De Ex-libris y préstamos que no retornan.

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Protegeré mis libros.

Ya se sabe que prestar libros puede ser un trabajo insalubre; como bien dijo Theodor Fontane: Los libros tienen su orgullo: cuando se prestan, no regresan nunca. Por eso creo que sería una buena idea para aquellos que no quieren perder más volúmenes o, casi tan grave, algún que otro amigo, volver a la vieja costumbre de los Ex-libris; esos distintivos personales que señalaban al propietario del libro que se tenía en las manos. La idea se remonta, curiosamente, al Egipto antiguo. Los primeros ejemplos de esta costumbre se dataron alrededor del 1391-1353 antes de la Era Común, bajo el reinado de Amenophis III (aunque, claro está, el concepto de libro no era el que hoy tenemos de él).  Así que bien podríamos ilustrar y preservar a nuestros preciados tesoros eligiendo un dibujo y un moto personal para así, al ir a visitar a algún amigo exclamar un simple ¡Ajá! cuando encontremos un volumen nuestro en su biblioteca.

Algunos ejemplos de Ex-libris que dejan bien en claro la pena que recibirá quien no devuelva el libro prestado (para ver las imágenes más grandes, hacer clic sobre una de ellas):

También, por último, se puede imprimir y colocar en lugar bien visible esta cédula de excomunión medieval de la Universidad de Salamanca dictada por el propio Sumo Pontífice en persona para que queden avisadas cada una de las personas que se atreva a solicitarnos un préstamo de este tipo.

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