La literatura es arte (recordatorio)

James Joyce

Estoy leyendo otra vez el Ulises, de James Joyce. Lo hago porque es una de esas novelas inabarcables, de las que cada vez que nos adentramos en ellas encontramos algo nuevo o, incluso, diferente; como si la primera vez que la hubiésemos leído nos hubiésemos dormido a los largo de varias páginas.

Joyce y su Ulises pertenecen a esos escritores y a esos libros que requerían del lector un estado de alerta y de dedicación que, en líneas generales, hoy se ha perdido. En estos tiempos donde los libros —aun aquellos que reciben y merecen buenas críticas— son escritos bajo la premisa de la escritura fácil (no hay que olvidar la enorme cantidad de talleres y libros dedicados al tema: desde “Cómo escribir un best-seller” hasta los consejos para “atrapar” al lector y no dejarlo escapar), hay autores que nos obligan a una lectura dedicada, atenta y concentrada. Joyce, Faulkner, Carpentier, Marías, Lezama Lima, Saramago son algunos de ellos, los cuales ya no integran las listas de los más leídos, aunque no estaría mal que lo fueran.

Ulises página 01

La lectura de estos autores conlleva una diferente actitud ante sus textos; cada uno de ellos imprime, mediante el estilo u otra forma técnica una variante en la escritura que implica, a su vez, una variante determinada en la lectura. El estilo de Joyce es tal vez el más complejo porque trabaja con varias técnicas diferentes y lo hace, a veces, de manera simultánea: neologismos, diferentes voces y estilos, sincronicidad, monólogo interior (de hecho, Joyce fue el creador de esta técnica), etc. Vamos con una (y sólo una) de las dificultades del Ulises; la sincronicidad.

En el capítulo primero, desde la torre donde comienza la novela, se lee:

“Una nube comenzó a cubrir el sol lentamente, completamente, iluminando la bahía en un verde más profundo”.

En el capítulo cuarto, Leopold Bloom nota lo mismo mientras camina a casa desde la tienda de Dlugacz:

“Una nube empezó a cubrir el sol lentamente, completamente. Gris. Lejos”.

Estos dos hechos meteorológicos separados por cincuenta páginas son el mismo suceso; Joyce nos indica, de esta manera, que lo que hacen ambos personajes (Stephen Dedalus y Leopold Bloom) ocurre al mismo tiempo.

 

Cuatro párrafos más adelante la nube ha pasado:

“Rápidamente la cálida luz del sol salía corriendo de la carretera de Berkeley, rápidamente, en sandalias delgadas, a lo largo del sendero iluminado.

Y de vuelta al primer capítulo, en la torre pasa también:

“Stephen, todavía temblando ante el grito de su alma, escuchó el cálido sol que corría, y en el aire detrás de él palabras amistosas”.

(“Por lo tanto, la brisa es aproximadamente del oeste, que es la dirección predominante de los vientos en las Islas Británicas”, observa Ian Gunn en El Dublín de James Joyce (2004)).

Ulises página 02

Otra de las muchas sincronizaciones que contiene el Ulises la encontramos en el quinto capítulo de la segunda parte. Leopold Bloom va caminando por las calles de Dublín cuando alguien le da un folleto religioso en que se habla de la vuelta del profeta Elías (“Elías viene”). Ese folleto nos seguirá a lo largo de tres capítulos y hay que estar atento a él, ya que su presencia será absolutamente casual: «Un esquife, un prospecto arrugado, Elias viene, navegaba por el Liffey, bajo el puente de Loopline, acelerando en los rápidos donde… » o «Elias, esquife, liviano prospecto arrugado, navegaba hacia el este junto a los costados de los barcos… » Estas apariciones de la expresión “Elías viene” se refiere a tres momentos diferentes del mismo folleto que fue arrojado por Bloom al río Liffey y el itinerario que el mismo lleva corriente abajo; de esta manera podremos determinar la hora en la que cada hecho ocurre teniendo en cuenta el viaje del papel arrugado en el agua.

Como dije, la lectura de este tipo de libros conlleva una necesidad de atención profunda y constante, pero es precisamente ése el modo de aprehender lo que es una obra de arte, no la mirada superficial que nada recuerda porque nada registra. Acercarnos cada tanto a las grandes obras de la literatura nos recuerda que las palabras no son sólo un medio de comunicar algo, sino que son, tal vez, el modo primero y más profundo de transmitir belleza, conocimiento y sabiduría, todo en uno y al mismo precio.

