El Test de Rorschach bloguero

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Ayer, mientras dejaba un comentario en el blog de Ana Fernández; alguien requirió mi atención por unos minutos y, al regresar, me di cuenta de que lo que iba a decir había desaparecido de mi mente. Volví a leer su texto y, con otras palabras, completé mi comentario. Hace un par de días, Xabier Novella subió una entrada que sólo consistía en una imagen, sin embargo no pude menos que dejar un comentario tangencial medianamente extenso. Lo curioso del caso es que ambos comentarios fueron diametralmente opuestos porque, más allá de la entrada de estos amigos, mi estado anímico había cambiado de un día para el otro de manera tajante. Se lo dije a Ana ayer: “¿Ves? Hay que analizar cada poema. Por un lado podemos ver con mayor profundidad dentro de él, por otro lado, sacamos de nosotros algo que a veces ni siquiera sabemos que está allí”. Y ése es el punto: noto que, al menos en lo personal, leer los textos amigos hace que este deambular se convierta en una especie de Test de Rorschach literario, donde lo que termino diciendo señala más hacia mí mismo (o saca más de mí mismo) que lo que supuestamente quise decir. Claro, todo esto tiene sus límites. Como sabe quién pasa a menudo por aquí, me encuentro bien lejos de toda la tontería psicoanalítica; así que esto del Rorschach literario hay que tomarlo con pinzas. También es parte de un juego mayor que pocas veces comprendemos (¿quién puede decir con seguridad que lo que dice es lo que quiere decir o que las palabras son la herramienta adecuada para expresarnos con la debida propiedad?) pero que debemos seguir jugando con placer mientras estemos por aquí, rodando por las dos vidas que nos han tocado en suerte: la real y la virtual.

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10 comentarios el “El Test de Rorschach bloguero

  1. En infinidad de ocasiones, me ocurre que defiendo un argumento y mi interlicutor recibe algo que nada tiene que ver con lo expuesto. Hace unos días, dos personas completamente distintas entre sí, me daban una explicación a un problema, de dos formas completamente opuestas. Es muy complicado explicar lo que hay en nuestra mente a través del lenguaje y el que recibe el mensaje puede que lo entienda más o menos como nosotros, pero es fácil que no sea así. Ni siquiera en dos personas que se conocen profundamete ocurre ese entendimiento al cien por cien. Y luego, con alguien al que no has visto en tu vida, con el que hablas sin hablar porque lo haces a traves de la la palabra escrita en un blog o en un chat, ocurre el milagro y te entiendes a la perfección. Y es que hay una ventaja en esto, bueno varias.
    En primer lugar, aquí nadie interrumpe, una escribe y escribe y nadie corta, de manera que exponer todo el argumento es sencillo.
    En segundo lugar, el que recibe, no puede estar dándole vueltas a su cabeza para responder mientras el otro expone, porque no lo recibe todo hasta el final. Esto permite que cuando le llega el mensaje, ponga atención plena para entenderlo.
    Y en tercer lugar, aquí escribimos y antes de pulsar el botón de “enviar”, repasamos, al menos yo, y eso permite rectificar si algo no suena bien o puede ser malinterpretado.
    En cualquier caso, nos entendemos Rober, ya lo sabes. Gracias por tu mención y por estar, sí, muy lejos pero cerca. Besos literarios

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    • Borgeano dice:

      Es un excelente punto el que tocas, Ana; y tienes razón en la forma en la que analizas las diferencias entre ambas formas de diálogo (lo cual no deja de ser bastante triste ¿no? En líneas generales tienes razón al decir que la gente, frente a frente, no se entiende ¡Y es precisamente cuando debería ser más fácil lograrlo!). Que dos personas no se pongan de acuerdo no es alarmante; la diversidad de opinión es loable, pero lo curioso y triste es que ni siquiera se entiendan o, peor aún, que ni siquiera entiendan que el otro tiene el derecho a pensar de manera diferente.
      Repito que me parece perfecto el análisis que haces de cómo se desarrolla el diálogo aquí, por la red, pero de todos modos creo que hay algo más, un plus, un extra que hace que podamos comunicarnos de una forma y de la otra. Me ha pasado que a veces tampoco he podido comunicarme bien por aquí ya que de la otra parte no entienden lo que digo. A veces me digo “¿qué es lo que leyó? ¡Yo no dije nada de eso!”. Creo que si pudiésemos tener una charla personal no tendríamos ningún problema para entendernos a la perfección; y eso es porque hay un respeto y un cariño hacia el otro que hace que el diálogo fluya y que uno quiera escuchar lo que el otro dice y tiene para decir. Los sordos los encontramos en todos lados, aun en línea. De todos modos, sigo pensando en que, en un alto grado, tienes razón: aquí el diálogo es más pausado y tranquilo, y eso ayuda (también ayuda que uno visita a quien quiere visitar; cosa que no siempre logramos en la vida real. Digamos que yo voy a casa de Pedro con quien me llevo más que bien, pero allí está Raúl, que me cae más pesado que sopa de mercurio… entonces…).
      Demos gracias al cielo por los entendimientos y por los azarosos encuentros que nos han puesto en el camino del otro. Y brindemos por las futuras singladuras.

      Besos miles.

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  2. Me quedo con una frase tuya, Borgeano, y no porque desdeñe el resto de cuanto de interés planteas en tu artículo… “hay que analizar cada poema”. Entiendo que la poesía es enigma; aunque tenga altas dosis descriptivas siempre guarda secretos que sólo conoce quien la escribe. La poesía cuando se da a conocer ya no pertenece a quien la escribió sino a quien la lee e interpreta y la hace suya. Personalmente no analizo la poesía de nadie (y más la poesía libre); me gusta o no, la siento o no…me estremece, me alegra, la admiro, me deleito, la rechazo o me deja indiferente.
    Para analizar la poesía, especialmente la sometida a métrica, dejo a los expertos.

