El problema de todos.

sl29fo02Gracias a los buenos oficios de mi amigo José Agustín Solórzano, quien me recomendó la serie de novelas de Karl Ove Knausgård y que confía en mí tanto como para prestármelas; he comenzado la lectura del segundo de los siete volúmenes. En este caso se trata de Un hombre enamorado, libro en el que trata el tema de la paternidad propia, en contraposición a la paternidad sufrida en el primer volumen. Knausgård narra con detalle cada paso de sus hijos y de sí mismo en relación con ellos y eso me recuerda las críticas que solían hacérsele a Marcel Proust (con quien Knausgård ha sido comparado); pero no voy a detenerme en ello. En lo personal prefiero las páginas donde el escritor noruego se deja llevar por el estilo ensayístico, me gustan muchísimo esos largos párrafos donde analiza su vida y donde nos vemos representados todos en mayor o menor medida, porque si bien los vaivenes de sus hijas pueden ser triviales o no (según para quién) las reflexiones sobre la vida son las mismas que nos hacemos todos. En ese sentido, Karl Ove Knausgård, como buen escritor que se precie, es un hombre que es todos los hombres.

La primera de estas reflexiones la encontré en la página setenta y siete (sí, hasta aquí acompañé al escritor y sus niñas por un parque de diversiones y por una fiesta infantil) y en ella me vi a mí mismo un par de años atrás. El sinsentido de la vida y la obligación o la necesidad de continuar con ella parece ser un tópico común en la vida de un hombre de cuarenta años. Knausgård lo dice así:

“[…] Y la vida cotidiana se desarrollaba entremedias. Quizá por eso me resultaba tan difícil vivirla. La vida diaria con sus obligaciones y rutinas era algo que soportaba, no algo que me hiciera feliz, nada que tuviera sentido. […] De manera que la vida que vivía no era la mía propia. Intentaba convertirla en mi vida, ésa era la lucha que libraba, porque quería, pero no lo conseguía, la añoranza de algo diferente minaba por completo todo lo que hacía.

¿Cuál era el problema?

¿Era ese tono chirriante y enfermizo que sonaba por todas partes en la sociedad lo que no soportaba, ese tono que se elevaba de todas esas pseudopersonas y pseudolugares, pseudosucesos y pseudoconflictos a través de los que vivíamos nuestras vidas, todo aquello que veíamos sin participar en ello, y esa distancia que la vida moderna había abierto a la nuestra propia, en realidad tan indispensable, aquí y ahora? En ese caso, si lo que yo añoraba era más realidad, más cercanía, ¿no debería ser aquello que me rodeaba lo que perseguía? Y no al contrario, ¿desear alejarme de ello? ¿O acaso era ese rasgo de prefabricado de ese mundo a lo que reaccionaba, esa vía férrea tan rutinaria que seguíamos, que hacía todo tan previsible que nos veíamos obligados a invertir en diversiones para poder sentir un atisbo de intensidad?”

sinsentido_de_pensamientos1

La síntesis del absurdo la encuentro en esas cuatro categorías perfectas: “pseudopersonas y pseudolugares, pseudosucesos y pseudoconflictos”; y el final reconociendo la necesidad del entretenimiento para poder evadirse de esa realidad que resulta opresiva si no se le da un cauce creativo o personal. Al igual que en el primer volumen, Knausgård promete páginas más que interesantes entre estas más de seiscientas que tengo entre manos. Veremos qué es lo que me depara a continuación.

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6 comentarios el “El problema de todos.

  1. Cada día se ve más preciso que somos muchos los que nos movemos por los mismos senderos.
    Un abrazo.

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  2. Gina_Nefel dice:

    Gracias por compartir tu lectura. No conocía a este autor pero comparto su opinión acerca de la pseudovida que todos intentamos llevar. Desde luego esto se convierte en un gran problema social. Un Saludo.

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    • Borgeano dice:

      Es un placer compartir textos como éste (aunque repito lo que dije de Kanusgard cuando comenté el primer volumen de la serie: que es un buen escritor, no cabe duda de ello; pero yo lo prefiero como ensayista que como cronista. Son, claro está, puntos de vista personales y subjetivos) y me alegra saber que llega a buen puerto cada tanto. El asunto de la vida y de la pseudovida es un tema complejo y más que actual, espero que nosotros estemos más en el primer círculo que en el segundo.

      Un abrazo.

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  3. Por algo hay tantas frases trilladas que comienzan con “La vida es eso que pasa mientras…” y que cada uno acaba como le da la gana.

    Un saludo.

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    • Borgeano dice:

      Según tengo entendido, la frase original es de John Lennon y dice “La vida son las pequeñas cosas que nos pasan mientras estamos ocupados en las grandes cosas”, la cual no me parece una mala frase aunque, como bien dices, luego el uso y abuso (y la manipulación idiota) hacen que se vuelvan algo trillado y más afín a la filosofía “facebook” que a una verdadera fuente de pensamiento. Lo vulgar ha tenido, desde el mediados del siglo XX, una publicidad y un apoyo que a conseguido, al fin, lo que parecía imposible: que el verdadero arte ahora esté amenazado por las inagotables olas de la estupidez. Benditos sean los rincones y las buenas amistades.

      Un abrazo.

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