Huellas.

IMG_20160807_145712Acabo de visitar el antiguo Convento de María Magdalena; convento agustino ubicado en Cuitzeo, en México. El convento, construido en el siglo XVI (los trabajos comenzaron en 1550 y se terminaron apenas comenzado el siglo XVII) es hoy un museo que se visita con agrado y con no poca sorpresa. Las extensos y silenciosos pasillos, las enormes salas donde funcionaban la biblioteca o el comedor diario, las pequeñas habitaciones de los monjes, los baños comunitarios; todo está en perfecto estado, pero rodeado de soledad y silencio. Aprovecho que no hay nadie para meterme en una de las pequeñas habitaciones sin ventanas (más bien una celda que una habitación) y cierro la puerta. Me quedo algunos minutos en silencio, sintiendo la opresión de la oscuridad absoluta. En la amplia sala donde funcionaba la biblioteca intento imaginar la disposición de los muebles y a los monjes leyendo en silencio. Salgo a una terraza para observar desde lo alto a los parques que rodean al convento y una de las baldosas me llama la atención:

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Sin duda, el perro pisó el barro fresco que formaba una de las tantas losas y así ese barro fue cocido. Así, también, fue colocado en ese sitio en particular. Imagino al trabajador que colocó esa baldosa en aquel sitio y me pregunto si lo hizo a propósito; si de alguna manera supo que alguien, muchos, muchos años después iba a ver esa huella y a preguntarse por aquel perro y por aquel albañil hoy desconocidos. Ambos están aquí y ambos no lo están. ¿Es esto un mensaje dejado adrede o un recordatorio involuntario?

Un perro, hace cuatrocientos cincuenta años, cruzó por sobre un trozo de barro. Un albañil, por aquel entonces, colocó una baldosa en esa terraza; y ambos saludan, a quien quiera verlos, desde ese mismo punto. Cuando me alejo me doy cuenta que yo no he dejado ningún mensaje, ninguna señal para ese futuro visitante que tampoco me conoce, ni sabrá jamás de mí.

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8 comentarios el “Huellas.

  1. No has dejado ningún mensaje allí, pero lo has dejado aquí, relaccionando esa huella ynese albañil con alguien que dentro de cuatrocientos años, buscando documentos antiguos tal vez encuentre este y se sobresalte al pensar en la permanencia durante todo ese tiempo. Y también has dejado mensajes, muchos, en forma de poemas o relatos, de libros, y también de comentarios a otros. Y creo que has dejado descendencia también no??. Te parece poca forma de permanecer? Tú trascenderás igual que esa huella, con mensajes intencionados o no, pero trascenderás.

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    • Borgeano dice:

      Es cierto, Ana; algo uno ha dejado, pero soy bastante pesimista en lo que concierne a la validez de los actos humanos. En ese sentido no sé si tiene algún valor lo que hago (tampoco es que importe mucho, si vamos al caso; ese mismo pesimismo –perdón por la rima– también hace que uno se encoja de hombros ante una cuestión como ésta). De todos modos agradezco tus palabras y tu punto de vista, ya que si bien uno piensa o siente de determinada manera, eso no significa que ese uno tenga razón.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Siempre todo lo que hacemos deja huella (para bien o para mal) pero permaneces durante tantos años ahí, dejando constancia de su existencia, es increíble. Saludos.

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    • Borgeano dice:

      Gracias, Tintero; sí, tal como lo dice Ana, parece ser que algo siempre dejamos; y eso no está nada mal. No es la primera vez que me siento llamado por un detalle como el que señalo. Hace un par de años me sucedió lo mismo con las huellas de un gato sobre el polvo de un mueble; tal vez escriba una entrada enlazando los dos puntos.

      Gracias, un abrazo.

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  3. danioska dice:

    Me encanta cuando pienso que un texto va a ir por un lado y sin aviso da un giro de volante para irse por otro. Éste es el caso. Qué texto más bonito, sensible.
    Abrazos…

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  4. Shira Shaman dice:

    Me causa curiosidad tu entrada, pues esos lugares sin duda guardan muchas historias entre sus muros, una sonrisa enmarca mis labios pues justo en otro convento que conoces en Morelia hay también pequeñas huellas de perro y de gato en el pisi de uno de los pasillos, la construcción es de la misma época del siglo XVII, sólo que lugar de Agustinos fue de monjes Carmelitas y es la actual Casa de la Cultura. Será que contrataron al mismo albañil y el viajaba con su caniche? Fascinante.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Pues sabes que iré a buscarlas, claro está. Bien sabes que he andado bastante por esos pasillos, pero se ve que lo hice mirando más las paredes que el piso… Sin duda, México en general y Morelia en particular no dejarán de sorprenderme (desde la magnificencia de ciertos sitios hasta la mera aparición de una huella en una baldosa). Lo del albañil me causó mucha gracia, pero no creo que esa huella sea de caniche; se ve que a ese hombre le gustaban los perros de verdad 😉

      Un abrazo.

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