    Hoy cuando miro por la ventana siento la poesía melancólica del invierno, sumida en una fría niebla que llora.

    Gracias, buen fin de semana y un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      No veo por qué mi respuesta no aparece en la casilla que le corresponde, Isabel. Espero que de todos modos la veas, porque no quiero que un tema tan interesante quede sin la debida respuesta.

      Un abrazo.

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  3. Borgeano dice:

    Estamos de acuerdo, al menos en un primer momento, en que la poesía se siente o no se siente; gusta de entrada (golpea, tal vez) o no lo hace; pero luego, en lo personal, la necesidad de analizar (en cierto grado, tampoco soy un experto en el tema) se me hace necesario. Podríamos ejemplificar esto con la pintura, la cual tiene, al menos en este aspecto, las mismas cualidades: o gusta de entrada o no gusta. Punto. Pero, insisto, al menos en mi caso, analizar la obra o averiguar luego datos específicos sobre el autor o sobre la época en que fue creada la obra, hace que pueda acceder a otras capas de sentido que me permiten ver a esa obra bajo otra luz, generalmente más rica.
    De los blogs amigos que visito y que se abocan a la poesía, veo marcadas diferencias que me hacen notar que el acto de analizar esos poemas se me haga más o menos necesario según el caso (e insisto, Isabel, en un primer momento estoy de acuerdo contigo: la poesía tiene que haberme gustado primero casi de una forma física). la poesía de Julia Santibáñez es generalmente breve, con muchas imágenes ricas y un marcado acento erótico. Julie Sopetrán maneja varios registros y su poesía es directa y sensible, casi bucólica. Carmen Teigeiro juega mucho con imágenes surrealistas que funcionan muy bien dentro de su propio esquema; Ana Fernández es clásica y lírica en sus temas y libre en su métrica; Xabier Novella maneja metáforas más complejas y en su poesía subyace una fuerte línea matemática (Xabier ha llegado a escribir poemas basados en fórmulas matemáticas, como la secuencia de Fibonacci); y tú, Isabel, tal vez sea con la que más me identifico, ya que ambos –dentro de nuestras diferencias, claro está– manejamos de forma similar un aspecto muy importante: utilizamos un lenguaje llano, sin términos complejos o grandilocuentes pero nuestros textos tienden a ir un paso más allá; nuestros poemas suelen decir un poco más de lo contenido en las palabras que los forman. Recuerdo el último poema tuyo que leí y me sentí plenamente identificado, ya que tocabas un tema político, cosa que, además de la poesía en sí, me parece maravilloso; no solo la forma, sino el contenido… Es la eterna cuestión de si la poesía tiene que “servir para algo” o “estar al servicio de…”, etc. Creo que coincidiremos también en este punto: quien quiera escribir sobre una flor, que lo haga; quien quiera escribir sobre la revolución, que lo haga. En la poesía entramos todos, por suerte.
    Bien, perdón por lo extenso del comentario, pero es un gusto poder dialogar con alguien que escucha y habla con propiedad.

    Un fuerte abrazo.

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  4. Mª Yolanda Gracia López dice:

    ¡Qué interesantes todas vuestras reflexiones! Comparto la mayoría de lo expuesto y, sin redundar, me gustaría dar mi opinión, con una pequeña anécdota. Hace muchos años, en la Facultad, en clase de crítica literaria con el extraordinario profesor José Carlos Mainer, analizamos un poema, de Gil de Biedma. No recuerdo ahora mismo cuál era. Después de exponer cada alumno nuestras ideas sobre el poema, él nos contó que, cuando Gil de Biedma lo publicó muchas fueron las interpretaciones pero, hubo una que le entusiasmó especialmente, aunque estaba muy alejada de su intencionalidad original. Esa interpretación, para él, era la que dotaba al poema de sentido, lo hacía hermoso y definitivo (la adjetivación es mía).
    A mí me sucede a veces: mis lectores completan el poema (que , por cierto, es suyo en el momento de leerlo si les “llega” de verdad). Otras veces ven ideas que yo en ningún momento he querido reflejar y, otras, intentan buscar la razón personal del autor-a, que, por supuesto está ahí, pero que no debe -pienso yo- condicionar su lectura.
    Y´, ¡claro que sí! “la poesía es un arma cargada de futuro”, somos seres íntimos e intimistas, pero también somos seres sociales y cada uno expresa lo que puede como puede.
    Saludos y un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      La anécdota es estupenda y es sintomática del tema que estamos tratando. Estoy de acuerdo en que, como dices, cada uno expresa lo que puede y como puede. Por mi parte me vuelco más del lado de la interpretación con límites; a veces la libertad absoluta de interpretación puede llegar a ser peligrosa (nosotros estamos tratando temas netamente literarios; pero si vemos lo que hacen ciertas personas con sus interpretaciones literales de los “textos sagrados” y lo que luego justifican con ello vemos que el asunto es bastante más complejo en ciertos casos).
      Me da mucho gusto que te hayas sumado al debate; sobre todo con tan buenas letras.

      Un abrazo.

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  5. Aunque parezca mesita “escribimos con las tripas”. Nuestros sentimientos tiñen todos nuestros actos y lógicamente, también nuestros textos. No te sorprendas amigo. Un abrazo.

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