Dejando de lado, muy de lado…

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Veo que en Venir al mundo, venir al lenguaje; el filósofo alemán Peter Sloterdijk intenta unir a Marx y Heidegger. Me relamo de placer ante tamaña empresa y me dispongo a leer el texto y a tomar no pocas notas. Se trata de una conferencia que Sloterdijk dictó en 1988, en la J.W. Goethe-Universität de Franfurt. Ni bien arranca (por fortuna lo hace de entrada, lo cual me hizo recordar a aquella entrada mía Por qué hay que leer los prólogos), sloterdijk se manda esta joyita:
“Señoras y señores, a continuación iniciaré mi reflexión con el intento, demorado durante no poco tiempo, de aunar las ideas fundamentales de Marx y Heidegger. Creo poder mostrar que, si damos un paso más allá de las incompatibilidades políticas y morales que separan a estos dos autores, existe una coincidencia palmaria e incontestable…”
Bien, cierren todo, se terminó la charla y la lectura. ¿El tipo este nos está tomando el pelo o se cayó en la bañera la mañana de la conferencia? Está bien que los alemanes en cuestiones de filosofía creen que tienen la sartén por el mango, pero tampoco es como para tomarle el pelo a la audiencia de manera tan gratuita. ¿De verdad piensa que puede decir algo así como “dejando de lado las diferencias políticas y morales…”? Cada acto humano es político y cada acto humano es moral ¿Cómo diablos va a dejar eso fuera de la discusión? Y más cuando se trata de dos polos filosóficos como Marx (izquierda absoluta) y Heidegger (derecha terminante. Afiliado al partido nazi en la mismísima época de Hitler).
Bien, como dije, no seguí leyendo; no tenía sentido alguno hacerlo. Lo que sí hice fue ponerme a jugar, ya que otra cosa más inteligente no podía hacerse; jugar a inventar nuevas conferencias basadas en esa idea tan práctica que usa Sloterdijk. Conferencias en las que puedo demostrar que “dejando de lado las diferencias políticas y morales; creo poder de mostrar que Hitler y Ghandi en realidad no son tan diferentes”. O “dejando de lado las diferencias políticas y morales; creo poder de mostrar que Jesús y el ateísmo no son en realidad antagónicos”. Cambiando un poco las expresiones también sirve para “dejando de lado las diferencias compositivas y de ejecución; creo poder de mostrar que Mozart y la cumbia son, en realidad, iguales”.
En fin, qué suerte tienen estos modernos para quienes da lo mismo un roto que un descosido…

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4 comentarios el “Dejando de lado, muy de lado…

  1. Bien dicen que “los extremos se tocan” yo creo que se aman… Me encantó tu reflexión. Abrazos.

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    • Borgeano dice:

      “Yo creo que se aman”: Me encantó la excesiva imagen de un Marx amante de Heidegger a pesar de las diferencias. Sí, si bien es cierto que hay algo de eso (de que los extremos se tocan), a veces sobreponerlos de tal manera me suena a despropósito delirante.

      Un abrazo.

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  2. Pues yo creo que te equivocas en una cosa. Cerraste el libro!! Mal!
    Creo que debes leerlo Roberto. Para tratar de entender el porqué de esas afirmaciones, o simplemente por conocer su argumento. Quizás para afianzar más si cabe tu opinión. O para rebatir la suya. Pero leerlo.
    Tienes razón en que la moral y la política no se pueden sustraer, pero yo al menos, lo habría intentado leer. Por ejemplo, si me encuentro con un libro que afirme que Hitler y Gandi en el fondo no son tan distintos, me gustaría saber en qué se basa su autor para defender algo tan incoherente, por eso lo leeria. Pero esa es mi opinión. Un abrazote.

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    • Borgeano dice:

      Tu postura es totalmente válida, Ana; no cabe duda de ello; pero como muchas veces he dicho aquí, el tiempo es tan breve que es mejor aprovecharlo para leer cosas productivas. En este caso particular leer el libro no hubiese servido más que para probar mi punto: que no puede hacerse un análisis de dos posturas tan disímiles cuando se dejan afuera las cuestiones que, precisamente, son centrales para la tesis. De allí que a veces abandonar la lectura no sea un acto negativo sino, por el contrario, totalmente positivo. Otro ejemplo es el del enlace que dejé a una entrada anterior, donde la autora, en el mismo prólogo ya propone una postura y un ángulo que deja en claro que no será objetiva ¿para qué debo leer, entonces, un libro de 600 páginas donde lo único que sacaré e claro es que saldré convencido de lo que ya había visto al principio? Insisto: es mejor abocarse a otros libros.

      Abrazos conciliatorios.

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