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24 comentarios el “La literatura es arte (recordatorio)

  1. furien2001 dice:

    La verdad es que no he leído “Ulieses”. Si conozco un poco a Joyce, tomé contacto con sus relatos en el libro “Dublineses”; pero no me he atrevido con “Ulises”. Demasiados comentarios sobre la dificultad de su lectura y sus seiscientas y pico páginas, me han asustado un poco. Me he acercado a la literatura porque me gusta, como un entretenimiento, y me ha fascinado el Modernismo . He leído alguna novela de Proust, Virginia Woolf, Faulkner (este me ha costado un poco); pero “Ulises” lo tengo hay, en el cajón, con cierto respeto. Por lo visto Joyce ya dijo sobre su libro : “los críticos estarán ocupados 300 años”. Cualquier día me meto con él. Lo tengo que hacer en castellano; mi inglés no da para tanto.
    Un saludo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que al Ulises, como a muchos autores o libros, se llega después de un arduo recorrido por los meandros de la literatura; no es posible leerlo de entrada o si se tiene poca experiencia con los libros, porque podría ser contraproducente, ya que podría llegar a asustar y hacer que el lector huyera para siempre no ya del Ulises, sino de la literatura en general.
      Por mi parte siempre tengo presente aquel consejo de Borges: “Lee lo que te cause placer, no lo que dicten los críticos o lo que esté de moda. Si Shakespeare no te habla a ti, cierra el libro y abre otro”. En mi caso, escritores como Joyce o Faulkner me parecen maravillosos, pero no son autores de los que lea tres libros seguidos. Me tomo un descanso entre uno y otro leyendo otras cosas más ligeras, y no creo que esté “haciendo trampas” ni nada por el estilo. Esos escritores no son los más aptos para leer en un autobús o en un metro ¿No? Requieren un espacio, un silencio, una atención que sólo podemos darle en determinados momentos y eso hoy la vida moderna no siempre nos lo permite.
      Por último, si algún día piensas adentrarte en él (lo cual, claro está, es una maravilla) te recomiendo la “Lecciones de literatura inglesa”, de Vladimir Nabokov, ya que analiza capítulo por capítulo y eso nos ayudará mucho en la lectura (¡Además del lujo de tener a Nabokov como profesor!).

      Un fuerte abrazo.

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  2. Es una aventura. Que hay que acometer, sobre todo, con ganas de divertirse, porque Joyce, como Cervantes, sabían disfrutar y hacían disfrutar con su humor. Yo me ha acercado a este libro desde casi todas las facetas posibles (como estudiante, como estudioso, como lector curioso…) y siempre encontré algo. Aquí dejé algo de ello, en “Tierra de libros”: https://goo.gl/mMCre1 Qué agradable encontrar este comentario tuyo, en un blog que aprecio muchísimo.

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    • Borgeano dice:

      El punto que tocas en un primer momento es clave, Félix; creo que la mayoría de las personas que no han leído al Ulises y que se dejan llevar por lo que dicen la crítica y los lugares comunes piensan que este libro es, sobre todo y además de complejo, solemne y aburrido, y no hay nada de eso. Joyce puede ser muy divertido (pero, claro está, un divertimento que requiere cierta predisposición) y entretenido.
      Entiendo eso que dices de que siempre has encontrado algo nuevo en él y creo que así seguirá ocurriendo, ya que sus lecturas son demasiadas como para abarcarlas en una sola vida.
      Al leer tu entrada, veo con placer que también compartimos esos placeres que nos llevan a seguir buscando fuera del libro lo maravilloso que hemos encontrado en él (por ejemplo, esta semana he comprado un viejo número de la revista Viajar sólo porque tenía un artículo sobre la Irlanda literaria, incluyendo un par de páginas sobre el Bloomsday).
      Gracias nuevamente por el enlace, por el comentario y por tus conceptos sobre este modesto sitio.

      Un fuerte abrazo.

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      • Sí, así es: es una caja de sorpresas diarias nuestro Ulysses. Recuerdo cuando, niños de 14-15 años (no sé a que curso corresponde esa edad ahora), Michi, un compañero, y yo, nos entreteníamos buscando pasajes escabrosos en sus tripas. Claro, de ahí pasamos a otro tipo de pasajes… y al final acabamos leyéndonos el libro, casi sin pensarlo. Lo de pensarlo ya vino después, pero siempre agradeceré esas primeras lecturas, que, como un juego, me llevaron al libro. Otro abrazo.

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      • Borgeano dice:

        Me haces recordar a mis primeras lecturas del Zaratustra nietzscheano. También lo leíamos con una amigo a corta edad (trece años, ambos) buscando pasajes precisos como “Y a quien no les enseñes a volar enséñale ¡a caer más de prisa!”. Por supuesto, ahora veo que no entendíamos nada y que ese entendimiento (no siempre total, tanto en el Zaratustra como en el Ulises) llegaría con el tiempo. Historias paralelas con otros integrantes y otros ingredientes; pero entendible desde ese punto de vista.

        Un abrazo.

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  3. No lo he leído, pero lo leeré. Besos a tu corazón.

