Todo es diálogo

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En un jardín en Ōtsuchi, en la prefectura de Iwate, en la costa este de Japón, se encuentra una cabina telefónica inoperativa que ha sido utilizada por más de 10.000 personas desde el terremoto de 2011 y el tsunami que mató a 15.000 personas y desplazó a cientos de miles más. La cabina, conocida como “Kaze no Denwa Box”, fue construida por Itaru Sasaki, de 69 años, para que los residentes locales puedan comunicarse con sus seres queridos que están muertos o desaparecidos. Sasaki nunca conectó la línea, pero las personas que van allí todavía usan el teléfono para hablar con los difuntos, o escriben mensajes en un bloc de notas, confiando en que el viento los llevará a sus destinatarios.

Supongo que en un entorno tan afectado, podría haber sido fácil percibir esta cabina telefónica desconectada como un proyecto de arte caprichoso e inconmensurable, sobre todo teniendo en cuenta la escala de pérdida experimentada por los sobrevivientes; pero por lo que leí todo lo contrario ha ocurrido, y en los últimos años ha habido un flujo constante de visitantes a la cabina, tanto de Ōtsuchi o de otras partes de Japón. Tal vez proporciona un término necesario a la ecuación; tal vez brinde a quienes han quedado aquí un destino en un lugar marcado de manera específica por la erradicación de aquello que nos parece sin sentido. Quizás sea que un antídoto contra la tragedia sea una belleza inútil o quizás simplemente lo que sea necesario es lo fútil en sí mismo.

Un frío me corre por la espalda al pensar que tal vez los muertos tengan su propia cabina allí donde estén y que el viento ha traído hasta mí una de esas notas; una nota que sólo dice aquí estoy.

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11 comentarios el “Todo es diálogo

  1. Javi B. dice:

    Los japoneses, aunque estén cada vez más occidentalizados, siguen siendo bastante diferentes. Proyectos como éste lo demuestran. La verdad que es muy triste que la gente vaya a hablar con sus difuntos en esa cabina. En cualquier caso, me parece una propuesta muy buena.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      La muerte, ese gran tema de la humanidad, sigue interpelándonos más allá de cualquier avance científico o moral. Fíjate, sin ir más lejos, en el final que le di a la entrada; un final que me sorprendió a mí mismo, ya que soy un completo creyente en un fin absoluto de la vida; sin embargo, de alguna manera, mis muertos queridos (sobre todo mi padre) me interpeló desde ese “más allá”. Claro está, soy yo quien se interpela a sí mismo, pero ese juego dialéctico no deja de ser real y necesario. Tal vez allí resida el sentido de esa cabina, después de todo.

      Un abrazo.

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  2. Mª Yolanda Gracia López dice:

    Me has puesto los pelillos de punta con ese final … pero me ha gustado mucho la idea de la cabina, esa belleza de lo inútil puede ser el único lazo, la única conexión que calme el dolor de los que siguen aquí. Mucho, me ha gustado mucho.

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    • Borgeano dice:

      Pues yo le sigo dando vueltas al asunto. El final me sorprendió a mí mismo (la belleza, el encanto de escribir ¿no? Saca cosas de adentro nuestro que ni nosotros sabíamos que allí estaban) y ya que lo destacas tú, a ti reconoceré que terminé de escribirlo con un fuerte sensación de angustia. La figura de mi padre rondaba esas palabras y, aunque no creo en ningún más allá, creo que el diálogo con los muertos está dentro nuestro; como una necesidad intelectual o sentimental, pero allí está, de un modo u otro.
      Me alegra saber que te ha gustado esta entrada que al principio fue sólo un querer compartir un dato curioso y que terminó desnudándome un poco.

      Un abrazo.

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      • Mª Yolanda Gracia López dice:

        Más que una necesidad intelectual, si me lo permites, yo lo veo como una necesidad de las entrañas literal y metafóricamente. Sabemos objetivamente que no están, pero algo en nosotros se resiste a renunciar a ese diálogo (aunque sea un monólogo, que es una forma de escucharnos). Saludos, querido compañero. Me ha gustado mucho este asunto. ¿Por qué no permitirnos algo “bello” al margen del puro pragmatismo?

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      • Borgeano dice:

        Sí, es probable que tengas razón. Cuando hablé de “necesidad intelectual” me refería a esas veces en que uno reflexiona sobre la muerte como tema en sí; es decir, lo hacía desde la perspectiva de la filosofía; aunque bien pensado, esa variante no se aplica del todo aquí, así que cedo el punto: en estos casos es una necesidad “de las entrañas” como bien dices.
        En cuanto a permitirnos algo bello sólo porque sí ¡pues claro! Creo que no tenemos otra salida si queremos vivir un poco por fuera de lo negativo de la vida.
        Sólo hay dos cosas importantes en la vida de una persona: los temas del amor y los temas del conocimiento; lo demás es hojarasca (cuando hablo de conocimiento me refiero al arte por sobre todas las cosas; luego entra en efecto el término “conocimiento” en el resto de su acepción).

