Historia reciente

el-pseudo-borracho-L-eNv70STodos sabemos que los libros de historia son indispensables para tener una visión completa de las sociedades humanas y, como se dice habitualmente en su aspecto práctico, «para no cometer los mismos errores otra vez». Pero no solo de libros sobre el pasado podemos sacar algunas enseñanzas o mero divertimento (porque la historia, claro está, también puede ser divertida); sino también de algunas publicaciones de esas que ya tienen encima cien años o algo así.

Una de las cosas más divertidas que pueden hacerse con publicaciones viejas es la de fijarse si tienen correo de lectores. Sobre todo las revistas femeninas de antaño sin ideales para esto, porque no publicaban las cartas, sino sólo las respuestas; es así que podemos leer “A Señorita desconsolada: No, de ninguna manera deberías aceptar esa propuesta. Mejor múdate de ciudad”. Lo divertido es inventar la carta que produjo semejante respuesta.

Los artículos tampoco se quedan atrás, por cierto ¡Y ni hablar de las publicidades! Lo que quiero decir es que esas revistas son, también, historia; aunque sea historia no demasiado lejana.

Les comparto dos ejemplos que me dieron una mirada diferente sobre el papel de la mujer no hace mucho tiempo atrás; el primero es un texto de These Women, 1925:

“Va contra el orgullo masculino tener una esposa que ayude a mantener la casa, y una vez que el orgullo de un hombre se rompe, cualquier cosa puede sucederle. …

Una pareja de Chicago. En el momento de su matrimonio el marido ganaba $ 5,000 al año. Dos años después del matrimonio, la esposa comenzó a trabajar y  a ganar más que su marido. Su casa se convirtió en un lugar desolado, porque el trabajo de la esposa la obligaba a viajar a otras ciudades. Impulsado a buscar compañerismo para escapar de la soledad del hogar, el hombre se convirtió en adicto a la bebida. Hoy están divorciados. La mujer es una notable mujer de negocios, y el hombre es un vagabundo borracho.

Pero —las mujeres comentarán—, el marido bebió. ¿Qué culpa tiene ella? Ningún marido bebe en exceso a menos que haya una razón para ello. Si se conociera la verdad, muchos hombres comenzaron a beber porque sus esposas se pusieron a trabajar”.

El segundo caso fue publicado en una columna de consejos en Home Companion, 4 de marzo de 1899:

globo

“«Sweet Briar» nos comparte un gran problema suyo, porque su amante persistirá en su intención de subir en un globo. Ella le insta a no poner en peligro su vida de manera tan temeraria, pero sólo él se ríe de sus temores.

Siento mucho «Dulce Briar», que tu amante te ocasione ansiedad de esta manera, y sólo puedo esperar que finalmente vea la sabiduría de ceder a tus deseos. ¡Qué lástima que no tengamos una ley como la que existe en Viena! Allí no se permite a ningún hombre casado subir en un globo sin el consentimiento formal de su esposa e hijos”.

Me encantó la dualidad de las visiones que pueden obtenerse sobre la mujer. Por un lado la justificación del borrachín en cuestión, quien ni siquiera es quien culpa a la mujer, sino que quien lo hace es otro, desde fuera de la situación. Por otro lado, me parece aún mejor la segunda anécdota, la que me descubre ese dato tan curioso sobre el permiso que los hombres casados deben pedir a sus esposas para poder correr algún riesgo. Jugando con fuego, podría decir: ¡Qué oprimidos que estaban los hombres en Viena!

4 comentarios el “Historia reciente

  1. guiomar52 dice:

    Hoy me parto de risa, Borgeano, con tu artículo! Y no creas que se ha avanzado tanto. En España hubo en los años 50, 60…un consultorio radiofónico en esa línea. Se titulaba Elena Francis. A pesar de que me tocó estudiar en bachillerato las funciones de una buena esposa, al tiempo me divertía escuchando el programa mientras merendaba. Y haciendo teatros, ya venía yo feminista peleona. Muchas gracias, Borgeano, ha sido una nota agradable en la tarde leer tu artículo. Abrazos!

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    • Borgeano dice:

      Éste ha sido un pequeño artículo para tomar aire después de los de los últimos días (ya volveré sobre el tema de la información pronto); así que algo liviano viene bien cada tanto.
      En Argentina ocurría lo mismo, claro está, y hay una revista femenina (supongo que debe seguir editándose) llamada Para Ti que en los ejemplares de antaño contenían esos correos de los que hablo. Lo que me llamó la atención fue el dato referente a Viena, de allí que dijera (muy en serio) que a veces tenemos una idea equivocada de lo que eran las cosas antes. Hago referencia, también, a esa entrada reciente sobre cómo se manejaban los conflictos matrimoniales en algunos sitios europeos en la edad media. ¡Todos los días se aprende algo!

      Un fuerte abrazo.

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  2. El lapsus de Viena debió ser consecuencia de escuchar “El vals del segundo” , le puede pasar a cualquiera. Jajaja, aunque los pobres “Les Luthiers” no son tan Bienantiguos.

    Como comenta Guiomar 52, yo también recuerdo ese programa radial que sonaba en casa cuando era chiquito. Ahora veo que en todas partes sonaba lo mismo…

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Esta obra de Les Luthiers es una de esas que no pueden dejar de escucharse hasta el final. Notable trabajo.
      Por cierto, gracias a internet (mira tú, tanto que la critico en algunos aspectos…), a ti y a Guiomar, me picó la curiosidad y en YouTube hay audios de Elena Francis. En este momento estoy acompañado; pero en cuanto me encuentre solo escucharé algunos de ellos.

      Un fuerte abrazo.

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