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    • Borgeano dice:

      Creo que al Ulises, como a muchos autores o libros, se llega después de un arduo recorrido por los meandros de la literatura; no es posible leerlo de entrada o si se tiene poca experiencia con los libros, porque podría ser contraproducente, ya que podría llegar a asustar y hacer que el lector huyera para siempre no ya del Ulises, sino de la literatura en general.
      Por mi parte siempre tengo presente aquel consejo de Borges: “Lee lo que te cause placer, no lo que dicten los críticos o lo que esté de moda. Si Shakespeare no te habla a ti, cierra el libro y abre otro”. En mi caso, escritores como Joyce o Faulkner me parecen maravillosos, pero no son autores de los que lea tres libros seguidos. Me tomo un descanso entre uno y otro leyendo otras cosas más ligeras, y no creo que esté “haciendo trampas” ni nada por el estilo. Esos escritores no son los más aptos para leer en un autobús o en un metro ¿No? Requieren un espacio, un silencio, una atención que sólo podemos darle en determinados momentos y eso hoy la vida moderna no siempre nos lo permite.
      Por último, si algún día piensas adentrarte en él (lo cual, claro está, es una maravilla) te recomiendo la “Lecciones de literatura inglesa”, de Vladimir Nabokov, ya que analiza capítulo por capítulo y eso nos ayudará mucho en la lectura (¡Además del lujo de tener a Nabokov como profesor!).

      Un fuerte abrazo.

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  4. […] Origen: La literatura es arte (recordatorio) […]

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  5. […] a través de La literatura es arte (recordatorio) — El Blog de Arena […]

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  6. […] a través de La literatura es arte (recordatorio) — El Blog de Arena […]

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  7. […] a través de La literatura es arte (recordatorio) — El Blog de Arena […]

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  8. Haces que den ganas de leerlo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que es una obra que merece amplias y atentas lecturas, Hernán; pero también sé que éste no es un libro para todos, así que, poco afecto a las recomendaciones (la literatura es tan subjetiva que es algo muy difícil de hacer) me atrevería a decir que lo intenten, tal vez con un ejemplar prestado o de biblioteca. Es decir, acercarse a la obra antes de comprarla.

      Un abrazo.

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  9. kaldina dice:

    Mira que hace poco sostenía una conversación con unos amigos sobre la complejidad en la lectura. Yo leo porque me divierte, así como me divierte el cine o ver Shows de superviviencia. Pero coincido contigo en algo, y es que cuando uno conoce los códigos literarios… las maneras en las que están escritos los textos y las herramientas que usan para armarlos, abordar lecturas complejas se vuelve muy divertido. Actualmente estoy con Thomas Wolf, que me ha revolucionado el mundo… osea, yo creí que había leído literatura, hasta que me topé con este monstruo. Creo que ya es hora de que me le mida a Joyce, espero encontrarlo divertido, aunque francamente no creo que me decepcione. 😀

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    • Borgeano dice:

      El tema de la complejidad es interesante, Kaldina, porque de una u otra manera lo aplicamos de manera constante. Yo también leo por placer y diversión, pero lo que a mí me divierte es, en general, complejo (quién dice que no hay diversión en la complejidad. Creo que me vas hacer escribir una entrada sobre el tema).
      Sigo con el punto anterior. Lo que tú lees está relacionado con tu capacidad para comprender al mundo y al arte; es decir que ya no te conformarías con un cuento infantil, por ejemplo. Del mismo modo, seguramente nuestras películas favoritas no serán comedias de Jim Carrey, aunque nos hayan hecho reír en su momento e incluso podamos volver a verlas llegado el caso. Eso es, precisamente, un indicativo de nuestro nivel de complejidad.
      Con respecto a Joyce, no sé si lo recomendaría, creo que es una lectura demasiado personal. De todos modos, la entrada vale como tema en sí y, repito, cada cual deberá adaptarla a sus propios alcances en el tema.

      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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      • kaldina dice:

        Si, definitivamente… mira que hay cosas que ya no disfruto igual… Te vas a reir, pero durante años (AÑOS) una de mis pelis favoritas era Face to Face con Jhon Travolta y Nicolas Cage, y has de creer que hace como una semana la estaban pasando en la tele y me quedé sorprendida… es muy, pero muy mala… vale por la nostalgia pero naaaaj, no pasó la prueba del tiempo. Así que estamos de acuerdo 😀

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      • Borgeano dice:

        Es gracioso lo que cuentas y no, no me sorprende, ya que creo que a todos nos sucede lo mismo con nuestros casos particulares. Hace cinco minutos terminé de escuchar un disco que me gustaba mucho en mi adolescencia y aunque un par de cosas me parecieron buenas, en general lo escuché con una sonrisa entre melancólica y divertida. Ahora eso es muy malo, pero el viaje que produjo al pasado fue válido. Volvemos al punto inicial de esto: cambiamos y siempre es hacia adelante. volver… volver es siempre imposible.

        Un abrazo.

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