El eterno encanto de lo efímero.

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Hilas y las Ninfas, John William Waterhouse

En el tercer libro de Argonáuticas, obra del escritor romano Valerio Flaco, se narra la historia de Hilas y su rapto en manos de las náyades o ninfas de agua. En la mitología griega, Hilas era el hijo del rey Tiodamante de los dríopes. Cuando Heracles mató a su padre en la batalla, perdonó a Hilas, lo tomó como escudero y le enseñó las artes del guerrero. Heracles llevó a Hilas con él a bordo de la nave Argo, haciéndolo uno de los argonautas. Más tarde, a instancias de Hera, Hilas fue secuestrado por las náyades de la fuente Pegea y desapareció sin dejar rastro (según Apolonio de Rodas). Ayudado por el argonauta Polifemo, que había oído el grito del muchacho al desaparecer, Heracles buscó a Hilas durante mucho tiempo. El Argo partió sin ellos, por lo que no participaron en el resto del viaje. Hilas había recibido la inmortalidad por parte de las ninfas acuáticas y permaneció para siempre con ellas. Heracles nunca pudo encontrarlo.

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Hilas y las Ninfas de agua, Henrietta R. Rae

La historia de Hilas es propia y típica de la mitología griega (donde todo favor, incluso los favores divinos, llevaba siempre un detalle, una marca que terminaba trastocando al favor inicial en algo negativo). Quienes pensamos que la inmortalidad es, más que un premio, una verdadera tortura, la historia de Hilas no representa, tampoco, el menor atractivo. Hijos de un cuerpo físico sensual que aceptaría gustoso ese rapto, olvidamos que todo placer, extendido en el tiempo de manera indeterminada, se transforma en un suplicio o en otra forma del aburrimiento. Como dije: en una tortura. No puedo menos que relacionar al futuro de Hilas con el de los musulmanes a quienes les espera un cielo con setenta y dos vírgenes o con el amor constante de Francisco de Quevedo. Por mi parte prefiero los placeres efímeros pero renovables; prefiero el aquí y ahora y ninguna pretensión de eternidad; ninguna en absoluto.

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3 comentarios el “El eterno encanto de lo efímero.

  1. Me deja inquieto tu última frase, amigo. Yo también prefiero el aquí y el ahora, pero en esa; “ninguna pretensión de eternidad; ninguna en absoluto”. Ese absoluto,¿también es efímero?
    ¿Será la eternidad un absoluto de infinitos efímeros? Ja, desperté filósofo… ya sabes de mis aficiones a la física cuántica…

    Abrazo postefímero

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  2. Carpe diem, porque solo somos una chispa de luz entre dos oscuridades y, curiosamente, siempre reflexionamos sobre la segunda sin pararnos a pensar jamás en la primera 😉

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  3. danioska dice:

    ¿Dónde firmo mi propuesta de convertirte en San Borgeano? Carajo, discursos como el tuyo son los que quiero oír de aquí hasta que me muera. Lo que tengo hoy entre las manos es lo que quiero que cuente. El resto que ruede (incluida mi cabeza).
    Besos.

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