Yo, el susceptible

 

susceptibilidad

 

Hace poco menos de un mes, a raíz de una entrada sobre la ironía, Xabier Novella en sus comentarios me dice algo muy atinado: «Creo que hay un exceso de susceptibilidad en la mayoría de la gente…». Esa sentencia es una definición perfecta de lo que sucede hoy en día, donde cualquiera y ante cualquier motivo saca a relucir su susceptibilidad en forma de ofensa personal. Es así que uno se encuentra con ejemplos ridículos y reales como el del cura que subió al escenario porque la canción lo ofendía (a él y a su iglesia toda; ya se sabe que esta gente viene en multitudes aunque estén solos); la estúpida mujer que ante una decoración de calaveras en el día de muertos mexicano dijo que eso no era correcto porque atentaba contra los derechos humanos, o el caso de la mujer que ante una obra teatral cómica donde un disparo al aire de uno de los personajes mataba a una mujer que se encontraba en un balcón se quejó porque la violencia de género no es cosa de gracia.

Todo esto de sentirse personalmente tocado por lo que es una cuestión general y ficticia me hace recordar a aquella frase de Nietzsche, quien en su Más allá del bien y del mal dice: «La embriaguez de la venganza.– Los hombres groseros que se creen ofendidos tienen la costumbre de aumentar tanto como pueden el grado de ofensa que se les ha inferido, y de narrar sus causas exagerándolas demasiado, sólo para tener el derecho de embriagarse con los sentimientos de odio y de venganza que luego despiertan en su corazón».

Creo que eso es lo que sucede ante estas personas en exceso susceptibles: reconocen su mediocridad y no toleran que algo o alguien las exponga de manera tan evidente; entonces, como todo mediocre, sólo atinan a la censura.

13 comentarios el “Yo, el susceptible

  1. Martes de cuento dice:

    Cierto. El mundo contra mi. Estas reacciones son ombligocentristras, típicas de personas inmaduras que consideran que el mundo gira a su alrededor.

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  2. evavill dice:

    Todo tiene que ser tan políticamente correcto que no vamos a poder ni hablar. Siempre ofenderemos a alguien o alguno se dará por aludido.

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  3. AmiraArmenta dice:

    Tienes razón, pero también es cierto que con frecuencia hay un deliberado deseo de ofender. Esto es lo que hace tan complicado este tema de lo ‘políticamente correcto’. Que, a veces sí y a veces no.

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    • Borgeano dice:

      Sí, es cierto, pero eso es otro asunto diferente. También existe la intención de provocar, lo cual puede ser bueno o malo (provocar porque sí o para producir molestia; provocar para hacer que la gente piense un poco y se de cuenta de lo que tiene en la cabeza, por ejemplo).

      Un abrazo.

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  4. guiomar52 dice:

    Pienso como tú, Borgeano, y recientemente me ha ocurrido con una persona. Pero es cosa del mediocre.

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    • Borgeano dice:

      ¡Es difícil que no nos ocurra todos los días! Ahora todo el mundo tiene el ombligo como si fuese de diamante. Si se ofendieran por causas nobles o justificadas, vaya y pase, ¡Pero se ofenden de cada tontería! Hay que armarse de paciencia…

      Un abrazo.

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  5. Tema complicado. Los ejemplos que pones, aunque posibles, ridículizan el asunto, cuando la verdad la realidad puede ser mas complicada. Hace poco un amigo no pudo usar unas fotos de desnudos artísticos en una clase de una universidad norteamericana, según el profesor que lo invitó había que cumplir con un burocrático permiso académico para usarlas, ya que los desnudos ¨podían herir alguna susceptibilidad¨. Es decir, que incluso la academia artística ha tenido que crear mecanismos, algo ridículos, para defenderse de pleitos que cuestan dinero, mucho dinero, la mas de las veces.
    Es curioso que luego del gran movimiento revolucionario, liberador, libertario, de los años 60 y 70 del siglo pasado, ahora cierto pundonor se ha adueñado del proscenio. Es una lástima y muchas veces una hipocresía.
    Pero como te decía, el tema puede ser mucho mas complicado.
    Saludos

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    • Borgeano dice:

      Los ejemplos que puse son lo que pude comprobar de primera mano, cosa que, en lo posible, prefiero hacer. Algunas veces he citado casos que no fueron vistos por mí y al serme pedido algunos detalles no he podido darlos, cosa que me resulta molesta. De todos modos no creo que ridiculicen al tema, ya que esta costumbre de sentirse ofendido por todo es igualmente ridícula más allá de las distinciones de grado que le correspondan a cada una. En la red tenemos muchísimos videos que también sirven como ejemplos (este tipo de actitud es particularmente ejercido en la televisión).
      Ahora todos los ámbitos se han visto envueltos en estos asuntos de las “ofensas” por cualquier motivo. Incluso en muchos de ellos ya se lo considera de manera previa para “curarse en salud”.

      Un abrazo.

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  6. Exquisito tema a la par que delicado. He de admitir que los has tratado de muy buen modo, poniendo ejemplos que reflejan esa, si se me permite la palabra, estupidez general en la que se ve envuelto el ser humano actualmente.

    Es necesario discernir la verdadera ofensa del humor, la sátira, la coincidencia… Es difícil hoy día hablar sin que nadie se sienta extrañamente ofendido (que no es lo mismo que decir “hablar sin ofender a nadie”), ya que hay personas que se llevan al terreno personal, o a un marco de exagerada conclusión, actos tan básicos como el propio chiste.

    Aprender a encauzar estas situaciones en nosotros mismo debería ser algo obligatorio.

    Gran entrada. Un saludo!

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    • Borgeano dice:

      Gracias por tus conceptos, Cuervo; más que agradecido por ellos.
      Haces bien en distinguir el uso de la “ofensa” cuando ésta es real y cuando es “sentida” por cualquier tonto en cualquier situación. La ofensa que se provoca adrede nunca es aceptable ni permisible, la otra… pues qué otro remedio nos queda que esperar a que algún día las cosas vuelvan a su cauce y la gente empiece a entender que una opinión personal no es motivo para ofenderse de manera inmediata. Trabajo arduo el que nos espera.

      Un abrazo.

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