El mundo es un huevo, man

Hace poco tiempo, en enero de este mismo año, publiqué una entrada donde Neil deGrasse Tyson se preguntaba dónde estaban los científicos, los artistas y las demás disciplinas humanas representadas en los congresos o en los gobiernos nacionales. Ahora me encuentro con un ejemplo que pone de nuevo el tema en negro sobre blanco. La historia es graciosa, pero no debemos olvidar que sólo es un ejemplo y que ha habido muchas otras que sí llegaron a ser norma y que en esos casos la gracia no se la encontraba por ningún lado.
Bien, la historia a la que me refiero es a la del delirante que casi logró que se aprobaran una ley parlamentaria para que el número Pi valiera 3,2. Así, 3,2 a secas. Como todo el mundo sabe, el valor del Pi es aproximadamente 3,14. (Es una buena aproximación, ya que Pi es un número que tiene infinitos decimales). Pues bien: un día de 1897, el Congreso de Indiana decidió que el valor del número Pi era exactamente 3,2. Por ley.

Pi
La historia de la “Ley de Indiana” comienza con un hombre llamado Edward J. Goodwin, un médico que pasaba sus ratos libres resolviendo problemas matemáticos. La obsesión de Goodwin era resolver un problema que habían intentado los matemáticos de la antigüedad: la cuadratura del círculo. El único problema es que ya se sabía que cuadrar el círculo era algo imposible. El matemático Ferdinand von Lindemmann lo había probado en 1882. Pero Goodwin siguió con su obsesión. En 1894, convenció a la revista científica American Mathematical Monthly de que publicase su prueba matemática de la cuadratura del círculo. Una de las consecuencias de su trabajo era que el número Pi debía valer exactamente 3,2. La prueba era evidentemente errónea, pero Goodwin estaba tan convencido de su genialidad que no sólo la publicó, sino que también la patentó. Creía que todo el mundo utilizaría su método y se haría rico con los derechos de autor.
EstúpidoGoodwin no sólo quería ser rico, sino también famoso. Por eso decidió que no cobraría “estúpidos derechos de autor” al Estado de Indiana si el Congreso pasaba una ley que reconociese su trabajo; y allí encontró un aliado: el Congresista Taylor I. Record presentó en el Congreso de Indiana la Ley Número 246. “El valor del diámetro de la circunferencia respecto al círculo es, exactamente, 3,2”. La ley reconocía además la genialidad de Goodwin pues “ha resuelto un problema que los grandes matemáticos de la Historia intentaron y creyeron imposible”. El resto de los congresistas de Indiana parece que tampoco tenían mucha idea de matemática, pues la ley se aprobó por unanimidad.

Afortunadamente alguien se dio cuenta de la barbaridad que acababan de cometer. El matemático C. A. Waldo, de la Universidad de Purdue, estaba entonces en Indianápolis y siguió con espanto el debate parlamentario. Rápidamente fue a ver a los senadores para hacerles ver que Goodwin no era más que un loquito autoconvencido. Y el Senado no aprobó la ley que sí había aprobado el congreso. Desde entonces parece que ningún parlamento del mundo ha intentado cambiar por ley el valor del número Pi, gracias al cielo; de lo contrario supongo que hoy todas las ruedas del mundo serían ovaladas y un montón de cosas así.
Fuera de broma, retomo el punto inicial: ¿En manos de quién están, entonces, las futuras leyes que marcarán el derrotero de nuestras vidas?

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4 comentarios el “El mundo es un huevo, man

  1. En manos de mentes, dementes. O en su defecto caprichosas. Me ha encantado el artículo. Saludos

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  2. Nefelibata dice:

    Has puesto un gran ejemplo que nos indica exactamente hacia donde vamos. Ya que la clase política es como es y están ahí por lo que están… el futuro de las naciones no parece muy halagüeño. Hace no mucho tiempo escuché a alguien muy inteligente comentar que esta sociedad solo es sostenible de guerra en guerra, y es algo que me asusta… pero cada vez me parece más cierto. Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      El problema es cómo hacer que la gente, atosigada por la propaganda mediática, tome conciencia de que es ella quien elige. Es decir que nosotros podríamos cambiar las cosas radicalmente si quisiéramos.
      Con respecto a lo que escuchaste de esta persona, pues es absolutamente cierto. Fíjate los últimos diez presidentes norteamericanos y toma nota si uno solo de ellos no estuvo inmerso en alguna guerra (muchos de ellos en dos al mismo tiempo). También vale para Rusia, Alemania, Inglaterra.

      Un abrazo.

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