Rozando lo sagrado (II)

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Ayer dije que al adentrarme en el Cenote Dos Ojos senti que estaba en presencia de algo que era más grande que lo que mis ojos podían ver, y no exagero con estas palabras. A veces, sobre todo cuando no estamos esperando nada de antemano y nos encontramos abiertos a las sensaciones más básicas y puras, es cuando la realidad nos sorprende y podemos decir que estamos en presencia de lo insondable o de lo religioso (del latín religare o re-legere; es decir, el acto de sentirse unido a algo). Las maravillosas sensaciones que se apoderan de uno en esos momentos es algo que, de manera inevitable, nos vemos imposibilitados de exteriorizar y definir con precisión. Apenas podemos acercarnos a ello cuando queremos transmitir nuestras sensaciones; tan solo con pensar en la dificultad de expresar lo que significa una sensación física nos hace darnos cuenta de la empresa imposible que es la de querer transmitir una sensación metafísica o mística.

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Tal vez todo se trate de la locación; tal vez todo sea sólo un cúmulo de sensaciones físicas que se suman y se superponen como las capas en un estrato geológico. Tal vez (y hasta por momentos estoy casi a punto de asegurarlo) sólo sea que el acto de nadar en una cueva que es la primera de otras muchas, entre peces que no temen al hombre que invade su territorio, en medio del silencio de una selva subtropical y sabiendo que las aguas en las que uno se hunde se alimentan constantes de un río subterráneo; sea el que nos invada con tantas sensaciones simultáneas que no nos dé tiempo a poder poner a todo ello en perspectiva. Sea como fuere, uno no puede pasar por allí sin llevarse algo de esa magnificencia dentro de sí. Éste es uno de esos sitios que, me atrevo a asegurar, acompañará a quien lo visite por el resto de sus días.

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Nunca olvido, en estos casos, que la apropiación de ciertos términos por ciertos sectores de la sociedad no hace que no podamos usar esos términos nosotros mismos cuando sea necesario. La lengua, como la felicidad o el asombro son moneda corriente que todos podemos y debemos usar con libertad. Lo sagrado, en este caso, no es privativo de un grupo particular, sino de todos y cada uno de nosotros, cuando el azar nos permite una experiencia inigualable.

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14 comentarios el “Rozando lo sagrado (II)

  1. cristinafra dice:

    Un viaje maravilloso !!

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    • Borgeano dice:

      ¡Es que México no tiene igual! Y mira que Argentina tiene cosas maravillosas… pero la verdad es que este país me tiene con la boca abierta todo el día (imagen no muy agradable, lo sé; pero considéralo una metáfora, aunque haya mucho de literal en ella). Sólo espero poder seguir de viaje por mucho, mucho tiempo más. ¡hay tanto para recorrer y para conocer aún!

      Abrazo.

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  2. Qué bien lo has expresado… Y son los lugares, y es el agua o las esculturas, o el instante el que te conecta con lo más sagrado, con lo verdadero. Me has hecho recordar un momento mágico en Oaxaca, en el Museo de las Culturas de Santo Domingo. Un museo oscuro, muy osucuro, no sé si ahora lo habrán cambiado, una escultura de Cocijo o Cozijo, el dios de la lluvia, procedente de la tumba número 7 de Monte Albán, me quedé mirándola y comencé a llorar, no sabía por qué, pero conecté en ese instante por primera vez, con mesoamérica, con los dioses que antes de ese momento, nada me decían… Y fue tal la emoción que la escultura me hablaba sin hablarme, me abrazaba sin moverse. O aquel otro instante cuando viendo las casas indígenas de San Isidro yendo a Patamban en la Sierra de Michoacán, sentí la emoción de todos los instantes y concebí en mi alma ese libro de Madre América. Son momentos tan especiales que como muy bien dices: ” Lo sagrado, en este caso, no es privativo de un grupo particular, sino de todos y cada uno de nosotros, cuando el azar nos permite una experiencia inigualable.”
    Mi fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Me emociona leerte; Julie; tu comentario excede esa clasificación para transformarse en un anexo perfecto a mis palabras. Sé que eso que sentí en el cenote (y en algunos otros sitios a lo largo de mi vida o de mi viaje) también es algo que siente otras personas; pero aunque esto sea así sé, también, que no es tan habitual, así que he allí la razón de mi felicidad: el poder comunicarme con otra persona que ha sentido lo mismo en algún momento de su vida. Esas sensaciones que no pueden expresarse con palabras (el satori budista, sin ir más lejos) pero que sí pueden comprenderse cuando son compartidas, hacen que ese momento del encuentro también cobre un significado especial; gracias por ello.

