La limosna imposible

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Se cuenta que Diógenes de Sínope, el filósofo cínico amigo de esta casa, se dirigió adonde estaba una estatua y le tendió su mano pidiéndole limosna. Allí, frente a la piedra, se quedó inmóvil. Pasaron largas horas y un hombre se le acercó y le preguntó por qué hacía eso. Y Diógenes, sin mirarlo, sin dejar de esperar la limosna imposible, le dijo: “Lo hago para acostumbrarme al rechazo. Lo hago para acostumbrarme a una tierra sin prodigios”.
Y eso es todo por hoy; hoy, que me siento como Diógenes frente a esa estatua a la que podríamos llamar realidad o entorno o pasado, quisiera poder acostumbrarme a esta tierra sin prodigios o, lo que tal vez es peor, a una tierra sin siquiera la sombra de un pequeño, mínimo, diminuto prodigio.

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16 comentarios el “La limosna imposible

  1. Pobres los que como el señor preguntaron sin saber la realidad evidente.

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  2. Espero que mañana no seas la estatua…
    Seguro que el día tendrá mil colores diferentes 🙂

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  3. Cuando te acostumbras al rechazo, es cuando puedes ver la realidad y lo que significa la aceptación. No todos aprendemos a ser estatuas… Magnífica y sabrosa exposición con
    el ejemplo del gran filósofo Diógenes. Un fuerte abrazo. Feliz día.

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  4. Gracias por esta valiosa entrada, plena de sentido en el sinsentido.
    Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Eso es lo que me agobia últimamente, Isabel; el sinsentido que nos rodea. No es que me quiera ponerme en el centro de la intelectualidad ni de nada que se le parezca; pero a veces es tan abarcadora la estupidez que nos rodea que supera todo límite. Sólo espero que el temporal pase pronto.

      Un abrazo.

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  5. qualmedicine dice:

    El sin sentido, la fatalidad y lo absurdo de la vida están presentes en la existencia. Pero tiene otra cara la moneda aceptarlo tratando ser feliz. Como dices no nos bañaremos en el mismo río dos veces. Mañana será distinto y si no lo es tú selo pq la vida es corta las estatuas persisten en el tiempo nosotros no. Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Lo que dices es más que correcto, qualmedicine; el sinsentido, la fatalidad y lo absurdo están presentes en la existencia y, me atrevería a decir (al menos es mi postura filosófica) que son la base misma de la existencia. Lo que me agota es que además del sinsentido intrínseco de la vida, la gente se empeña en sumarle más y más y más, de allí que me sintiera como Diógenes hace un par de días. Por suerte también hay gente que hace mucho para minimizar ese sinsentido del que hablamos; y lo hace tan bien que nos saca de ese pozo con mucha facilidad.

      Un abrazo.

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  6. MJBeristain dice:

    Roberto sabio, roberto filósofo y poeta, roberto exigente, intachable, inabarcable…
    Roberto y la sensibilidad… Por fín puedo quererte un poco más.

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  7. Chocani dice:

    Por suerte, enormísima suerte, existe la literatura, plagada siempre de prodigios. Cuando me encuentro a mí misma en lo mas hondo del abismo pongo la primera canción que me viene a la memoria y me aplasto a leer un libro y es como si la estatua se moviera de repente para ponerme una piedrecita o un botón o una pepita de oro en la mano.

    Abrazos y buenos deseos. Gracias por tu blog que es también una pequeña fuente de botones, motas de polvo, gotas de mercurio y prodigios diversos.

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    • Borgeano dice:

      Muchísimas gracias por tus palabras, Chocani; estoy más de acuerdo contigo que con el Borgeano que escribió esa entrada. Creo que la vida es una fuente de pequeños prodigios (no todo prodigio debe ser enorme ni magnificente) que hacen que bien valga la pena seguir adelante. Ese día en particular me dejé llevar y, como suele ocurrir cuando uno no se siente bien, supone que ese estado permanecerá por siempre, pero por fortuna eso no es así.
      Yo también suelo usar a la música –esa gran movilizadora– para cambiar mis estados de ánimo; hasta en mi viejo MP3 tengo algunas canciones cuyas letras o ritmos uso cuando algo me “tira para abajo”. El arte en general puede hacerlo; pero la música es directa, como una medicina inyectable.
      Gracias otra vez por tus palabras.

      Un fuerte abrazo.

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