La escuela eterna

creación

Si tuviésemos una Fantástica, así como tenemos una Lógica, estaría descubierto el arte de inventar”. Dijo alguna Novalis, poeta romántico por excelencia. Aun cuando ya han pasado más de doscientos años desde que él dijera estas palabras, parece que seguimos sin querer inventar una Fantástica; una escuela que nos enseñe a crear sin límite alguno. Pero luego me doy cuenta de que esa escuela existe y que ha existido siempre. ¡Esa escuela, esa magnífica época de la Fantástica pura no es otra cosa que la infancia! Después es la escuela y los padres (quienes ya han pasado por esas escuelas) y la sociedad toda la que se encarga de que el niño pierda esa notable capacidad de crear e inventar. Más grave aún, hoy parece que a los niños se los comienza a adoctrinar cada vez más temprano. Ahora hay padres que sólo quieren a un niño genio; entonces lo hacen tomar clases de lo que sea: piano, actuación, tenis, karate… Mientras que por otro lado tenemos a los padres a quienes los hijos les saben a molestia; éstos suelen abandonarlos a las modernas tecnologías para que no molesten y listo, solucionado el problema.
Alguna vez dije: “No somos más que esto: un reflejo de la infancia magnificado por el tiempo”; y hoy lo repito y lo reafirmo. Quienes solemos escribir, pintar, cantar, actuar, inventar, descubrir, somos, se dice, eternos niños; y es tal vez porque no abandonamos nunca esa etapa de la Fantástica que podemos hacerlo. Tal vez tuvimos escuelas y padres más permisivos, tal vez estaban menos preocupados por nosotros o, incluso, alguno de nosotros tal vez lo haya conseguido a pesar de ellos. Sea como fuere, seguimos siendo un reflejo de la infancia magnificado por el tiempo; seguimos jugando en esa escuela de la Fantástica que nunca abandonaremos.

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9 comentarios el “La escuela eterna

  1. Suscribo tu frase entrecomillada y en cursiva, no puedo estar más de acuerdo con tu reflexión.
    En mi último poemario escribí un poema “Entrevista al pasado” que liga muy bien este sentimiento de la eterna niñez que nos acompaña.
    Gracias y un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Gracias, Isabel; por mi parte tengo una relación muy particular con mi pasado: aunque reconozco que en los aspectos creativos y de formación soy un reflejo de aquel niño que ya no soy, por otra parte es lo único que quiero rever de él. Pensar en mi pasado me produce una profunda angustia y no quiero por nada del mundo hablar de él. Lo digo porque creo que sería imposible para mí escribir un poema como el tuyo o un texto como el que propuso Danioska hace un tiempo: escribirle una carta a nuestro “yo” de nueve años. Ese ejercicio que ni siquiera llevé a cabo, de sólo pensar en él, me sumió en una profunda angustia.
      Por otra parte, volviendo al tema que nos toca hoy, sí que reconozco la virtud de una infancia donde el juego y la creación tienen forjan su impronta imperecedera y de allí que creo que es muy nocivo lo que se hace hoy en día con los niños.

      Un fuerte abrazo y me alegro verte por aquí ¡Todo salió muy bien por lo visto!

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  2. SexoenMarte dice:

    La escuela fantástica para nosotros fue salir a las calles sin disponer de las nuevas tecnologías, y en vez aprender a apretar botones y navegar por los menús, aprendíamos a relacionarnos con las personas, a gestionar el poco dinero que disponíamos para comprar golosinas. Las eternas tardes llenas de alguna pequeña gamberrada que saciaban curiosidades. De alguna forma el tiempo nos ha ido haciendo menos permisivos con el tiempo que disponen los hijos, asimilando que nosotros tampoco disponemos de tanto ni siquiera para ellos. Creo que vivimos en unos tiempos en los que gestionamos el tiempo con el reloj en la mano, la soga que tenemos en el cuello se la ponemos a los hijos mediante el ocio.

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    • Borgeano dice:

      Cuando hablas de “gestionar el poco dinero que disponíamos” me has hecho recordar ese detalle que sin duda no es menor. ¡Cuántos trabajos para conseguir unas monedas para comprar una golosina o una revista! Eso también nos hacía pensar mucho en cómo poder agenciárnoslo; desde los medios “no correctos” como no dar completo el vuelto del mandado hasta el de hacer pequeños trabajos para poder ganarlo honestamente.
      Por otra parte, el tema de los padres de hoy es por demás complejo. Creo que el ejemplo del padre de antaño, rígido, formal, autoritario, ha dejado paso al otro extremo, al padre que por no parecerse a aquél comete otros errores tal vez más graves: el de dejar que sean los niños quienes decidan todo: desde su alimentación hasta el modo en que se usa su tiempo (claro que hay grados en esto; los casos extremos son realmente preocupantes). Como en casi todas las cosas, la verdad me parece que se encuentra en el término medio; pero no veo que se aplique en ningún lado en este momento.

      Un abrazo.

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  3. Y que no dejemos nunca de ser niños… La infancia es la base de nuestros cimientos. Un fuerte abrazo.

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  4. Sin duda, estás en lo cierto y gran parte de lo que fue en nuestra infancia se ve reflejado en nuestra vida de adultos magnificado, y a veces, más acusado es lo que no fue y que se desborda en la madurez…..
    Un abrazo.

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