Mil cumbres

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El paisaje desde Mil cumbres, quita el aliento. Montaña tras montaña tras montaña. Allí abajo los valles entre cada cadena y nosotros en la cima de otra montaña que sería vista desde lejos tal vez como una sombra más o menos lejana. La casa donde estábamos tenía una vista de ciento ochenta grados; es decir que veíamos todo el paisaje desde el norte hasta el sur, con el oeste frente a nosotros. Almorzar con esa vista fue algo magnífico y debo reconocer que fui el último en sentarme a la mesa, ya que cuando el dueño de casa, al poco tiempo de llegar, nos invitó a sentarnos, yo agradecí la atención pero me quedé parado donde estaba. Lo único que quería era mirar y mirar y mirar.

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A media tarde dimos un paseo por el bosque, haciendo crujir las hojas secas de pino a nuestro paso. Nos volvimos niños en los columpios que Alfredo tiene colgados de altísimos árboles y visitamos su pequeña casa, en la parte trasera de la misma montaña. Al caer el sol nos preparamos para irnos, pero por suerte no lo hicimos de inmediato, sino que estuvimos por allí casi una hora más. Eso fue suficiente como para poder ver uno de los atardeceres más bellos de los que tenga memoria. Sé que las fotografías que tomé no alcanzan a transmitir lo que tenía frente a mis ojos (en ese sentido, toda belleza es inefable), aun así, tomé varias, al menos para poder recordar a partir de ellas. Luego guardé la cámara y me dispuse a ver, sólo ver en silencio (y eso en la medida de lo posible, ya que parece que la gente no puede permanecer en silencio por demasiado tiempo y las conversaciones se sucedían una a otra, inevitables). A medida que el sol se iba poniendo, las cadenas montañosas se iban tiñendo de una degradé más o menos oscuros según la distancia. Venus apareció hacia el norte, más brillante que nunca (y esto según yo, que suelo verlo desde una ciudad. Venus, allí, siempre brilla de manera notable).

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Cuando ya los últimos tonos de rosa y naranja se perdían definitivamente bajo el horizonte, regresamos.

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17 comentarios el “Mil cumbres

  1. luluviajera dice:

    Me encantó. Me gustó mucho como lo describes; en verdad es algo que a pesar de verlo muchas veces no deja de sorprenderte. La naturaleza y el mundo en el que estamos es algo que muchas veces no apreciamos; estamos tan preocupados hablando o pensando en cosas de política o de sociedad que nos olvidamos de llenarnos de todo lo maravilloso que tenemos frente a nosotros. Me gusta que el paseo te haya inspirado algo tan bello.
    Un beso.

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    • Borgeano dice:

      Gracias, Lulú; es cierto eso de que ha veces la gente no le presta atención a lo que tiene alrededor por andar hablando de cosas triviales. Es una pena, pero ellos se lo pierden, después de todo.

      Besos.

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  2. Mª Yolanda Gracia López dice:

    ¿Dónde se encuentra exactamente este lugar tan increíble?
    Saludos

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    • Borgeano dice:

      En el estado de Michoacán, en México. Está a sólo media hora de la ciudad de Morelia (donde estoy viviendo en este momento) y es increíble que mucha gente no lo conozca. En realidad el estado de Michoacán es asombroso por la cantidad y variedad de bellezas naturales que contiene. El domingo ya me invitaron a un sitio único (y es único sin ningún tipo de soberbia, ya les hablaré de él la próxima semana).

      Un abrazo.

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  3. Cuando uno contempla paisajes como estos la cámara nunca llega a reflejar lo que aprecian nuestros ojos conjugados con el sinfín de emociones que les acompañan.
    Entiendo el placer que causa escuchar los silencios de la naturaleza y lo mal que sienta cuando alguien inoportunamente los rompe.
    El cielo es otro y todo en él brilla mucho más… ¡ay ese lucero hermoso!

    Agradezco que hayas compartido con nosotros este “Paisaje de las mil cumbres” que tanto he disfrutado.

    Buen día y un feliz abrazo.

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    • Borgeano dice:

      La cámara es sólo un accesorio, eso es algo que la gente a veces olvida. Es un accesorio magnífico, pero no por eso deja de ser algo secundario. No hay nada que nos permita captar la magnificencia de un sitio como ese, ni siquiera la propia percepción, la cual no sirve “para después”; de allí la importancia de dejarse llevar por el momento y saborear todo eso que nos rodea sabiendo que ese instante es único e irrepetible. Me invitaron a volver cuando quisiera y seguramente lo haré en algún momento; pero no será lo igual (por suerte): yo no seré el mismo, el clima no será el mismo, la compañía no será la misma… ¡Todo instante es maravillosamente nuevo!

      Un fuerte abrazo.

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  4. cristinafra dice:

    Que puedo decir, solo que tus palabras me han han hecho sentir ese momento evocando mis propios recuerdos.
    Fantastico reportaje!!

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    • Borgeano dice:

      ¡De un viajero impenitente a otra viajera maravillosamente curiosa! Eso es lo que tal vez nos permita leernos con más precisión y sentimiento. Aunque no conozcamos personalmente el sitio del que el otro está hablando podemos entender el cúmulo de sensaciones que se sienten. El domingo estoy invitado a un sitio único en el mundo (como dije más arriba, dicho sea esto sin intenciones de soberbia). Ya les contaré los detalles la próxima semana.

      Un abrazo agradecido por tus palabras.

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    • Borgeano dice:

      No cabe duda de que he sido muy afortunado al detener mis pasos en el estado de Michoacán (bueno, el azar lo hizo por mí, pero por lo visto le caigo bastante bien, porque hasta ahora me ha regalado cosas maravillosas). México es un país de maravillas, sin duda, pero este estado ha acaparado unas cuantas para sí mismo.

      Un abrazo.

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  5. […] dije hace poco tiempo, al hablar de Mil Cumbres (estamos dentro de la misma zona, sólo que un poco más lejos; incluso la ruta que tomamos fue la […]

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  6. […] principios de este año me invitaron a un lugar indeterminado que se llama Mil cumbres. Digo indeterminado porque no es un pueblo ni una locación, sino una zona amplia cuyos límites […]

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  7. Arpon Files dice:

    Soy michoacano y hasta antes de los nuevos caminos, especialmente la autopista, que llevan a Morelia, mi hermosa capital, era paso obligado cuando se llegaba desde o se iba a las ciudades que se encuentran rumbo a la ciudad de México. Paisajes impresionantes que, en general se pueden apreciar en muchos lugares de Michoacán. Aún así, circulando por la autopista, es un agradable viaje. Espero visites Pátzcuaro y Uruapan, en cuyos alrededores puedes encontrar también sitios aislados para reposar, admirar la naturaleza y hacer lo que he apreciado más te gusta, escribir. Un gran abrazo y gracias por compartir las maravillas de mi estado

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    • Borgeano dice:

      Michoacán es algo que no deja de asombrarme. He tenido la enorme fortuna de recorrerlo bastante (hace un par de años formé parte de una caravana cultural como profesor de música) y luego por propia iniciativa. Sus pueblos mágicos, sus bellezas naturales, su cultura, su geografía, todo se aúna para hacer de este sitio una serie de maravillas constantes.
      He visitado, sí, Pátzcuaro y Uruapan y lo seguiré haciendo, ya que son dos sitios de belleza por demás particular (A Uruapan debería ir con un poco más de tiempo, lo reconozco).

      Un fuerte abrazo a ti y gracias por estar aquí.

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