En defensa de la fantasía

fantasía (1)
Una de las tantas tonterías con que la modernidad mal entendida nos ataca, y todo en honor a una supuesta verdad, es que ahora debe decírsele a los niños todo “tal cual es”. Bajo el error de considerar a la fantasía como una mentira en lugar de darle el lugar que le corresponde (el de complemento de la realidad, nunca como su sucedáneo) me he encontrado con padres que se aferran a “decirle la verdad” a sus hijos a como dé lugar. Pongo el “decirle la verdad” entre comillas porque generalmente esa verdad sólo se refiere a Santa Claus o a El Señor de los Anillos; nunca he sabido que esos padres les expliquen a esos niños cómo han venido al mundo o que les digan que la iglesia a la que asisten los domingos es una más entre tantas.
Sea como fuere, mi defensa hoy va para los simples, directos, queridos y necesariosfantasía (2) libros para niños. Esos que desbordan fantasía por los cuatro costados; esos que nos hicieron soñar cuando nosotros mismos éramos niños (y que no nos convirtieron en ningún monstruo infame ni nada que se parezca) y que alimentaban nuestras fantasías más desbocadas. En las ajustadas palabras de Miriam Merchán en su introducción a los Cuentos de los hermanos Grimm publicados en la colección Antares:
“Tanto los mitos como los cuentos de hadas responden a las eternas preguntas: ¿Cómo es el mundo en realidad? ¿Cómo tengo que vivir mi vida en él? ¿Cómo puedo ser realmente yo? Las respuestas que dan los mitos son concretas, mientras que la de los cuentos de hadas son meras indicaciones; sus mensajes pueden contener soluciones, pero éstas nunca son explícitas. Los cuentos dejan que el niño imagine cómo puede aplicar a sí mismo lo que la historia le revela sobre la vida y la naturaleza humana.
En cuanto avanza de manera similar a como el niño ve y experimenta el mundo; es fantasía (3)precisamente por ese motivo que el cuento de hadas resulta tan convincente para él. El cuento lo conforta mucho más que los esfuerzos por consolarlo basados en razonamientos y opiniones adultos. El pequeño confía en lo que la historia le cuenta, porque el mundo que ésta le presenta coincide con el suyo”.
Entonces tenemos que los cuentos de hadas y otras historias fantásticas no son en absoluto perjudiciales, sino que, por el contrario, les brindan a los niños con herramientas útiles para comprender el mundo que los rodea. Tal vez si los dejaran leer más incluso llegarían a entender el mundo mejor de lo que lo hacen sus padres.

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27 comentarios el “En defensa de la fantasía

  1. Shira Shaman dice:

    Todo debe llegar a su edad, en la actualidad hay mucha información , las nuevas generaciones quieren todo de manera inmediata, la fantasía, los cuentos pero sobre todo la lectura debería ser el mejor aliado de los niños y niñas para que desarrollen su imaginación y creatividad junto con las actividades artísticas, ahora estoy participando con una asociación que conecta el arte y la lectura para la prevención de violencia, por medio de libros de cuentos que fueron especialmente creados por ejemplo para la detección y prevención de abuso sexual en menores o por medio de películas trabajamos contra el bullying. La información y la “verdad” están a la mano de cualquier niño o niña con acceso a internet, de nosotros depende como padres o como adultos en encaminar a las nuevas generaciones para que esa información no distorsione lo que deben saber a su edad, volver a encaminar a los niños a jugar como niños y a no depender de un aparato para llenar sus horas de ocio. Me llega el recuerdo de los cuentos que mi padre me leía cuando era niña con la inocencia y alegría que me hacía esperar con ansias el anochecer para que me volviera leer por treintava ocasion el cuento de navidad de Charles Dickens.
    Dulces Sueños Borgeano.

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    • Borgeano dice:

      Es un tema complejo, sin duda; porque el problema está en los niños (quienes se dejan llevar sin sentido crítico porque no lo tienen aún formado) y también en los padres (que son quienes por comodidad les entregan estos adminículos a los niños “para que no molesten”; como si un niño que hace preguntas o que requiere nuestra atención fuese una molestia). Esto puede verse a diario en casi cualquier sitio: un transporte público, la calle, un restaurant, un parque, una reunión familiar, un cine, un auto, etc. Los niños, tanto como los adultos, viven pegados a los elementos electrónicos de una forma que no puede menos que considerarse enfermiza. no hablan entre ellos, no oyen lo que sucede a su alrededor, no miran, no saborean…
      El tema de la fantasía es lo mismo que decir “los libros” o “el arte”, claro está. Enseñarle a los niños una disciplina artística implica dos cosas en el mismo término: disciplina en cuanto a la forma artística en sí y disciplina en cuanto a las costumbres de responsabilidad que hace que los niños aprendan a perseguir una meta y a conseguirla con trabajo y tesón, todas cosas que las conexiones modernas pasan por alto de manera tajante. Como hoy todo se consigue de inmediato y sin esfuerzo se termina creyendo que la vida es así o que debería ser así, cuando todos sabemos que la verdad es lo diametralmente opuesto.
      Por último, lo que dices de tu padre, leyéndote, es precisamente lo que no ocurre hoy. TV, computadoras, teléfonos… cualquier cosa menos la voz de un padre o una madre arrullándonos con cuentos e historias… Toda una receta para el desastre.

