Un vaso de agua, por favor. Deslactosada, descafeinada y deshidratada.

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No puedo decirlo de otro modo: odio a la puta modernidad. Ya no se puede acceder a nada que sea puro, que sea algo en sí mismo; todo tiene que tener un agregado, un extra, un añadido. Antes de comprar algo hay que leer cada etiqueta con detenimiento ya que todo tiene, posiblemente, algo que lo modifica de alguna manera. Antes, por ejemplo, se compraba leche. Ahora hay que optar por leche entera, semidescremada, descremada, light, deslactosada. También hay café con leche y dentro de esta variedad tenemos café con leche clásico, sin azúcar, con vainilla. El viejo y simple café se ha transformado en un una búsqueda incesante entre café tradicional,  descafeinado, café con vainilla (me gustaría conocer a algún degenerado que prefiera el café con vainilla. Si el producto existe es porque existe el comprador ¿no?), capuccino, capuccino light, macciato, expresso, americano… La verdad es que ir a un supermercado, además de violento (me remito a Herbert Marcuse al decir esto) es cansador. Ahora, la última moda: el agua. Sí, el agua ahora viene saborizada y hay marcas más saludables o ¡sorpresa de sorpresas! más ricas que otras.

Si seguimos así dentro de poco, antes de ir a hacer las compras vamos a tener que tomar un curso de química o algo por el estilo.

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16 comentarios el “Un vaso de agua, por favor. Deslactosada, descafeinada y deshidratada.

  1. Javi-k dice:

    Yo debo ser de esos que beben café de vainilla. El otro día justamente probé uno y me pareció completamente absurda esa necesidad de buscar sabores nuevos. Cosas de los tiempos que vivimos, que son insufribles.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Para ser absolutamente sinceros, Javi, la entrada parte de la compra de un frasco de café con vainilla (creyendo que era café, es decir, tal como parece que debo llamarlo a partir de ahora, café tradicional). El absurdo de buscar nuevos sabores, es una necesidad que no comprendo. Si a alguien le gusta el café con vainilla, pues que le agregue dos gotas de la segunda al primero y listo ¿no? Y lo que dejé aquí fue más bien una síntesis algo graciosa; en algunos casos el absurdo llega a ser un Absurdo con mayúsculas.

      Un abrazo.

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  2. danioska dice:

    Vivimos el exceso del exceso, no nos conformamos con nada y cuanta más rápida la obsolescencia de algo, mejor. Aunque comparto tu mirada crítica, también reconozco que en algunos casos disfruto el rollito de la sorpresa perpetua, por ejemplo, en lo que tiene que ver con productos de diseño… Mea culpa.

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    • Borgeano dice:

      Tu amor por el diseño está más que entendido; lo sabemos. Por otra parte, lejos de mí el querer ponerme en el papel del Gurú de la Nueva Síntesis ni nada por el estilo. Soy consciente de mi intolerancia a todo lo que implica la modernidad desbocada (aunque como es lógico también tengo mis excepciones) y sólo la saco a relucir cada tanto, como terapia, digamos. Ya voy a hablar dentro de poco de la imposibilidad (para mí) de ir a un concierto o a un cine…

      Abrazos miles.

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  3. bgpolitan dice:

    Me encantaría compartir tu opinión de vivir en otro país. Por ahora, solo puedo compartir mi envidia hacia el inconformismo de aquellos que tienen tal sobreabundancia y diversidad, que simplemente no saben qué hacer con el excedente. En Venezuela, la escasez te obliga a comprar lo que haya si es que hay; ya quisiera yo poder quejarme de ese tipo de mercado. Pero así es el ser humano, al parecer nunca estaremos satisfechos

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    • Borgeano dice:

