El miedo al vacío y la presencia del otro.

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Lago de Pátzcuaro y Pátzcuaro, Pueblo Mágico (a la derecha). (Foto: Borgeano). 

Ayer fui a visitar el pueblo mágico de Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. Ya había estado allí un par de veces, pero nunca me habían llevado al mirador El Estribo, un hermoso sitio ubicado en un volcán inactivo y del cual (como podrán hacerse una idea por la foto con la que encabezo esta entrada) se tiene una maravillosa vista del entorno michoacano. Luego de caminar varios kilómetros por una camino empedrado bordeado de árboles (una pésima costumbre local: decir cualquier cosa. “Son sólo dos kilómetros”, nos dijeron. En realidad fueron unos cinco o seis y en ascenso) llegamos, por fin al mirador. El lugar, tal como se prometía, nos brindaba una vista única pero… un imbécil de los que nunca falta tenía la música puesta a todo volumen. Un sitio maravilloso, naturaleza por doquier y el maldito idiota creyendo que todos los que estaban allí estaban disfrutando de su pésimo gusto y de su pésima educación. Uno sabe cuando puede lograr algo y cuándo no. Éste era uno de esos casos donde la discusión hubiese sido complicada. Hace un par de meses me sucedió algo parecido. Estaba Yucatán, en un cenote —sitio maravilloso si los hay— cuando tres idiotas colocaron a un lado una radio a todo volumen y comenzaron a meterse en el agua. Allí no aguanté y luego de unos minutos de discusión logré que apagaran el aparato. El argumento del energúmeno era que “estábamos en un sitio público”, como si eso explicara todo. El ignorante ni siquiera entendía que era al revés de lo que él decía; precisamente, al estar un sitio público él no podía hacer lo que quería, eso podía hacerlo en un sitio privado pero que, además, fuese de él.

El punto al que quiero llegar es claro y obvio, por supuesto. ¿Por qué diablos la gente le tiene tanto miedo al silencio? ¿Por qué la gente se pasa por el forro al otro, a la presencia del otro y al respeto al otro? ¿Por qué quienes tienes la costumbre de escuchar música a todo volumen tienen tal pésimo gusto? (Y hago la aclaración de que en esos casos no quiero escuchar nada; ni una sinfonía de Shostakovich ni mi canción favorita de mi banda favorita. Nada de nada, silencio absoluto) ¿Por qué es tan difícil hacerles entender que un espacio público es de todos y que por lo tanto no pueden hacer lo que se les antoje? El horror vacui que afecta a la sociedad es tan omnipresente que ya nada puede conseguirse ni considerarse en estado puro. El miedo al vacío es tan grande que ya nadie piensa ni siente si no es a través de un adminículo electrónico o de esa otra forma de la basura que es lo que se dice. 

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Pátzcuaro desde la cima del volcán. Sé que es difícil encontrarme pero estoy, en esta foto, de cuerpo entero.

Detrás del mirador del que ya hablé, hay una larga, muy larga escalera que lleva a la cima del volcán. Fuimos allí y por fin encontramos un poco de paz y de silencio. La vista era mejor, si es que podía pedirse algo así (la foto superior es de ese sitio) y nos quedamos cerca de una hora disfrutando casi en soledad. En el momento en que decidimos bajar, llega una familia. Los muchachos, tres adolescentes, escuchando música a través de un aparato colgado de su cinturón. Bajamos los 418 escalones casi en el aire, corriendo una carrera desesperada para ver quién llegaba último. Llegué segundo.

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10 comentarios el “El miedo al vacío y la presencia del otro.

  1. Me hiciste recordar Michoacán, el Lago de Pátzcuaro, aquellos lugares que me traen tantos recuerdos, Pacanda, Yunuen… Los pescadores mariposa con sus barcas que parecen volar por el agua… Y aquellos “silencios” de los que tú hablas tan reflexivos, tan vivientes. La gente tiene miedo al silencio porque ya no sabe pensar, sentir que está vivo. Me ha encantado leerte, como siempre. Mi abrazo fuerte.

