La llave

Llaves

“A todo hombre se le entrega la llave que abre la puerta del paraíso. Pero esa llave también abre la puerta del infierno”. Dice un proverbio budista, el cual nos lleva de la mano hasta Jean Paul Sartre, cuando dice “El hombre está condenado a ser libre”. Nosotros somos los responsables de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que creamos y de lo que dejamos abandonado. Nosotros somos los responsables de tomar las riendas de nuestra vida o de dejarla en manos de otros, llámense padres, políticos, sacerdotes o parejas.
También esto me recuerda a aquella idea magnífica de Swedenborg, cuando decía que la diferencia entre el cielo y el infierno no era tanto la de una locación física, sino que formaba parte de la mirada de cada una de las personas. Los pobres de espíritu, en el cielo, no podían disfrutar, ya que no estaban capacitados para ello. Vamos, Swedenborg no decía otra cosa que no podía existir el cielo para los imbéciles simplemente porque éstos no podían verlo aunque estuviesen en él.
No hay día, en suma, que no estemos en el cielo o en el infierno. Solemos culpar de ello al destino, a nuestro pasado, a las circunstancias o a cualquier otra cosa que tengamos a mano; pero olvidamos que, tal como dice el proverbio con el que se abre esta entrada, la llave la tenemos nosotros en nuestra mano.

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12 comentarios el “La llave

  1. luluviajera dice:

    El cielo y el infierno están en nosotros, muy cierto y es que aveces tomamos decisiones de hacer el bien o hacer el mal y debemos tomar nuestras responsabilidad nosotros mismos. Un beso.

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    • Borgeano dice:

      El problema radica en que muchas personas –tal vez la mayoría– confunden el símbolo con la cosa y terminan creyendo que el cielo y el infierno son dos lugares físicos en lugar de lo que realmente son: un símbolo de nuestro yo, de nuestras actitudes y de nuestro pensar. Limpiar la habitación no es otra cosa que crear lo necesario para que el cielo exista.

      Un abrazo.

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  2. […] a través de La llave — El Blog de Arena […]

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  3. ¿Es una condena ser libre? Yo creo que todo lo contrario, es un privilegio, mejor aún, una puerta abierta sin llave, y somos nosotros mismos los que podemos convertir nuestra vida en cárcel, esa cárcel que requiere no de una, más bien de múltiples llaves, tal como vemos en la imagen que elegiste. Si tengo que elegir una… me quedo con la del conocimiento, el aprendizaje. Espero no perderla con ella encuentro cada día, el tesoro. Mi abrazo fuerte.

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    • Borgeano dice:

      Creo que Sartre usaba el término “condena” como metáfora, ya que eso es para la mayoría de las personas la libertad, no para quien es consciente de ella y puede manejarla. La mayoría de las personas se encuentra muy a gusto sometida a una norma, sea esta cual fuere, y hacerles ver que no pueden no elegir es condenaros a una situación que no por inevitable es menos dolorosa para ellos.
      La imagen de la llave, de la puerta, son recurrentes en mí (en mi cuenta de Pinterest tengo un álbum sólo de puertas… ¡Es que son tan preciosas!).
      Creo que coincidimos en que la llave del conocimiento tal vez sea la que más desearíamos. Yo, vuelvo a Schopenhauer –como ves, el tema de ser recurrente no es trivial– y con él digo que los dos temas que tienen importancia en la vida de un hombre son los asuntos del amor y los del conocimiento. Si me permites, entonces, tomaré dos llaves en lugar de una.

      Un fuerte abrazo.

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  4. A eso me refería en mi poema Deus ex Machina. Nosotros somos los responsables de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer…
    Me parece perfecta tu reflexión.
    Por cierto, no recuerdo que nadie me diera una llave jajajajaja pero sí una lucecita en el corazón, que a veces alumbra y a veces no.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      ¿Te refieres a “muerte 2.1”? Claro que somos responsables de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer también; de allí que a muchos no les guste que les recordemos eso, prefieren, en la medida de lo posible, el sometimiento tranquilizador antes que la responsabilidad trabajosa.
      Por cierto, la última parte de tu comentario me hizo recordar a Jospeh Campbell, cuando señala que la mayoría de las religiones ha confundido el símbolo con la cosa, de allí que piensen o crean que el cielo y el infierno sean lugares físicos en lugar de lo que realmente son: símbolos de nuestro interior. A lo que voy (es lo que te diría Campbell) es que esa lucecita es la llave, precisamente…

      Un fuerte abrazo. Y que no se apague (sé que no lo hará).

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  5. Cierto totalmente, con una diferencia, que algunos tenemos una sola llave maestra que abre todas las puertas, y otros llevamos un gran manojo de llaves que pesan, y hasta entre ellas hay llaves que no sirven, teniendo en cuenta que en esta vida nuestra única riqueza es el tiempo, aquellos que llevemos tanto peso y tantas llaves tardaremos más en abrir nuestra puerta elegida, mientras los que tengamos la llave maestra solo con entrarla en cualquier cerradura ahorraremos tiempo, peso y lucha. Esa es ña diferencia, desde el principio de la vida ya venimos con una llave maestra o con doscientas llaves inutiles, complicada tarea tener tiempo suficiente para abrir la puerta elegida. Besos a tu corazón.

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    • Borgeano dice:

      Linda idea la que planteas, María; eso de que algunos tienen una llave y otros tienen muchas no deja de ser un punto de vista interesante. De todos modos, el tema de que somos nosotros quienes decidimos usar o no usar esas llaves permanece en pie, pero insisto en que tu idea es por demás poética y con muchas “puntas” de donde entrar a la madeja.

      Un fuerte abrazo.

      P.S.: Por cierto, me disculpo por la demora en responder, acabo de encontrar este comentario gracias a otro que acaban de dejarme. Desconozco cómo es que quedó sin responder.

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  6. Poli Impelli dice:

    Touché.
    Clap, clap, clap.
    Abrazos infinitos.

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