      Un fuerte abrazo y sigue haciendo esos trabajos maravillosos.

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  2. Javi B. dice:

    En mi caso, Borgeano, he invertido de pequeño bastantes horas en cuentos y también en videojuegos. Siempre limitado el tiempo de ocio por mis padres. He soñado con ambos y creo que, si si estos últimos son seleccionados adecuadamente por los padres y limitando unas horas de ocio a la semana, pueden ser unas fuentes inagotables para la imaginación de cualquier niño. Aunque parezca mentira, también existen videojuegos con un mensaje positivo para los más pequeños de la casa.

    En cuanto al tema que tratas en el texto, recuerdo perfectamente como mis padres me leían fragmentos de El Señor de los Anillos cuando era pequeño. Los fragmentos menos oscuros. Y, por supuesto, fue el primer libro largo que leí en cuanto estuvo a mi disposición y que he releído varias veces. Como adulto, sigo soñando con algunos libros de fantasía que, por cierto, me siguen encantando. No hay edad para ello y son una válvula de escape fantástica para la rutina.

    En cualquier caso, parece que tenemos miedo a la fantasía. Nos empeñamos en desmontarla y arremeter contra ella, cuando no nos fijamos en la cantidad de enseñanzas positivas que contiene entre líneas.

    Una reflexión muy interesante.

    Un abrazo y feliz martes.

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    • Borgeano dice:

      Pues en algún momento escribiré algo al respecto porque coincido contigo en que lo que nos alimenta de niños –tanto física como psicológicamente– es lo que seremos luego sin posibilidad alguna de escape. Recuerdo aquella cita de Reiner María Rilke que nos viene como “anillo al dedo”: “La Patria del hombre es la infancia” ¿Qué manera más bella de sintetizarlo que esta? Hiciste que volviera mis solitarios días de infancia y, claro que sí lo que veo allí es lo que veo aquí hoy: mi placer por la lectura, por la música y las artes en general. Mi gusto por salir a caminar, el placer de la soledad, la quietud, el silencio…
      No somos más que eso: un reflejo de la infancia magnificado por el tiempo.

      En cuanto al tema de la fantasía en sí, creo que la modernidad le teme porque es precisamente la puerta de entrada a la creatividad. Paradójicamente, el cine está lleno de películas o de situaciones fantásticas, pero como el cine es una actividad pasiva, no produce un efecto mucho más duradero que lo que dura la película en sí.

      Sigamos alimentándonos, entonces, con la verdadera fuente de la fantasía: los libros y nuestra propia imaginación.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Imaginación y fantasía son elementos imprescindibles en la mente infantil, por eso se debe nutrir de lecturas, audiciones, juegos o películas que la estimulen. La imaginación de un niño nunca debe de ser reprochada ni humillada, muy típico de los adultos que no ven más allá que lo que tienen delante de sus narices.
    Crecí leyendo y escuchando todo tipo de cuentos y narraciones; y crecí inventado, como todos los niños, historias fantásticas en las que la imaginación y la realidad se fusionan en un todo armónico.
    Hasta hoy. Hasta siempre.

    Gracias por compartir esta entrada de ensueño.
    Feliz día. Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      ¡Y para nosotros también! Es que nunca hemos dejado de ser niños… y por eso vivimos creando, porque la realidad no nos alcanza; porque la realidad es increíblemente amplia y bella pero para nosotros aún no lo es lo suficiente. Fíjate, Isabel, que todos los que hoy han comentado aquí tienen (tenemos) eso en común: hemos sido alimentados con historias fantásticas o también con historias reales, las cuales, a nuestros ojos inocentes de niños, bien podíamos considerar como fantásticas (no por nada nuestros primeros héroes son nuestros padres, nuestros abuelos o nuestros tíos, según el caso). Todos nosotros tenemos eso en común y también tenemos en común la necesidad de crear, de aprender, de ir siempre un paso más allá. Después podemos tener todo un mundo de diferencias, pero esas diferencias siempre serán pequeñas en comparación con la enormidad de nuestros intereses comunes.
      A veces uno escribe una entrada sin saber qué efecto causará o suponiendo un efecto que luego no tendrá. Ésta en particular creí que iba a ser recibida con frialdad, como un texto demasiado inocente, tal vez. Me alegra sobremanera haber recibido tantos bellos comentarios (hacía mucho que una entrada de este blog no recibía sirte comentarios) y el tuyo en especial, al que siento como un abrazo cálido y afectuoso.
      Sé que estoy bien acompañado en este sitio.

