La lámpara

 

Diógenes

 Jean-Léon Gérôme – Diogenes in Barrel Surrounded by Dogs

Una de las imágenes clásicas de la filosofía antigua es la de Diógenes recorriendo el mercado en pleno día con su lámpara al grito de «¡Busco un hombre, busco un hombre!»

Ateniéndome a lo obvio, pienso que una lámpara es útil sólo mientras alumbra nuestro camino o como Diógenes, mientras se busca algo; pero luego, saliendo un poco de esa obviedad que es inevitable en un primer momento, también veo que muchas personas han dejado la lámpara en algún punto del camino y que ésta, desde allí, los alumbra, arrojando sombras cada vez más largas a medida que el caminante se aleja. Para algunos ese punto está anclado en el día en que se recibieron, para otros el día en que se casaron, para otros el día en que consiguieron una medalla o un premio, para otros el día en que perdieron algo o a alguien, para otros… Sea como fuere, veo, no sin cierta pena, que todas esas personas determinan sus pasos según esa fuente de luz cada vez más lejana. Así, encuentro personas que siguen pensando lo mismo que hace treinta años, otros que no han vuelto a enamorarse nunca, otros que viven aferrados a una diminuta gloria de antaño, otros que ya no sienten empatía alguna porque ellos alguna vez sufrieron y ese sufrimiento no los abandona.

Andar con la lámpara siempre encendida y sostenerla siempre con el brazo en alto frente a nosotros se me hace indispensable. Pero ese soy yo y eso no me da derecho a decir que eso es lo correcto o que así deben ser las cosas. Yo soy yo y vivo según mis reglas y mis necesidades y los demás tienen derecho a hacer lo que consideren mejor para sí mismos. De todos modos, no puedo dejar de sentir cierta pena por quien ha dejado su luz atrás, del mismo modo que no puedo dejar de sentir cierto rechazo por esas personas que andan siempre precedidas por sombras largas. Pero ese, repito, sólo soy yo.

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6 comentarios el “La lámpara

  1. Chocani dice:

    Adoro esa pintura; mi simpatía por Diógenes descansa en la frescura de su radicalidad… y en su afinidad con la figura del perro. La anécdota de la lámpara me hace recordar el asunto de los koan budistas y aquella minificción que dice masomenos:

    El maestro aplaude y le dice al discípulo: – Este es el sonido de dos manos, ¿cúal es el sonido de una mano?
    El discípulo se queda pensativo un instante, con los ojos bien abiertos, pero en seguida reacciona…y le da una bofetada al maestro.

    Diógenes se me hace la clase de persona que iría por la vida abofeteando maestros. En fin, no está muy relacionado con tu entrada pero ahora que lo pienso me parece que yo, más que llevar una lámpara, llevo conmigo algo como una telaraña de lucecitas de navidad; unas se apagan y otras se prenden y su intermitencia sigue un ritmo lento o rápido, e incluso a veces se prenden todas juntas y la noche se alumbra sorprendida. Diógenes anda por ahí como una más de esas lucecitas parpadeantes. Pero esa soy yo.

    Abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Placer compartido, sin duda alguna; por la pintura, por la figura de Diógenes y por los perros. Hay muchas anécdotas de Diógenes que demuestran que sin duda actuaría tal como lo dices (por ejemplo aquella que narra la historia de cuando lo invitaron a una casa suntuosa y el anfitrión, conociendo las características del filósofo le dijo «Sólo te pido que no escupas en el suelo». Diógenes miró a todos lados y luego escupió en la cara del dueño de casa al que le dijo «Disculpa, pero no encontré lugar más inmundo donde hacerlo».
      Esa anécdota es algo violenta, pero vamos, que todos conocemos gente que merecería ese trato ¿no?

      Un abrazo.

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  2. Yeli dice:

    Estupenda entrada, yo también procuro llevar la lámpara encendida, a veces titila como dando señales de que puede apagarse, pero hago lo que puedo para mantenerla iluminada, viva…Saludos!!😊

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  3. Curioso que la luz se relacione con la conciencia. Hacer que tu luz brille es el camino en muchas tradiciones espirituales. Incluso en algunas de éstas a la persona que ha desarrollado mucho su conciencia se les denomna iluminados.

    Simbologías aparte, es necesaria vivir siempre alerta acompañado de nuestra lámpara. Simplemente para vivir cada momento como único e irrepetible.Ser uno mismo desde la conciencia, Nuestra vida sería un continuo cambio, incluso desde las rutinas diarias.

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Tu primer párrafo daría para una entrada propia. Habría que rastrear en los textos de Joseph Campbell para ver qué añade (digo «qué añade» porque estoy seguro de que él dice lo mismo; sólo que tal vez añada alguna consideración puntual, cómo dónde esa relación se da primero o algo por el estilo).
      Luego, vivir con esa lámpara siempre encendida es lo que nos diferencia de las bestias (y no hablo de los animales; sino de las bestias implumes, parafraseando al finado Platón).

      Un abrazo.

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