        Otro fuerte abrazo para matizar la tarde.

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  3. ¿Quien sabe donde, cómo, cual es el lugar para comunicarse? Nunca había oído algo igual. Me resulta muy original y respetable. También muy interesante ya que nada hemos vuelto a saber de ellos… Mi abrazo fuerte.

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    • Borgeano dice:

      A riesgo de caer en una cursilería, me atrevo a decir que el momento es ahora y el lugar es aquí, en nuestro corazón. Con esto que acabo de decir y que sí es muy cursi, sólo quiero señalar que el momento y el lugar es donde estemos y donde sintamos esa necesidad de contactarlos, de hablarles, de despedirnos otra vez, si así fuera necesario. El diálogo con nuestros muertos (y lo dice alguien que no cree en ningún tipo de más allá) es una necesidad espiritual o intelectual de nosotros, los que estamos aquí, aún viviendo. Tal vez eso sea lo que justifique esa cabina telefónica.

      Abrazo apretado.

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  4. danioska dice:

    La necesidad de comunicarnos con lo invisible atraviesa como un hilo la historia. Me haces pensar en los FB de personas muertas, en los que familia y amigos dejan recados en cada cumpleaños o fecha importante. Incluso hay empresas a las que puedes contratar para que administren tus redes sociales cuando mueras: firmas un contrato, pagas una cantidad equis y les dejas tu Passwords. ASí, cuando estás muerto, ellos postean a tu nombre los mensajes que quieras comunicar a tus hijos, tu pareja, tus amigos. De ese modo puedes seguir “vivo” por muchos años.

    No nos resignamos a morir del todo, ni nosotros mismos ni, mucho menos, quienes nos rodean. Ya lo decía García Márquez: lo único malo de la muerte es que es definitiva.

    Por cierto, la idea de que mi padre muerto tenga una cabina desde la que mande mensajes me parece de una belleza que casi duele.

    Gracias. Besos.

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    • Borgeano dice:

      Me sinceraré contigo porque sé que serás quien me entenderá con mayor precisión: el final de la entrada salió solo, como esas cosas que disfrutamos al abocarnos a la escritura, es decir, al encuentro de estos hallazgos fortuitos. La idea de que mi padre estuviese enviándome una de esas notas (esa fue la idea central, claro está; fui consciente de ello y el segundo paso fue pensar de inmediato en ti porque sentí que esa sensación iba a ser compartida de una modo tan fuerte como yo la sentía en ese momento) me dejó con un fuerte sentimiento de angustia y de dolor; el cual no se minimiza cuando escribo esto.
      Sé que el diálogo con los muertos es un diálogo íntimo y personal con nosotros mismos; es una necesidad sentimental o intelectual que debemos llevar adelante de una u otra manera y éste ha sido –para mí– un caso curiosísimo, ya que en un primer momento sólo quise compartir un hecho curioso y terminé cuestionándome cosas que ni siquiera consideré en un principio.
      Lo que dices de FB y demás no me sorprende; es sólo una variante más de la practicidad de ciertas personas para encontrar la forma de hacer negocios aun con los muertos (yo conocía otras variantes; como empresas que envían tarjetas o flores, de parte de los muertos, en ciertas fechas a quienes quedaron vivos. La verdad es que eso me parece atroz ¿te imaginas una viuda recibiendo flores del finado marido años después de que este se fue? ¡Dejen que la gente rehaga sus vidas, diablos ¿no jodieron lo suficiente en vida? En fin, que casi es tema para un post en sí mismo).
      Por último, yo debo ser medio extraterrestre, porque sí me quiero morir del todo. Claro, no ahora, que me queda tanto por ver, mirar, leer, besar, recorrer… Pero cuando el momento llegue, al diablo con todo. Que me olviden y que sigan con sus vidas lo mejor que puedan.
      Y aunque suene contradictorio

      Myosotis.

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      • danioska dice:

        Lo que cuentas no me sorprende, las ausencias paternas de ambos se nos cuelan con frecuencia en la escritura, la manchan de matices que no estábamos esperando. A mí no me causó tristeza ni angustia la posibilidad de que mi padre me mandara un mensaje, al contrario, me gustó mucho.
        En cuanto a FB y demás “formas de supervivencia” tampoco soy muy normal, por lo que se ve: no quiero quedarme dando lata una vez que me haya muerto. Es decir, nada de mandar mensajes desde la otra dimensión. En eso, debo decir, mi padre ha sido muy respetuoso: en 32 años no ha mandado ni una sola señal. Claro, alguien me dirá que es porque no tenía FB pero ¿a poco no podía inventarse uno?
        Y dale. No. Never.

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