      Un fuerte abrazo.

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  4. Me he acordado gracias a tu entrada, de una vez que asistí a un taller de cuentos para mayores, sacando en claro dos cosas. La primera fue que los cuentos han sido cambiados y endulzados a lo largo de la historia, para no herir los sentimientos de los niños, o tal vez simplemente porque sí. Obviando así, su principal objetivo que era preparar al niño para situaciones que podían darse en su vida y la segunda fue, que un cuento nunca debe dejarse sin concluir, según la profesora era de vital importancia ya que un cuento debía tener un principio y un fin, y premiar a los que lo hacen bien y castigar a los que lo hacen mal… hay toda una psicología tras los cuentos en realidad. Un Abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Los cuentos han sido modificados, sí; a veces para mal y a veces para bien. Yo recuerdo un libro de cuentos que les compré a mis hijos y que luego lo usábamos con amigos escritores para reírnos nosotros mismos. Recuerdo que el nombre del personaje era Gedeón, pero nada más; sólo que era de una crueldad innecesaria (a los ojos de hoy, claro está). En cuanto a los cambios “para bien”, podría citar una escena de Blancanieves, cuando en el cuento original aparece el príncipe a probar el zapatito de cristal en casa de Blancanieves, una de las hermanastras se corta los dedos de los pies y la otra se corta el talón para que el zapato de cristal les quepa… cosa que como sabemos no sucede. No creo que eso sea necesario hoy; la moraleja se entiende igual.
      De todos modos, a veces las fantasías modernas no dejan de ser menos crueles. Creo que la crueldad se va adaptando, también, a las diferentes épocas. Como bien dices, hay una psicología detrás de los cuentos, la cuestión ahora es determinar cuál es la psicología de nuestro tiempo y ver qué es lo que se crea con ella.

      Un abrazo.

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  5. MJBeristain dice:

    Porque es el tipo de educación que deseo y procuro para los pequeños… porque mis “cuentos” fueron otros… Leo a partir de mi adolescencia. Algo me perdí por el camino, que no lo pierda nadie más. Gracias por tu interesante reflexión, como siempre. Lo he compartido en FB. Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      El agradecido, que no quepan dudas, soy yo. Esta entrada en particular ha sido fuente de muy agradables comentarios y eso me deja más que satisfecho.
      Me gusta mucho ese concepto de “Algo me perdí por el camino, que no lo pierda nadie más”; me hiciste recordar un aforismo de Antonio Porchia: “Un corazón grande se llena con muy poco”. Ésa es la actitud de una persona sana frente a la vida: si fui víctima de una carencia, que otros no lo sean… En un mundo y un tiempo donde la violencia y la venganza parecen ser la moneda de cambio más habitual, encontrarse con que aún hay gente que pelea por la Justicia en sí y por sí misma, emociona. Gracias por ello.

      Un fuerte abrazo.

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  6. Que no nos falte jamás la fantasía Rober, ni a los niños, ni a los que seguimos teniendo alma de niños aunque ya vayamos cumpliendo años. Besazos desde el país de Nunca Jamás

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    • Borgeano dice:

      Espero (sé) que no. Todos los que estamos aquí hemos sido hijos de la fantasía y somos sus más fieles devotos. Todos nosotros creamos porque sabemos que la realidad, aunque vasta y maravillosa, no es suficiente. Sin fantasía no habría viajes interminables ni cálidos abrazos transoceánicos ni delicadas gotas de rocío ni lunas compartidas. Sin fantasía todo se reduciría a lo más banal y trivial y la vida sería algo sin dignidad ni valor para ser vivida.
      Quien critica a quienes “aún somos niños” como si eso fuera un defecto, lo hacen desde las cumbres de la ignorancia y no pocas veces, desde las de la envidia. Dejémoslos en su pequeño mundo de banalidades y sigamos navegando por esos mares que nos hemos inventado pero que tal vez ¡fantasía de fantasías! tal vez algún día nos lleven a buen puerto.

      ¡Me encantó eso de Nunca Jamás! Subí la imagen porque es una de las referencias clásicas, pero no la había enlazado con nosotros mismos. Por cierto, me hiciste recordar algo que ahora me veré obligado a escribir pronto (en referencia a Barry, el creador de Peter Pan ¡Gracias por golpear delicadamente con tus nudillos en la puerta de mi memoria!).

      Besazos, sí.

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      • Adoro recordarte cosas porque siempre sacas entradas fantásticas de esos recuerdos. Seguiremos eternamente siendo niños. Ya lo decía Picasso, el que es joven, es joven para toda la vida. Besos soñadores con gotas de rocío.

