Calaveritas de azúcar y flores de cempazuchitl

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La relación que mantienen los mexicanos con la muerte es por demás particular, eso ya es por todos sabido. En lo personal me parece, por momentos, por demás sana, ya que en algunos casos veo que se le quita a la muerte ese velo de superstición que suele envolverla; en otros momentos me sabe a todo lo contrario, ya que he podido ver cómo en lugar de encontrar algún tipo de paz, estas celebraciones parecen ahondar en un dolor improducente. Todo depende, claro está, de a quién uno tenga delante. De todos modos, creo que la cultura mexicana es única en este aspecto y en líneas generales la festividad me parece maravillosa.

Por primera vez visito un cementerio de noche. A pesar de todo lo que significa la festividad del día de muertos fue una noche, si se me permite, entretenida. Como dije antes, salvo en casos particulares, la gente suele tomar esta fecha de una forma mucho más relajada de lo que solemos pensar quienes no somos mexicanos. Aun así me negué a tomarme una foto entre las tumbas; me pareció una falta de respeto. Lo que para mí es curiosidad para otros puede bien ser una noche de profundo pesar; así que preferí  tomar algunas fotos generales y siempre y cuando no molestara a nadie con ello. Sin duda, la ceremonia es por demás curiosa. Esta noche (la del 31 de octubre) es la noche en la que se velan a los niños difuntos y en el panteón, además de las personas que pasan la noche allí acompañando a los pequeños que ya han abandonado a este mundo, nos encontramos con una banda de música que tocaba junto a los familiares de un adolescente que parecía haber muerto hacía poco tiempo, vimos tumbas decoradas con las clásicas flores naranjas (flor de cempazuchitl) donde pendían dulces, galletas y juguetes; cientos o miles de veladoras iluminando parte de la noche; fogatas encendidas para paliar el frío; vimos grupos donde se convidaban con bebidas calientes entre vecinos o donde se oían los rezos entre los acordes de otra banda que tocaba en el otro extremo del cementerio. Para alguien que recién está aprendiendo a reconocer el valor cultural de lo que tiene delante, ver en mitad de la noche la tumba de un niño rodeada por la risa de otros niños que jugaban en la oscuridad que nos envolvía no dejó de ser un hecho por demás curioso, particular y, sobre todo, digno de ser considerado como algo decididamente especial.

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11 comentarios el “Calaveritas de azúcar y flores de cempazuchitl

  1. MJBeristain dice:

    Me ha gustado tu relato cargado de detalles. Tanto, que me hubiera gustado compartir aquella noche impresionante… un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Muchas gracias, MJ; sé que hubieses disfrutado muchísimo de esa noche especial. La (buena) curiosidad es algo que nos hermana y estoy seguro de que hubieses conseguido material para un buen par de entradas a tu blog.

      Un abrazo.

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  2. Y es que la muerte es lo que más nos acerca a la vida.

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    • Borgeano dice:

      Claro que sí; el concepto de muerte, bien entendido, es fundamental para comprender e incluso, aunque parezca contradictorio, para disfrutar de la vida. Eso no es fácil de aceptar para la mayoria; pero no cabe duda de que es así.

      Un abrazo.

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  3. He vivido varios años esta fiesta en Michoacán, y por eso me ha gustado tanto tu disertación porque me has hecho recordar esa Velación de Angelitos en Janitzio, por ejemplo, las flores, los cirios, el pan de muerto… Preciosas las fotos. Gracias, amigo. Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Sé de tus buenos recuerdos de este país que cada día me enamora más y sé que de haber estado por aquí hubiésemos podido compartir unos días inolvidables. Como dije en la entrada, es la primera vez que puedo visitar un cementerio de noche y tuve la suerte de que este fue el de Tzintzuntzan, es decir uno de los sitios tradicionales de esta celebración. Me considero afortunado en grado sumo.

      Un fuerte abrazo.

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      • En mi último viaje a Michoacán estuve en Tzintzuntzan, en la noche de muertos y realmente es como un jardín de cirios, de gente… Es impresionante verlo por primera vez. Cuando lo conocí por primera vez fue en Ihuatzio. En la distancia comparto tus vivencias. A ver si el próximo año coincidimos. Un fuerte abrazo.

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  4. Algunas culturas estamos equivocadas en la forma de afrontar la muerte, no queremos admitir que forma parte de la vida. El dolor existe para todos, pero la actitud es lo que puede cambiar. En Armenia descubrí que los cementerios son bellos lugares de reunión, junto a muchas tumbas hay instalados bancos y sombrillas metálicas para pasar la tarde merendando o comer la familia reunida junto a la persona difunta, allí se conversa, se ríe, se bebe, se celebra, comen bombones y beben vodka, y también le dejan al difunto junto con flores y otros regalos, y una vez terminada la botella rompen el cristal contra el suelo como porque simboliza la pérdida del miedo. El difunto suele estar retratado en la piedra (esta moda es nueva, creo, la he visto en más lugares del este europeo entorno a Rusia), lo cual a veces es agradable pero otras resulta un tanto macabro (sobre todo cuando son personas difuntas antes de la edad propia). En fin, mi cultura hace de la muerte un gran trauma, y lo que nos faltaba, encima ahora el día de todos los Santos, se ha convertido en Halloween, Si mi abuela levantara la cabeza…

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    • Borgeano dice:

      Creo que, en líneas generales, la mayoría de las culturas tiene un enfoque poco práctico y realista de la muerte. Lo que dices de “la muerte como un gran trauma” es algo casi universal y si bien es comprensible que el dolor por la pérdida de un ser querido implique una determinada dosis de pena, creo que de educar a las personas en otra forma de encarar este problema podría ser muy útil para mitigarla o para que el proceso del duelo sea más sano y menos traumático. No cabe duda de que es un tema complejo, pero no por ello es menos plausible de ser llevado adelante. En Argentina también tenemos esa mirada demasiado traumática (como que nuestras raíces son las mismas, claro está) y poder ver de primera mano esta nueva forma de ver a la muerte me ha despertado no pocos pensamientos y reflexiones.

      Un fuerte abrazo.

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  5. María dice:

    Como bien dices, el acercarnos a la muerte de la forma que cuentas, festiva, es una manera de contemplarla como lo que es, el final de un ciclo que tenemos que asumir como ineludible.
    Estupendos tus detalles.
    Besetes, amigo mío.

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    • Borgeano dice:

      Es claro que el tema de la muerte es complejo, personal, variado, extenso. Pero si ya sabemos que el enfoque doloroso, pesimista y traumático no ha servido para nada ¿Por qué insistir en él? Tal vez, como bien dices, viendo a la muerte de un modo más natural podamos aceptarla de otra forma y elaborar el duelo con menos daño psicológico. No deja de llamarme la atención, por ejemplo, que las personas religiosas, que supuestamente son quienes deberían estar más tranquilas al respecto, son las que más miedo tienen a la muerte; o las que la encaran con un mayor grado de superstición. Sin duda, los seres humanos somos unos bichos bastantes raros…
      Besos mil.

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