Permiso para existir.

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Estoy leyendo Andar, una filosofía, de Frederic Gros. Más bien debería decir que lo estoy saboreando, degustando, paladeando, disfrutando con placer casi infantil. El ensayo, como queda bien en claro desde su título, es una loa al simple acto de caminar. Al simple andar como filosofía de vida, nada menos. Los capítulos se alternan entre las notas sobre la libertad, la soledad o la lentitud y capítulos dedicados a reconocidos caminantes como Nietzsche, Henry David Thoreau o Jaques Rousseau. Copio un fragmento, el cual bien podemos aplicar a nosotros mismos, en cuanto regla general: “[El acto de pasear] por el contrario, tiene la inmensa dulzura del desapego. Quiero decir: ya no hay nada que esperar, nada que aguardar. Vivir solamente, permitirse existir. Porque ya no hay que ser alguien, basta dejarse atravesar por una corriente, o más bien por ese arroyuelo insistente de existencia.

Todo ello da a los recuerdos que vuelven a asomar un aire fraterno: son para nosotros como viejos hermanos desgastados. Nos convertimos para nosotros mismos en ese viejo hermano: aquel al que amamos por la sola razón de que ha vivido. De esta manera, con estas caminatas nos encariñamos con nosotros mismos. Nos perdonamos, en lugar de justificarnos. Ya no hay nada que perder, solo queda caminar. Y todo a nuestro alrededor asume un nuevo semblante: consideramos con indulgencia el pájaro temeroso que acecha, con indulgencia la flor frágil que se dobla, con indulgencia la vegetación tupida. Pues en el momento en que ya no se espera nada del mundo, en esas caminatas inútiles y tranquilas, este se entrega, se da, se abandona. Cuando ya no se espera nada. Todo se da entonces como un regalo, gracia gratuita de la presencia. Hemos muerto ya al mundo del trabajo, al éxito, los proyectos y las esperanzas. Pero ese sol, esos colores, ese humo azul que a lo lejos dibuja sus volutas, elevándose despacio, el movimiento de los árboles: todo se nos da por añadidura”.

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9 comentarios el “Permiso para existir.

  1. Gracias por la información. Soy de las que no sé distinguir si escribo porque camino o camino tanto porque escribo. Y qué verdad es!

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    • Borgeano dice:

      En lo personal, Carme, comparto esa idea propia de los grandes filósofos: escribo porque camino. Tal vez luego de decir esto uno empiece a pulir la idea y comience a decir que uno escribiría de todas formas, pero entonces, dicho esto con toda modestia, diría que escribo mejor porque camino. Éste simple acto hace que las ideas fluyan con libertad y amplitud y es entonces que van enlazándose de manera totalmente original. He ahí el verdadero encanto del caminar como proceso creativo.
      Gracias por pasar por aquí y me disculpo por la demora en responder.

      Un abrazo.

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  2. danioska dice:

    Mi flâneur favorito, qué maravilla de lectura estás haciendo. Anda, sigue compartiéndonos… Me gusta porque así “leo” lo que tú lees…

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    • Borgeano dice:

      Mi Ítaca, se agradecen, como siempre, tus palabras. Andar, una filosofía, es una libro hermosísimo; sé que los disfrutarías mucho porque tú también eres una amante del deambular; que no lo hagas tanto como te gustaría hacerlo por razones particulares es otra cosa, pero sé que te gustan los caminos (sobre todo bordeados de verde, si mal no recuerdo). Seguiré compartiendo fragmentos de este libro porque realmente valen la pena.

      Abrazos.

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  3. María dice:

    Me gusta compartir tus lecturas porque me acercas a otro tipo de interpretaciones.
    Y si, caminar es perderse en el simple placer del movimiento, el recuerdo y la contemplación.
    Un besazo, amigo mío.

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    • Borgeano dice:

      Muchas gracias, querida María; compartir estos fragmentos que tanto placer me causan es algo casi narcisista, tal vez, pero no es esa mi intención al hacerlo, sino la mucho más simple de decirles a ustedes “¡Miren, esto es algo que me hizo feliz!” Algo así, simple, sencillo, directo, sin mayores pretensiones. Me alegra mucho cuando esa simplicidad llega sana y salva a destino; en ese sentido, soy yo el agradecido por tener amigos como tú.

      Un fuerte abrazo.

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  4. Compartir las lecturas aunque sea en pequeñas dosis, como las píldoras. Gracias.

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    • Borgeano dice:

      Así es tintero, ésa es la idea; compartir pequeñas píldoras que me han hecho feliz en algún momento con la intención humilde de que esa felicidad pueda ser compartida. Nada más (y nada menos) que eso.

      Un abrazo.

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