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  7. Los adultos deben atesorar esa parte de niño a lo largo de su vida y los niños les hacemos adultos antes de tiempo. Algo no va bien, desde luego. 😦

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    • Borgeano dice:

      Exacto, ése es el punto central de mi entrada: algo no estamos haciendo bien (o no están haciendo bien, porque algunos al menos lo intentamos). Hoy no sólo no se alimenta a los niños en los ámbitos de la fantasía, sino que en algunos casos se les hace creer que esto es malo, cuando en realidad es una de las bases o de las fuentes de la creatividad futura. Es necesario alimentar el alma tanto como el cuerpo; y hoy se está fallando mucho en el primer espacio y ya se está empezando a fallar en el segundo (tema que quedará para otro momento).

      Un fuerte abrazo y gracias por tu compañía.

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  8. luluviajera dice:

    Me encantó esta entrada tuya y coincido en todo. Mi infancia, lo reconozco, no fue mucho de leer cuentos. Sí coincido en que aun así la libertad era otra; uno hacia volar la imaginación y los juegos nos ayudaban a crear una película propia de fantasía. Hoy en día los tiempos son más complejos para los que son niños y para los que son nuevos padres.

    Un beso.

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    • Borgeano dice:

      Los propios juegos de nuestra infancia nos impulsaban a inventar, a crear, a soñar despiertos; así un árbol podía ser una torre a vencer y un balcón podía ser el puente de un barco pirata. Es cierto que hoy los niños tienen una fantasía menos abundante, ya que suelen ver todo en una pantalla y lo que se sale de allí no existe. Eso es una enorme pena.
      Entiendo que los padres hoy tampoco lo tienen muy fácil, pero vamos, no seamos tampoco tan complacientes. Ayudar a los niños a crecer en todos los aspectos es una obligación más que una necesidad, así que el que tiene hijos que se haga cargo de ellos y el que no quiera responsabilidades que no tenga descendencia y que entonces haga lo que quiera.

      Besotes.

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  9. Ciertamente, la fantasía y la imaginación no son antagonistas de la razón, ni tampoco son antónimos de verdad. El que así lo considere es, seguramente, una persona incompleta.
    La verdad tiene tantas caras que nadie puede afirmar estar en posesión de ella y a una de esas caras llegamos a través de la ensoñación.
    El niño que crece con cuentos se convierte en un adulto de mente abierta y con capacidad de crítica.

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    • Borgeano dice:

      Claro, y si alguien sabe de este tema eres tú… ¡Tu página es todo un ejemplo! Pero me he encontrado con gente que piensa así (aquí entre nosotros: algunos evangélicos y algunos Testigos de Jehová, por ejemplo. No me extrañaría que pronto empecemos a ver a nuevos posmodernos entrando en ese grupo).
      La fantasía es un componente fundamental en el crecimiento espiritual de los niños y de los adultos también.

      Un abrazo.

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      • Los posmodernos también se apuntan a esta moda 😉 Si te contara la de tonterías que he tenido que escuchar por incluir en mi libro una versión de Blancanieves… 😉

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      • Borgeano dice:

        Ufff… sí, claro; me ha pasado personalmente con estos tontos que “en honor a la verdad” someten a sus hijos a las más idiotas de las ficciones (porque no saben o no quieren saber que todo, de un modo u otro, es una forma de ficción). Sí, te entiendo aunque no sepa puntualmente qué tonterías has tenido que escuchar, pero no es difícil imaginarlas.

        Un abrazo.

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      • Como tú bien dices… ¿qué no es ficción de uno u otro modo?
        😉

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  10. Es verdad. >Muchos adultos no comprenden que los niños necesitan del fantástico para desarrollarse como persona.

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    • Borgeano dice:

      ¡Y cada vez son más! Atosigados por religiones o posmodernismos, cada día son más y más los adultos que suponen que toda fantasía es “un engaño” sin entender que una fantasía es juego; y juego importantísimo, además.

      Gracias por pasar por aquí y por tu comentario.
      Un abrazo.

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  11. Jana dice:

    Estoy totalmente de acuerdo. Los niños deben disfrutar de su infancia, tener fantasías, sueños, fe en todo aquello que creen. No es un sucedáneo, es un complemento a la dura y violenta realidad de la sociedad en que vivimos. Cada vez veo menos espacio en las librerías, en la programación de televisión o en la radio para los niños… No hay que obligarles a crecer tan rápido. Un niño. no puede ser un adulto.
    ¡Gracias por la entrada! Comparto!!

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  12. Los cuentos con fantasía llenan la vida de un niño de dulzura e imaginación la cual es maravillosa para la creatividad. Incluso está bien también en la edad adulta, ¿por qué no? 🙂

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