Yo, robot

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La entrada de ayer (Tal vez…) recibió algunos comentarios que señalaban una postura diferente a la que planteaba en el texto. Está bien, en parte estoy de acuerdo con esos comentarios, pero lo que subyace a toda esa cuestión es una pregunta más profunda y compleja: ¿Qué es un ser humano? o planteada de otro modo: ¿Cuánto de humano queda en los humanos?

robot
El texto de ayer jugaba un poco con la ciencia ficción al hablar de “cables conectados al lóbulo frontal”; pero eso no es tan ficcional como se cree. En realidad nuestro lóbulo frontal está más que conectado (sin cables directos, claro) a un sinfín de electrónicos, sobre todo, internet. Nuestras sensaciones ya han sido modificadas por la tecnología hasta tal punto que la sociedad muy difícilmente podría vivir sin ella. Nos consideramos seres naturales; pero estamos bien lejos de serlo. Nuestra vida ha sido modificada en su totalidad por la técnica: vivimos en casas, nos vestimos, tomamos medicinas, comemos alimentos modificados de una u otra manera, usamos adminículos que potencian o suplantan a nuestras incapacidades. Usamos anteojos, bastones, muletas, llaves, martillos, espejos, pinzas, dentaduras, postizas, auriculares. Todo ello nos separa de lo natural aunque estamos tan acostumbrado a ello que no lo consideramos como un artilugio, un implemento añadido a nuestra naturaleza.
También en nuestros hogares vivimos rodeados de robots y otras herramientas. ¿Qué otra cosa es un hornos de microondas? Es un robot, aunque muy especializado, si vamos al caso, pero un robot al fin y al cabo. Lo mismo sucede con casi todos los adminículos electrónicos que nos rodean: un reloj despertador, un teléfono, una aspiradora, una computadora, una radio, una TV. Sin ir más lejos, como ya no tenemos garras ni colmillos, usamos en su reemplazo tenedor y cuchillos.

Love Robot
Un últimos asunto, tal vez el central: si bien es muy lindo ver un ocaso o sentir la caricia de un ser querido (lejos de mí el querer negar esto) es también cierto que estas cosas también han sido modificadas por la tecnología. A ver se aprende y las experiencias sensibles son hijas de la cultura. ¿Cuándo acariciamos o somos acariciados esa piel que tanto nos satisface es pura o ha sido modificada con diversos productos químicos? La piel humana ya ha dejado de ser humana en cierto grado. Ver un ocaso es bello, pero lo que vemos ha sido modificado por los incontables ocasos que hemos visto en el cine y por las incontables veces que hemos oído que ver un ocaso es un acto romántico.
Por supuesto que nada de esto quita valor al acto de vivir y de hacer todas estas cosas que siempre hacemos y que tanto nos gustan; pero no podemos decir que somos seres naturales; al menos no hasta que cambiemos el concepto de naturaleza aplicado a nosotros mismos.

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14 comentarios el “Yo, robot

  1. Javi B. dice:

    Coincido con tu reflexión. Es curioso en un libro que leí hace un mes de Foster Wallace comentaba cómo había cambiado nuestra vida con la tecnología y eso que él no llegó a ver las cosas tal y como están ahora mismo. Y con el paso de los años irá a más. Ya han salido noticias sobre investigaciones para hacer una conexión real cerebro-máquina. Es cuestión de tiempo que acabe desarrollándose, aunque nos suene a ciencia ficción.

