Caprichos de millonarios

IHEn su novela de 1895, Propeller Island, Julio Verne representa un inmenso barco que navega por el océano Pacífico y el cual está habitado por millonarios. En 1999 una organización que se llamaba Freedom Ship International propuso hacer lo mismo: un barco cuatro veces más largo que el Queen Mary, de 25 pisos de altura. En total, la nave contendría 18.000 unidades habitacionales, 3.000 unidades comerciales, 2.400 unidades de tiempo compartido y 10.000 unidades hoteleras; y al igual que la nave de Verne circularía alrededor del mundo de manera  continua.

“La superestructura del buque propuesto, que se elevaría veinticinco pisos por encima de su amplia cubierta principal, abrigaría un espacio residencial, una biblioteca, escuelas y un hospital de primera clase, además de tiendas al por menor y al por mayor, bancos, hoteles, restaurantes, Casinos, oficinas, almacenes y empresas ligeras de fabricación y montaje.” Decía la empresa en su campaña publicitaria.

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Por lo pronto, el asunto sigue en proyecto, aunque en una primera instancia estaba proyectado para ser puesto en servicio en el 2013. Mientras tanto, si alguno quiere ir probando cómo es todo eso, podría abordar la nave llamada The World, la cual es más pequeña pero que sirve a los mismos propósitos. “El mar es nuestro mundo” dice en su página web; aunque mejor debería decir aquella frase de Oscar Wilde: “La naturaleza imita al arte”.

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4 comentarios el “Caprichos de millonarios

  1. Javi B. dice:

    Respecto a los cruceros de lujo, siempre tendré en mente la crónica que hace David Foster Wallace en “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Muy recomendable para conocer un poco los entresijos de este tipo de viajes desde un punto de vista crítico-humorístico.

    En cualquier caso, a mí los cruceros son algo que siempre me ha dado miedo. La idea de cualquier tipo de enfermedad, aunque sea muy menor, en un viaje de este tipo que se extiende entre toda la tripulación, me da pánico.

    Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Ese libro de David Foster Wallace es un manual para todo aquel que quiera escribir una crónica. Tiene la peligrosa cualidad de hacernos pensar que copiarlo es el modo correcto de escribir un libro de esa calidad, pero lo mismo ocurre con Borges: tienen un estilo que parece tan sencillo que uno piensa que los puede copiar sin que se note, pero no, a lo que me refiero es que uno puede (y debe) aprender de Wallace, sobre todo, a mirar… Es notable lo pulido de su mirada, lo certero de su ironía. Una maravilla de libro. Me hiciste querer leerlo nuevamente.
      En cuanto a los cruceros, por una parte lo que dices es un tema no sólo cierto, sino peligrosamente probable. En mi caso, lo que me asusta es la uniformidad de pensamiento. Creo que de tanto formar parte de un mismo sistema social termina haciendo que todos, de una u otra manera, terminen pensando igual; y eso me aterroriza.
      Mejor quedémonos en tierra, que es más variada y hay más lugar para donde salir corriendo.

      Un abrazo.

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  2. Arpon Files dice:

    El poder del dinero, que algún día, esperemos, se utilice menos en extravagancias privadas y más en apoyo a la humanidad.

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    • Borgeano dice:

      Eso sería lo ético, lo correcto, lo humanamente pensable; pero pedirle ética a un millonario es algo que por desgracia suena a inocencia extrema. Y eso no deja de ser lo más triste de todo.

      Un abrazo.

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