Una soledad demasiado ruidosa

Una soledad demasiado ruidosa (1)

Llegué a Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal gracias a la recomendación de Adrián Camargo; escritor, director de cine, poeta y mejor amigo, con quien tuve el gusto de compartir algún viaje presentando nuestros respectivos poemarios.

Debo reconocer que a Hrabal apenas lo recordaba por alguna portada, nunca por haberme adentrado en sus libros, así que queda aquí el agradecimiento a Adrián por la presentación. Voy a ser breve porque quiero dejar algunas citas de la novela, ya que es preferible que el autor hable por sí mismo antes que la torpe exposición de quien esto escribe. Sólo para brindar algo de perspectiva, diré que el protagonista de la novela es Hanta, un hombre que lleva treinta y cinco años trabajando en una prensa recicladora de papel. Allí llegan cargamentos enteros de libros que Hanta se llevará consigo o que colocará con las hojas expuestas en las pilas de papel reciclado. La metáfora de la literatura como forma de escape al comunismo que sufría la Checoslovaquia de Hrabal es evidente; de allí que apenas en la página 4 ya nos encontremos con algo así:

“Los libros me han enseñado, y de ellos he aprendido que el cielo no es humano en absoluto y que un hombre que piensa tampoco lo es, no porque no quiera sino porque va contra el sentido común.”

Una soledad demasiado ruidosa (6)

Pero no todo es una metáfora de la libertad bajo un régimen dictatorial.  A lo largo de las páginas vamos a encontrarnos con escenas variadas que incluso llegarán hasta rozar el surrealismo. Como muestra de la pluma de Hrabal, vaya este fragmento del segundo capítulo, donde Hanta habla de la muerte de su madre:

“Cuando murió mi madre, lloré por dentro, pero por fuera tenía los ojos secos. Al salir del crematorio vi que el humo trepaba por la chimenea hacia el firmamento, era mi madre que subía al cielo, y yo, que ya hacía diez años que trabajaba en mi cueva con papel viejo, bajé a la cueva del crematorio y me presenté diciendo que yo hacía aquel mismo trabajo, sólo que en vez de cadáveres humanos liquidaba cadáveres de libros, me quedé allí hasta que se acabó la ceremonia, vi cómo quemaban cuatro cadáveres al mismo tiempo, mi madre era la tercera, sin parpadear miraba de hito en hito el último elemento humano, a un empleado que separaba los huesos de las cenizas y los molía en un molinillo manual, así trituró también a mi madre, luego depositó los últimos restos suyos en una lata y yo sólo miraba, con los ojos fuera de las órbitas, como cuando veía alejarse los trenes que llevaban espléndidas bibliotecas hacia Suiza y Austria, a corona el kilo. Me venían a la memoria fragmentos de poemas de Sandburg que dicen algo así como que del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas, y el hierro suficiente para forjar un clavo donde colgarse”.

Una soledad demasiado ruidosa (7)

Por último, un notable fragmento del capítulo 6, donde Hanta se horroriza ante unos niños que rompen libros en lugar de leerlos y donde se compara este acto con la muerte sistematizada en una línea de montaje:

“[…] una maestra con un grupo de niños acababa de llegar al palacio de cristal iluminado por el sol; yo suponía que se limitarían a observar cómo se prensaba papel viejo, pero no, la maestra cogió un libro, atención, ¡crac!, arrancó las páginas, los niños lo comprendieron de sobra y todos tomaron libros con sus deditos, los libros se resistían, pero al fin y al cabo la fuerza de las manitas infantiles pudo más, las frentes se alisaron y pronto romper libros fue pan comido, mientras los obreros sonreían y los animaban… Todo eso me recordó mi visita a la granja industrial de Libuš; al igual que aquí los niños arrancaban las páginas de las cubiertas, allí eran jóvenes obreras quienes extirpaban con movimientos hábiles hígados y pulmones y corazones de pollos vivos colgados en un cinta transportadora, como si nada, todas las muchachas estaban alegres como unas pascuas, ignorando las miles de jaulas llenas de pollos vivos pero alicaídos… Algunos habrían podido escapar, y clo clo, picoteaban tan contentos, sin que se les ocurriese la posibilidad de liberarse, de huir lejos de la cinta con ganchos en la que las chicas colgaban del cuello a sus hermanitos. Eché un vistazo abajo, donde los niños aprendían a romper libros: en general se salían con la suya con tanto acaloramiento que se tuvieron que quitar las chaquetas y las camisas, sólo un niño y una niña se hicieron daño con algunos libros rebeldes […] Al final del largo pasillo me detuve; no pude resistir la tentación de desenvolver los paquetes para ver cuáles eran esos libros que habían ejecutado su venganza hiriendo los dedos de los niños: se trataba de Alicia en el país de las maravillas en dos tomos, saqué un ejemplar y comprobé que había salido en un tiraje de ciento cincuenta mil ejemplares, así que más de un cuarto de millón de Alicias luchaban con los deditos de los niños…”

