El salto

El salto

El 15 de agosto de 1961, durante el tercer día de construcción del Muro de Berlín, el guardia fronterizo de la Alemania comunista Hans Conrad Schumann, de 19 años de edad, estaba de pie en la esquina de Ruppiner Straße y Bernauer Straße. Un rollo de alambre de púas de 90 centímetros de altura estaba tendido delante de él, detrás se apilaban las losas de cemento que iban a reemplazarlo. Enfrente, en Berlín Occidental, un grupo de manifestantes se había reunido para denunciar la construcción del muro, el que tenía por objeto detener el éxodo de jóvenes profesionales del estado de Alemania del Este. “La gente nos estaba insultando”, escribió más tarde. “Sentimos que estábamos simplemente cumpliendo con nuestro deber, pero nos estaban regañando por todos lados. Los berlineses occidentales nos gritarban y los manifestantes del este nos gritaban. Estábamos de pie allí en el medio. Había alambre de púas por todos lados y allí estábamos todos nosotros. Para un joven, aquello era terrible.
Los berlineses occidentales comenzaron a gritar: “¡Ven! ¡Ven!” Un coche de la policía de Berlín Occidental se detuvo, con su motor funcionando y su puerta trasera abierta, invitándolo a desertar. Durante dos horas Schumann dudó en qué hacer, pensando en sus padres y en su hermana. Luego, a las cuatro de la tarde, saltó por el cable y corrió. “Entonces yo estaba en Occidente y me recibieron con gran alegría. Fui el primero.”

GERMANY-BORDER GUARD/SUICIDE
Atrapado por el fotógrafo Peter Leibing, la imagen apareció en los periódicos de todo el mundo. En un mes, 68 miembros de la policía especial de Alemania Oriental habían desertado a Occidente. Schumann se instaló en Ingolstadt y trabajó en una fábrica de Audi durante 20 años. Cuando el muro cayó en 1989, volvió a su ciudad natal y descubrió que era un paria; era o había sido “el puente en la pared” y se lo consideró como una herramienta de los imperialistas occidentales. Consternado y deprimido, Conrad Schumann se ahorcó en 1998 a la edad de 56 años.

La historia de Hans Conrad Schumann es una de las tantas historias mínimas que forman parte de la otra, de la gran historia que es la que suele aparecer en los libros olvidando que esa fue construida por hombres como él; hombres que, errados o no, son los que sufrieron y sufren los embates de aquellas decisiones que parecen serles (y sernos) totalmente ajenas. Schumann saltó en 1961 y una cámara captó el momento. ¿Qué habrá pensado ese hombre cuando saltó por última vez, en 1998?

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9 comentarios el “El salto

  1. Los muros, las excusas para crearlos y las decisiones que tomamos ante ellos, de una forma u otra, terminan por pasarnos factura.
    Un saludo.

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    • Borgeano dice:

      El muro, tanto el físico como el psicológico o mitológico, es algo que conlleva un poder enorme y casi siempre negativo (de allí el uso en la obra de Pink Floyd The Wall, por ejemplo). romper ese muro también es un símbolo poderoso y, como hemos visto, acarrea no pocas consecuencias.

      Un abrazo.

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      • Lo se! Vengo de un país donde el gobierno ha tenido a sus ciudadanos viviendo dentro de un muro por casi 60 años. Desde hace algún tiempo han comenzado a derribarlo, pero no existe verdadera voluntad de hacerlo.
        Y The Wall es mi disco favorito de Pink Floyd. Una obra maestea en cuanto a música y poesía.
        Saludos!

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  2. Historias terribles como las que nos relatas pertenecen un universo de crueldad y de terror que se convierten en auténticas pesadillas. Héroes que si han sobrevivido a su heroicidad son víctimas posteriormente de su propia heroicidad. Ayer, hoy… y desgraciadamente, mañana. Cada día se repite esta pesadilla.
    Gracias por este recuerdo.
    Un abrazo y buen fin de semana.

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    • Borgeano dice:

      Estas historias son el pan de cada día; tal vez dentro de cuarenta años nos enteremos de alguna historia que está ocurriendo hoy mismo… El punto es que siempre estas personas (incluso nosotros mismos, por eso personifiqué la entrada hacia el final) son usadas por el poder para la propaganda de uno y de otro lado.
      Gracias por estar aquí.

      Un abrazo.

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  3. luluviajera dice:

    Muy interesante lo que cuentas en el relato. Como bien dices, hay muchas historias así en la guerra; y no vayamos muy lejos; fijémosnos en lo que está sucediendo en Siria. ¿Cuántas personitas, niños, tienen que vivir los horrores de tantas atrocidades? ¿Y cuando sean grandes como el guardia alemán que ahora nombras, cuáles serán sus pensamiento o sus sentimientos? ¿Habrán vivido una vida normal como uno? No hacen faltan muros de concreto cuando los gobiernos separan personas todo por un poder absurdo.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Haces bien en traer el tema de Siria aquí, hoy; porque de eso es de lo que estoy hablando: de cómo los poderosos usan a las personas de a pie, a las personas comunes y corrientes en beneficio propio (mientras ellos no se mueven de sus mansiones y comen y beben y tienen guardias que los protegen y…). Siempre son los de abajo, como Schumann, como vos, como yo, quienes pagan los platos rotos.
      Es una pena tener que terminar diciendo esto, pero a veces esquivar a la realidad es algo que no debemos hacer.

      Un abrazo consolador.

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  4. danioska dice:

    Con toda la ligereza que permea en las redes sociales, hoy subrayo un punto que me activa la nostalgia: hoy quizá no abría una foto de este salto sino muchas, incluso videos. Es decir, estamos sobredocumentando el mundo de imágenes y, por tanto, la singularidad de instantes como éste ya no será más. El hecho tiene ángulos positivos y otros, cuyos alcances creo que no alcanzamos a medir.
    Besote.

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    • Borgeano dice:

      Muy cierto. Y esa sobreabundancia de imágenes es lo que nos hará (de hecho ya lo está haciendo) cada vez más insensibles. Claro que el hecho tiene aspectos positivos, pero no sabemos cuáles serán los límites de los negativos, y eso no es nada tranquilizador.

      Besos para todo el fin de semana.

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