu caso lo has leído bien y eso me complace.
      Estamos de acuerdo en que la sabiduría y la inteligencia son dos cosas diferentes (aunque no minimicemos la importancia de la segunda para lograr la primera, aunque no sea exclusivamente determinante); es entonces en esos casos cuando nos encontramos con personas muy sencillas y muy sabias. Cuando eso ocurre la sensación es fortísima, ya que esas personas dejan caer esas semillas de sabiduría con una paz y tranquilidad que magnifica ese saber logrado con el paso de los años.

      Un abrazo.

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