      Un fuerte y etéreo abrazo.

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  3. ¡Qué ganas me dan de sumergirme en esas aguas! Como dice Julie, hay veces que lo sagrado te invade y, por un momento, te elevas y puedes comprender lo que debieron sentir los primeros pobladores de la Tierra.
    La experiencia de lo sagrado, como explica Mircea Eliade en alguno de sus libros, se encuentra en la naturaleza.

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    • Borgeano dice:

      Mircea Eliade y Joseph Campbell son dos referentes obligados a la hora de intentar comprender estos temas que estamos tratando, Martes; incluso me atrevería a decir que son una lectura obligada para preparar el espíritu y así poder estar más abiertos a estas experiencias.
      Espero, y repito lo que dije antes, que puedas vivir esta experiencia, ya que es algo que sé que quedará grabado en tu corazón por mucho, mucho tiempo,

      Un abrazo.

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  4. danioska dice:

    Me parece que es un asunto de conectar con los orígenes, con lo más primitivo y, por tanto, con el asombro que nos produce la Naturaleza, en todo similar al que les generaba a hombres y mujeres de las cavernas. Es un privilegio estar en los cenotes, me encanta que hayas tenido ese gusto. Te quiero.

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    • Borgeano dice:

      Es la segunda vez que he podido visitar cenotes (ya llevo unos siete u ocho) pero ninguno me produjo esta sensación tan profunda. Tal vez Ik Kil pueda acercarse, pero hay tanta gente en todo momento que uno no tiene la oportunidad de interiorizar la magnificencia de lo que lo rodea. Es más; estoy seguro de que Ik Kil es más sorprendente que Dos Ojos; pero mientras en el segundo estás casi a solas, en el primero se está rodeado por sesenta o setenta personas en todo momento.
      Después, lo sagrado se presenta en tantas formas que a veces uno se sorprende que no se lo sienta más a menudo. ¿habrá que abrirse aún más?

      Lo sé, me hace inmensamente feliz y quiero recordarte que no te acercas ni tantito. Fíjate tú…

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  5. Me reafirmo en lo dicho en la entrada anterior.
    Muchas gracias y un abrazo que comparte la belleza inolvidable.

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  6. Llevo días intentando comentarte con tranquilidad y no tengo minutos para hacerlo como quisiera. Solo decirte que te comprendo, cuando estuve por allí baje a varios cenotes y la sensación fue similar a la que describes, sobre todo en el primero con una entrada muy angosta, una especie de agujero en el suelo con escalera vertical como bajando a un pozo. Fantástico momento, lleno de emoción y cierto temor a esa oquedad en la que nos adentrábamos.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Me da gusto verte por aquí nuevamente, Alberto; supongo que algunas obligaciones te han mantenido fuera de la red, ya que acabo de ver que has subido una nueva entrada (la cual leeré mañana, ya que en cinco minutos debo irme).
      Las sensaciones que comentas son exactamente las que sentí en un par de esos cenotes (aquellos como el Cenote Azul, que son cenotes abiertos, maravillan pero de una forma mucho más sutil). El primero que visité era como el que describes: un agujero en el piso con una escalera vertical y una caverna opresiva aunque increíblemente bella. El Cenote Dos ojos es semiabierto, pero las cavernas dan a la parte más oculta y profunda de las aguas y la verdad es que la sensación fue por demás particular.

      Un abrazo.

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