Contra la inmortalidad

inmortalidad
Últimamente he visto la aparición de algunos artículos científicos o pseudocientíficos que cantan loas a un posible próxima logro científico: la inmortalidad. Se supone que estamos cerca de vencer a la muerte y que por lo tanto la inmortalidad está a la vuelta de la esquina. Y no puedo menos que preguntarme algunas cosas:

• ¿Es nuestra vida digna de ser vivida por toda la eternidad? ¿Tan importante es lo que hacemos a diario como para querer hacerlo por los siglos de los siglos?

• Como siempre, los mitos nos enseñan algo y en este caso podemos recordar varias historias al respecto; en general todas ellas nos recuerdan que todo beneficio tiene su contraparte, que nada es perfecto; y cuando los mitos tocan el tema de la inmortalidad siempre el personaje se olvida de algo importante: pedir, también, la eterna juventud. Estos artículos nada dicen de eso ¿Entonces nos darán la inmortalidad pero seguiremos envejeciendo? No le veo el negocio por allí.

• Considerando que la desigualdad ha sido la moneda corriente a lo largo de toda la historia humana, es muy probable que quienes accedan primero a este beneficio sean los ricos y poderosos ¿Están seguros, entonces, que quieren vivir para siempre en un mundo donde gente como Donald Trump, Carlos Slim, Kim Jong-un, el Rey Juan Carlos o Adam Sandler sean inmortales?

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12 comentarios el “Contra la inmortalidad

  1. El miedo a la muerte… qué difícil asumir que todo tiene un principio y un final.
    Envejecer no tiene misterio, ya lo dijo Groucho, es solo cuestión de dejar pasar el tiempo. La eterna juventud ya es diferente. Sin embargo éste ha sido el objetivo de alquimistas y otros visionarios. Ahora, como tú bien dices, para qué un mundo donde los malvados perpetúen sus crímenes. Mejor así, con fecha de caducidad…

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Sí, es un asunto complejo e interesante; yo no le temo en absoluto, pero la verdad es que no quiero que suceda, al menos no por ahora que la cosa se está poniendo un poco mejor de lo que solía ser. Por lo demás, la inmortalidad siempre me pareció terrorífica, mucho más que la mortalidad, tal vez ello ayude a que no me posea ese miedo ancestral. Si, encima, le sumamos la inmortalidad de ciertos individuos… pues entonces mucho menos atractiva me resulta.

      Un fuerte abrazo; feliz de tenerte por aquí.

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  2. El miedo a la muerte lo superé en México, lo demás es obvio, si ochenta o noventa años en el tiempo del universo no son más de cuatro o cinco minutos en la tierra… según los científicos, sólo me queda vivir en presente, el ahora, me basta, asumiendo que la justicia en este mundo no existe y que la mano, para que sea útil, ha de tener los dedos desiguales… Tal vez nuestro creador también sea imperfecto y se esté perfeccionando en nosotros? Una excelente entrada para pensar muchas cosas, amigo. Mi abrazo fuerte.

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    • Borgeano dice:

      México es, sin duda, un excelente lugar donde aprender a no tenerle miedo a la muerte; tal vez el más indicado de todo, ya que hasta se juega con ella.
      Nuestra vida, claro está, ínfima, debería ser consideraba bajo esta luz para que sea puesta en perspectiva ¡Nada más ridículo que una persona con perspectivas de eternidad! Y me refiero a esa eternidad buscada a través del poder o del dinero. De la otra nada digo ya que nada sé; por mi parte lo único que puedo decir es que si me dan a elegir, tampoco la quiero. Me basta con esta presencia momentánea y nada más.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Muy bueno, peto ¿como cambiaría nuestra actitud ante la vida sabiendo que no la vamos a perder?
    Saludos !!

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    • Borgeano dice:

      Es una pregunta muy interesante, Francisco; algunos autores hay pensado en ello y nos han dado algunas ideas, todas muy parecidas: La mayoría coincide en que si supiéramos que no vamos a morir, la vida carecería de sentido, ya que todo, de un modo u otro será llevado a cabo. ¿Para qué preocuparnos para escribir una novela si tenemos toda la eternidad por delante? El cuento El inmortal, de Borges, es un excelente ejemplo de este asunto.

      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  4. artenguerraypaz dice:

    Reblogueó esto en Arte en guerra y paz.

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  5. artenguerraypaz dice:

    ¡Claro que me encantaría vivir eternamente! Pero solo para leer y leer.
    Aunque con esas personas, es mejor morir antes. Aunque tanto ego en un mundo como este, seguramente entre ellos se matarían así que no creo que ni ellos lograran sobrevivir, lo cual sería un problema. Por que poniéndonos a pensar; si es cierto que existe el cielo o el infierno. Ni de esa forma nos libraríamos de ellos.
    Sigo viendo un problema…
    Conclusión, ni la vida ni la muerte es justa.

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    • Borgeano dice:

      Tal vez no lo sean, es cierto; y eso suma angustia al problema.
      Por mi parte, tal como lo dije antes, no quiero ninguna inmortalidad, creo que hasta los placeres más exquisitos, con el paso del tiempo, se volverían tendiosos. No, prefiero dormir para siempre llegado el caso.

      Un abrazo.

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  6. El gran problema de este mundo es que se olvida que la muerte, llamada así por pura convención, no es más que otra parte de la vida, o un inicio de otra vida diferente, si se entiende mejor.

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  7. Javi B. dice:

    Tal vez la inmortalidad esté más cerca de lo que pensamos. No obstante, la eterna juventud quiero pensar que se encuentra bastante más lejos.

    En cualquier caso y, como bien dices, será un bien único de los más ricos/poderosos. Al final, la clase media y baja seguirá corriendo el mismo destino que conocemos desde el día del nacimiento.

    Por otro lado, no me quiero imaginar lo que podría ocurrir en caso de inmortalidad. Mejor no pensarlo.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Insisto en que yo quiero seguir de largo. A mí déjenme afuera de inmortalidades y demás maravillas modernas. Sé que nadie quiere la muerte y tal vez yo tampoco la querría, pero eso si el mundo fuera otro, no éste. Lamentablemente es el que me tocó en suerte y aunque el planeta es maravilloso, el mundo no lo es, así que cuando me toque partir, que me abracen me despidan y me dejen ir en paz.

      Abrazo.

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