La literatura como refugio último

 

Leyendo entre los escombros

 

Uno de los debates que parecen ser eternos es el del artista que se recluye en su Torre de marfil o aquel que hunde los pies en el barro de la historia. Lejos yo de ser un artista y, menos aún, alguien a quien esta pregunta se le vaya a hacer por motivo alguno, a veces me encuentro en ese mismo planteo sólo por el entorno del que, para mal o para bien, formo parte. Y veo, ya sin molestia alguna, que poco a poco voy pasando del segundo estado al primero. El segundo estado, propio del ímpetu juvenil, rebelde, inquisidor, activo; sigue pareciéndome el moralmente correcto; pero el primero se me hace cada vez más indispensable para poder descansar del insoportable estado de mediocridad de esta sociedad que nos rodea. Claro, diciendo esto es cuando abrimos la puerta a esa crítica que tilda de superficial a todo aquel que la adopta. Pero nada más lejos de ello, puedo asegurarlo; sólo es que si uno pelea y pelea por alguien y resulta que ese alguien se pone del lado opuesto, del lado del que lo oprime o molesta o roba o viola… Bueno ¿Qué hacer? ¿Vestirse de Quijote por quien no lo agradece ni lo merece? ¿Correr el riesgo del patíbulo por defender a quien a la postre va a afilar el hacha del verdugo? No, nada de eso; los superhérores están bien para los cómics o el cine, nada más.

Y luego sigue el resto, claro. La publicidad, los medios, las redes sociales… Todo es tan vulgar, tan tristemente mediocre, tan pequeño en su intención, tan simple en su contextura, tan molesto en su ejecución, que lo único que puede hacerse por la propia salud mental es encerrarse en el último refugio que nos queda: la literatura. ¿Alguien quiere saber qué es lo que está ocurriendo en la sociedad? Que lea libros. ¿Alguien quiere entender de qué está hecho y de qué están hechos los demás? Que lea libros. ¿Alguien quiere acceder a la belleza y, al mismo tiempo, entender lo que sucede aquí y ahora? Que lea libros. La literatura es el refugio último contra la mediocridad imperante. Los libros no mienten, sin importar si su contenido es filosófico, poético, científico, novelístico. Ellos contienen en sí mismos el antídoto contra sí mismos. Leer un libro malo nos enseña a no leer libros malos y es así como ellos mismo nos inoculan sobre el bien y el mal y es así como también nos señalan quiénes son dignos de nuestra lucha y quiénes no. Y mientras éstos últimos sean mayoría, pues no quedará otra opción que tomar nuestros libros y adentrarnos en nuestra pequeña torre que, aunque sea de adobe y paja, lucirá como del mejor y más níveo marfil.

11 comentarios el “La literatura como refugio último

  1. Cierto me escondo en la torre, pero a vece bajo al patio, y observar nuestra sociedad, que parece ser se hace harakiri con mas destreza.

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    • Borgeano dice:

      Creo que todos hacemos más o menos lo mismo, Rubén; y creo, como lo dije en la entrada, que ello se está convirtiendo en una necesidad. El mundo está cada día más imbécil y más manipulado. No nos queda otra opción que escaparnos a nuestra torre y espera allí a que pase la tormenta.

      Un abrazo.

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  2. A veces me pregunto si vale la pena meter los pies en el barro, sobre todo con la política. La absurda y cotidiana vida política me hace preguntarme si debo inmiscuirme, dar opiniones, tomar partido. De algún modo tomar partido no es solo decidir qué es lo correcto, es también dejarse convencer por uno de los bandos, dejarse seducir por su visión, por su manipulación de los hechos, por su lectura y conclusiones sobre lo que es mejor y mas correcto en un momento y situación determinada.
    Cuesta encerrarse en la torre y no tomar partido, ver los hechos pasar declararnos enojados, no señalar culpables y no decir lo que pensamos.
    Trato de situarme al centro ni muy alto en la torre ni que el fango me inunde y no me deje ver las cosas bella de la vida pasar sin apreciarlas (entre ellas la literatura, la fotografía, la mujeres, una puesta de sol o unos niños jugando sobre el césped). De cualquier modo se que me sentiré igual de frustrado: por no darlo todo por una causa o por no cerrar las puertas al mundo y escribir una novela de un tirón. Ese también es uno de los sentidos de la vida, una de sus encrucijadas. Hay que enfrentarla como mejor podamos, ¿no?

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    • Borgeano dice:

      Creo, Roberto que, como dije en la entrada, meter los pies en el barro sería lo moralmente correcto; pero hoy todo está tan idiotizado o manipulado que la verdad es que no quedan muchas ganas de hacerlo. Coincido contigo en que esta actitud, hoy en día, cansa y no lleva a nada productivo. Insisto en el punto en que a veces uno termina siendo criticado o incluso atacado por aquellos que uno intenta ayudar. Eso es absolutamente demencial.
      Creo que tienes razón cuando dices que hay que situarse en mitad de la torre; pero eso es algo que yo debería aprender a hacer, ya que suelo irme a los extremos (sin exagerar, claro; pero por ahí anda).

      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  3. Yeli dice:

    Todo sea por nuestra salud mental…además de leer ayuda el admirar la naturaleza. Saludos!😊

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  4. bananaspop dice:

    Nuestra torre es de plástico y se recalienta con el sol.

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  5. Inhalando líneas dice:

    Entonces Manguel tiene razón

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    • Borgeano dice:

      Creo que sí; Alberto Manguel tiene razón en este punto (el cual es compartido por algunos otros, claro está). Todavía no he podido agenciarme con un ejemplar de Historia natural de la curiosidad; al cual le tengo muchas ganas. Pero Una historia de la lectura y The Dictionary Of Imaginary Places son dos de sus libros a los que vuelvo una y otra vez.

      Un abrazo.

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