    Un abrazo y buen domingo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que el ser humano está indefectiblemente relacionado con la máquina. Hoy ya no se puede hablar de “el ser humano” como algo puramente biológico, sino que de algo que es, nos guste o no, “biomecánico”. Claro, el problema al hablar de esto es que todos de inmediato piensan en un alien o en un dibujo de H. R. Giger; pero sin caer en esos extremos estéticos y, manteniéndonos en el ámbito del pensamiento, no podemos negar esta realidad: somos seres conectados a una serie de máquinas que nos ayudan y que en mucho casos deciden por nosotros ¿Podemos escapar de ello? No creo. Los ejemplos que he visto a lo largo de mi viaje siempre han sido parciales. Incluso me invitaron a formar parte de una comunidad que vive en la selva de Colombia (invitación que casi acepto, al menos para vivir la experiencia por un tiempo); pero esos casos no son ni pueden ser totales: en cuanto algo pasa salen corriendo al médico (lo cual es lógico y digno de aplauso, claro) o crean artesanías que luego venden cuando bajan a la ciudad a comprar algunas cosas. Es decir: limitan su contacto con la técnica, pero no puede abandonarla.

      Un abrazo.

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  2. Pues eso, que la humanidad se ha ido modificando, para bien o para mal, y hay cosas que ya tenemos tan asumidas como «naturales», que ni nos damos cuenta de que no lo son.
    Yo, por mi parte, no renuncio a algunas cosas que me ayudan y me gustan. Otras, en cambio, me parecen innecesarias, otras perjudiciales y otras, directamente, una tomadura de pelo. Pero ya sabemos que todo depende de cada uno, así que… 😉
    ¡Feliz domingo!

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    • Borgeano dice:

      Cuando nos enfrentamos a temas como éste sin duda que hay una amplia gama de grados en él. Claro que muchos de estos avances lo son en el mejor de los sentidos (podemos ejemplificar esto con la medicina, alimentación, comunicación, etc.); el capitalismo luego se encarga de crear esas cosas innecesarias y también las ridículas, todo sirve a la hora de ganar dinero ¿no? Bueno, al menos para ellos sí.
      Renunciar a los avances tecnológicos no sólo es ridículo, sino que creo que es imposible en este momento. Sería, además, lo más peligroso que podríamos hacer. Sin ir más lejos y sólo refiriéndome al tema de la medicina, yo hubiese muerto varias veces de haber sido por ella. Y muchos de quienes me rodean también. “Volver a las fuentes” no pasa de ser una mera frase romántica apta para creer que sí es posible (mientras se sigue disfrutando de los beneficios de la técnica) o para escribir algunos poemas o cuentos rosas, nada más.

      Un fuerte abrazo.

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      • Dejando aparte lo de la medicina, que sin duda ayuda a salvar muchas vidas, yo debo reconocer que ahora mismo no podría vivir sin conexión a la red. Poder consultar, leer, ver, conocer… ¿Cómo viví tantos años sin eso? 😀 😀 😀 😀 😀

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      • Borgeano dice:

        La red es una herramienta maravillosa; por desgracia muchos la usan sólo para tontear, perdiéndose de lo mucho y bueno que puede encontrarse en ella. A mí me encanta, pero a veces reconozco que me hace perder un poco de tiempo (la responsabilidad es mía, claro; ella es sólo una herramienta).

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      • Yo también soy responsable de pérdidas de tiempo 😦 Hay veces que tengo que desconectar porque parezco una polilla nocturna volando alrededor de una lámpara.

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  3. Yo ya me siento, siguiendo con el título, medio robot, no sólo porque dependa de la tecnología sino por qué dependo. Si dependo porque soy vacío, insustancial, adocenado, mediocre, porque me ha deshumanizado más la vida que he llevado, entonces el problema no está en los objetos tecnológicos en sí, sino que algunos humanos, quizá la naturaleza humana pueda degenerarse o perderse si no se vive con total inteligencia, no la artificial, humanidad y amor.

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    • Borgeano dice:

      El problema del alcance de la tecnología, José, es, como bien lo planteas, un asunto de decisión humana. He aquí uno de los asuntos más complejos de todo este asunto y eres el único que lo ha tocado, así que gracias por ello. Por una parte se habla de la técnica como de algo “que está allí” y de lo cual no formamos parte; “la ciencia es cosa de científicos” es una de las frases habituales y entonces nos sentimos ajenos a ella; pero lo que señalas es fundamental: quienes hacemos uso de ella somos cada uno de nosotros en tanto individuos, y allí a nadie podemos culpar por el buen o mal uso, el abuso o el abandono que hacemos de esos avances, los cuales serían neutros de no ser por el fin que el hombre le da.
      Claro está que la raza humana va a degenerarse o potenciarse con el uso que le de a estas tecnologías; pero al mismo tiempo tenemos el problema de que la inteligencia es algo que no abunda y que, también, está siendo modificada a pasos agigantados por la técnica. ¿Cómo hacer para salir de este círculo vicioso?