Soy consciente de que los fragmentos que compartí aquí son algo extensos para lo que habitualmente es una entrada en un blog, pero creo que la pluma de Bohumil Hrabal merece que se la presente con la extensión que se merece; ya que como el mismo personaje dice en las páginas finales “cada objeto amado es el centro del paraíso terrenal”; y esta novela bien puede ser ese objeto.

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11 comentarios el “Una soledad demasiado ruidosa

  1. Impresionante. Como Fahrenheit 451 de Bradbury. Desconocía Hrabal, me has dejado con ganas de leer más.

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Toda la novela (la cual es breve, por cierto) es una gran metáfora de la libertad bajo una dictadura. Las escenas van de lo meramente descriptivo al surrealismo contenido, y el estilo de Hrabal nos regala pasajes soberbios, como los que me atreví a compartir. Si te acercas a ella, espero que sea de tu agrado (no hay nada más peligroso que una recomendación artística).

      Un fuerte abrazo.

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  2. La escena de los libros es conmovedora. triste para los libros, pero muco más para la sociedad. Nada más real, nuestros niños han dejado de ser lectores y se han convertido en protagonistas ficticios en el videjuego.Abrazo

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    • Borgeano dice:

      Lo es, y “conmovedora” es la palabra adecuada. Como le decía a Xabier aquí arriba, toda la novela es una gran metáfora de lo que significa la libertad bajo un régimen totalitario. Hrabal juega con el absurdo para mostrarnos el absurdo; todo ello con fragmentos notables como los que me atrevía a compartir.
      Esa escena de la que estamos hablando es sintomática y nos da un buen camino para pensar ¿no es eso lo que sucede hoy? ¿Dónde está el estado totalitario, entonces? ¿No es, entonces, este neoliberalismo un estado fascista? Preguntas que valen la pena ser trabajadas, me parece.

      Un abrazo.

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  3. Hola Borgeano, gracias como siempre por hablar de obras interesantes que casi siempre desconozco pero que me abren las puertas a nuevos puntos de vista. Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Como se dice habitualmente, Lina. ¡Tantos libros y tan poco tiempo! No nos queda otra opción que desconocer la gran mayoría de ellos. Mi intención al compartir estos fragmentos aquí es, por una parte, el mostrar esos momentos en que la lectura me hace muy feliz; en segundo lugar, y por decantación más que por intención primera, es la de acercar a un autor no demasiado conocido a todos ustedes; si con ello logro presentarles un nuevo amigo (lo cual no necesariamente podría ser así, ya que es posible que no les guste a todos), mucho mejor.

      Un fuerte abrazo.

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  4. Arpon Files dice:

    Dentro la inmensidad de lo que desconozco, no conocía a este autor. He leído las primeras páginas del libro y me ha gustado mucho la forma en que escribe y describe situaciones… para empezar me quedo con esta frase “para tener fuerzas para este bendito trabajo, durante treinta y cinco años he bebido tanta cerveza que con ella se podría llenar una
    piscina olímpica o una buena cantidad de viveros de carpas navideñas”… Debo leerlo con la calma que requiere. Gracias por la presentación de este -así lo considero ya- excelente autor y libro

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  5. […] Origen: Una soledad demasiado ruidosa […]

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  6. Lo leeré, seguro. Gracias por aportar tanto a mi desconocimiento. Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 2 personas

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