      Entiendo tu molestia; bgpolitan, pero no creo que tu crítica esté del todo justificada. Hay varios puntos a tener en cuenta en esta situación. Primero y por sobre todo: Que haya sobreabundancia de productos no significa que todos tengan acceso a ellos. Cuando en mi entrada hice referencia a Herbert Marcuse lo hice, precisamente, por ese motivo. Los supermercados pueden estar repletos de mercaderías, pero si la gente no tiene para comprarlos de nada sirve esa oferta masiva de productos. 2. El inconformismo de quien esto escribe no parte de una satisfacción exacerbada gracias a los “altos valores” de la modernidad capitalista; sino por el contrario, es una fuerte crítica a ella. Que en alguna otra latitud alguien la está pasando peor sólo puede hacer que me solidarice con ellos, pero no que mengue mi crítica. Según ese criterio tú tampoco deberías quejarte, ya que estás mucho mejor que la mayor parte de África, sin ir más lejos. Ambos sabemos que esto es una falacia y que tienes el derecho a quejarte y a criticar más allá de las diferencias que nos toquen en suerte de manera fortuita. 3. A veces cuesta comprender que hay que hacer concesiones personales en fin de un bien general. Desconozco el estado puntual que se está viviendo en tu país, pero enlazo esto con el punto 1; aquí es indistinto que haya veinte marcas y variedades de leche mientras que al mismo tiempo con sólo sentarte a descansar en la plaza central implica que de manera constante esté pasando gente de todas las edades y de todos los sexos pidiéndote una moneda para poder comer.
      No creo que los extremos políticos –tanto la extrema derecha como la extrema izquierda– sean los mejores sistemas para conducir a los países de manera justa y equilibrada. Por otra parte, el camino intermedio es extremadamente difícil de determinar ¿Dónde trazamos la línea política? ¿A cuánta distancia del centro? ¿Y hacia qué lado, izquierda o derecha? El problema es mucho más complejo que decidir si comprar leche entera o descremada mi estimado amigo.

      Con los mejores deseos para ti y tu país (al cual tuve la oportunidad de visitar hace ya demasiados años).

      Un fuerte abrazo.

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  4. Shira Shaman dice:

    Recuerdo haber visitado algunas poblaciones en las que lejos de las grandes transnacionales sobreviven tienditas familiares, en la plaza principal puedes comprar leche bronca, pan recién salido del horno de leña o un rico pozole teniendo como postre gelatina multicolor… Ese café de vainilla me suena a oportunidad de practicar una receta de Tiramisu, imagino que cuando lo compraste estabas pensando en otras cosas; creo que lo importante, al menos para mi ahora es disfrutar, si tengo arboles de limones haré limonada, ahora tienes un gran abanico de posibilidades, ¿ no crees?
    Abrazos Borgeano 🙂

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    • Borgeano dice:

      Es cierto, aquí en México aún sobreviven muchos de esos sitios donde las tradiciones mandan más que los grandes comerciantes; espero que dure mucho tiempo esa costumbre; aunque también esos grandes comerciantes suelen ser muy astutos a la hora de avanzar en esos territorios. Astutos y pacientes. En algunos de esos pueblos también se ha visto a mujeres cambiar su tradicional y bello rebozo por una tela ordinaria con un estampado horrible y vulgar. El avance de la modernidad es imposible de detener y tal vez no sea del todo deseable en algunos aspectos; la cuestión es dónde y cómo marcar el límite entre una y otra.

      Un abrazo, Shira.

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  5. Lilith dice:

    Con los yogures es una pasada, mientras miras el gran aparador con innumerables variedades la duda ante cual coger se acrecienta irremediablemente. Muy buenas entradas. Un saludo!

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    • Borgeano dice:

      Me hiciste recordar un estudio de no hace mucho tiempo, donde a un grupo de personas se les daba a elegir entre tres sabores de helados (los clásicos chocolate, fresa y vainilla) y a otro grupo se les daba la opción de elegir entre dieciséis sabores. Casi invariablemente el primer grupo tuvo mejores resultados en cuanto a los niveles de ansiedad y –aunque parezca mentira– de felicidad. Las opciones, cuando son excesivas se tornan contraproducentes.
      Además creo que hay algo intrínsecamente equivocado en que todo, pero TODO deba tener un agregado. Rápidamente te cuento la última con la que me topé: nosotros llamamos “picada” a esa comida o entrada en la que se sirven muchos platos pequeños con variedades de quesos y embutidos; en general suelen ponerse unos palillos o escarbadientes para tomar la comida en lugar de cubiertos. Yo tomé un pedazo de queso y sentí un sabor algo extraño. El dueño de casa me explicó que los palillos estaban saborizados con canela ¿No es demencialmente estúpido eso?

      Un abrazo y es un placer tenerte por aquí.

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  6. Lilith dice:

    Lo de los palillos con sabor lo desconocía, no saben que inventar para aborregarnos más de lo ya estamos. Ya nos cuesta decidirnos ante tanta variedad, podrían facilitar en lugar de complicarnos como lo hacen. Buen jueves!

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  7. Y más lamentable aún… que en grandes ciudades lo tradicional se está volviendo lujo… buen café, buen pan… y nada más que buen café y buen pan se encarecen por tener precisamente la etiqueta de “tradicional”…

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