      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  4. Sin duda, hace ya unos años, comenzó la religión de la tecnología, la adoración por la ciencia y la tecnología, el nuevo dios de nuestro tiempo. El afán de cambiar lo creado, dominar todo aquello que es natural para sacar más beneficios, lo vemos en la agricultura, en la alimentación, etc.. El progreso sustituye al paraíso y de ahí nos podemos hacer muchas preguntas. Y las respuestas pueden ser múltiples. Os dejo este video que nos hará pensar: https://youtu.be/2eudLZBf250 Y también os recomiendo el libro: Ciencia y filosofía de las religiones, de David F. Noble. Merece la pena leerlo con respecto a este tema. De todas formas agradezco a la tecnologia haberos conocido. Un beso y mi cariño y admiración por vuestro trabajo siempre.

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    • Borgeano dice:

      Hay, es cierto, cierto afán por elevar a la ciencia a niveles divinos; pero creo que esto se debe a un desconocimiento por lo que significa la ciencia en sí. Todo científico que se precie de tal sabe que su disciplina sólo va puliendo detalles y que nunca llegará a una “verdad absoluta”, la cual, posiblemente, no exista.
      Tu expresión “el progreso sustituye al paraíso” me llama la atención por lo precisa y por lo rica en significados. Por mi parte no veo nada malo en ello, sino todo lo contrario (hasta cierto grado puedo considerarme un positivista); para mí la palabra “paraíso” remite directamente a la religión y, como sabes, no comulgo con ellas en absoluto; mientras que al mismo tiempo la palabra “progreso” remite a lo positivo de la ciencia y el pensamiento. Claro, como bien dices, esto no es un concepto absoluto y por ello ahora sumo el final de tu oración: “y de ahí nos podemos hacer muchas preguntas”, así que lo mejor que podemos hacer es seguir planteándonos muchas preguntas, cuantas más, mejor.
      Dejo el resto del comentario pendiente hasta ver el vídeo que me dejas enlazado. Gracias por ello.

      Un fuerte abrazo.

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  5. Shira Shaman dice:

    Podríamos partir de la pregunta de Dostoyevski: Cuánto de humano hay en un ser humano y cómo proteger al ser humano que hay dentro de ti? Qué nos tocará ver, hasta dónde y en qué manera podremos conservar la humanidad y candidez natural en la época que nos tocó vivir. Abrazos y que sigan las reflexiones.

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    • Borgeano dice:

      Creo que la primera pregunta es ¿Qué es el ser humano hoy? Después podríamos acceder a la pregunta de Dostoyevski. Parece un juego de palabras, pero no lo es; al menos no tanto. Para bien o para mal el ser humano hoy es un ser biomecánico; no podemos negar eso. Claro, solemos pensar que seguimos siendo seres biológicos en un medio mecánico, pero esto no ya es así; la interacción entre la técnica y el hombre es ya indisoluble. Aún cuando queramos alejarnos de todo seguiremos volviendo a la civilización cada vez que necesitemos un médico o un poco de comida (la idea de “el regreso a la naturaleza” no pasa de ser una utopía).
      Tampoco creo que debamos rasgarnos las vestiduras por esto; creo que los beneficios que nos depara la técnica son muchísimos y no debemos caer en un romanticismo desbocado que critica todo avance científico como algo que nos aleja de un supuesto ser puro que se encuentra en nuestro pasado. Es mejor dejar el romanticismo para otras cosas más adecuadas.

      Un fuerte abrazo.
      (subí un comentario anteriormente, pero no me aparece; así que tal vez te llegue duplicado).

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