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    • Borgeano dice:

      Yo sigo enamorado de este país y de este estado. He sido muy afortunado al haberme detenido aquí.
      En cuanto a lo que dices con respecto al miedo de la gente frente al silencio es algo que comparto plenamente. La gente está tan vacía que no sabe qué diablos hacer con su vida cuando se la encuentra de repente frente a sí. El problema es que se empeñan en compartir ese vacío con todos los que los rodean, lo quieran éstos o no.

      Un fuerte abrazo.

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  2. María dice:

    Quizá hay miedo al silencio porque cada vez nos sentimos más incapaces de escuchar lo que llevamos dentro de nosotros. O quizá es que cada vez estamos más vacios. Yo, adoro el silencio y más cuando me siento rodeada de esa naturaleza tan bella e inmensa. Respecto al respeto a los demás… eso daría para una conversación larga, larga.
    Un besazo desde el mar que, aunque no es el mismo, compartimos, amigo mio.

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    • Borgeano dice:

      Estoy en completo de acuerdo contigo, María. El silencio aterra a la gente porque funciona como un espejo que les muestra lo vacíos que están. El problema es que esta gente se empeña en compartir ese vacío con los que están alrededor, les guste a éstos o no. El silencio es tan precioso que cuando uno aprende a valorarlo se convierte en algo insustituible. Lo del respeto a los demás, como bien dices, es un tema anexo (del cual seguiré hablando; porque ejemplos como el que dejé hoy es, por desgracia, moneda corriente).

      Un abrazo.

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  3. Detesto a todos esos con la música a todo volumen en cualquier lugar… sin respetar al prójimo.
    Las vistas del lugar fantásticas.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      He tratado de ser moderado con mis palabras, porque si pones “odio a los que escuchan la música alta en sitios públicos” o algo así enseguida aparece alguien políticamente correcto (los odio, dicho sea de paso) que empieza “No, no hay que odiar…” o tonterías semejantes. Quienes imponen sus deseos, necesidades o pareceres a otros son detestables. Punto. No creo que haya mucho margen para discutir esto.
      Por la extensión del texto tuve que dejar otro ejemplo afuera (además no era exactamente igual). Cuando visité las pirámides de Teotihuacán, a poco más de un kilómetro de allí se llevaba a cabo un festival de música electrónica ¿Te imaginas lo que fue estar allí, parado sobre la Pirámide del Sol (sé que conoces el sitio) escuchando música tecno. Daban ganas de vomitar, te lo juro. ¡Un sitio único por su belleza, historia y su carácter místico y teníamos que estar escuchando un bum-bum-bum histérico! No quiero ni acordarme…

      Un fuerte abrazo.

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  4. lulu dice:

    Hermoso lugar; tenía años de no visitarlo. Me alegra mucho que te haya encantando. ¡Estupenda foto!

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    • Borgeano dice:

      Visité Pátzcuaro varias veces, y en cada una de ellas he encontrado algo nuevo. Eso es lo interesante he increíble de México, siempre tienes algo para ver, para conocer, para degustar, para aprender. Las fotos están buenas, sin duda; pero la segunda, como es obvio, no la tomé yo. Démosle gracias a quien la tomó.

      Un abrazo.

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  5. Querido amigo, veo que por todas las latitudes hay gente desconsiderada, por decirlo finamente (cosa que me cuesta mucho por que soy muy bruto)… el silencio da miedo a mucha gente, no es casualidad.Todos los comentarios fueron muy acertados, creo está todo dicho.

    Ya que cada vez me siento más animal, aquí te comparto un poema que escribí sobre el silencio y los gatos. Remiauoooumius (en lenguaje felino: espero te guste)

    Dos gatos callan
    sueñan llenar el vacío
    con su silencio

    Maravilloso lugar. Por cierto, el del pantalón azul eres tú, no?

    Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      ¡Ese mismo! Como bien dices, Xabier, ya está todo dicho; creo que los que estamos por aquí coincidimos en ese punto y no hace falta más que mirarnos con complicidad silenciosa (valga el juego de palabras).
      El haiku me encantó y ya se lo pasé a una amiga no digamos amante de los gatos, sino ya fanática de los felinos.
      El sitio que visité es uno más de los increíblemente bellos que tiene este país; el cual se me está tornando inagotable.

      Un fuerte abrazo.

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