De derechos y obligaciones

El año pasado los doctores del Jackson Memorial Hospital de Miami se encontraron ante un dilema al que nunca habían hecho frente. Una ambulancia llegó con un hombre de 70 años en estado crítico, inconsciente, quien luego de ser ingresado se vio que en su pecho había un mensaje inesperado que detenía el proceso normal de cuidados y reanimación. Tatuado en tinta oscura, en inglés, bajo su cuello: Do Not Resuscitate. –No resucitar–; y debajo, su firma.

 

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En el Jackson Memorial empezaron por intentar reanimarlo lo necesario para poder confirmar si el tatuaje reflejaba lo que quería. El hombre, que llegó solo y del que no se conocía el contacto de familiar o amigo alguno, tenía un historial clínico complejo: problemas cardiacos, de pulmón, diabetes. No lograron sacarlo de la inconsciencia.

Ante la encrucijada, decidieron pedir consejo. Llamaron a un médico especialista en bioética. Kenneth W. Goodman. Él analizó el caso y les recomendó que lo dejasen morir. Goodman consideró que el tatuaje había tenido que ser “muy deliberado”. El hospital dejó fallecer al hombre del tatuaje.

Recuerdo el caso de Ramón Sampedro entre otros muchos menos conocidos. La pregunta que subyace es: ¿Cómo y dónde trazar la línea entre la libre opción a morir y la obligación moral de un equipo médico? ¿Cuándo el juramento hipocrático choca de manera indefectible con la decisión personal del derecho a morir? ¿Dónde trazaríamos nosotros mismos nuestra propia línea?

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19 comentarios el “De derechos y obligaciones

  1. luluviajera dice:

    Me ha gustado esta entrada donde la pregunta de donde trazaríamos la línea entre nuestra vida y nuestra muerte (pregunta ya de por sí compleja) se adentra también en otros terrenos morales (¿Y la familia? Etc.). La verdad es que la respuesta es difícil ¡Y todavía poner en dilemas al médico!. ufff.
    Yo por ahora sigo con lo mio.

    Un beso.

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    • Borgeano dice:

      Los puntos a considerar en una situación como la planteada son muchísimos y el de la familia no es uno menor. Creo que cada cual deberá pensar en el asunto y considerar sus propios límites; por ahora es lo único que podemos decir al respecto.

      Besos.

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  2. ¡Uy! ¡Menudo dilema nos planteas hoy!
    El caso del hombre del tatuaje para mi estaba claro. Él había decidido conscientemente lo que debía hacerse en caso de necesitar que le reanimasen, aunque mi duda no es esa. Mi duda es, imagina que el señor ha tenido un infarto u otro problema similar y necesita reanimación, si no lo hacen morirá, si lo reaniman, es más que probable que se salve, luego, cómo puede este señor preveer cuando se hizo este tatuaje, cuáles serán las causan por las que necesita ser reanimado y cuáles las consecuencias de hacerlo o no hacerlo. Y la siguiente pregunta, si le reaniman y queda bien, estupendo, pero si queda en estado vegetativo, qué ocurre entonces? Puede un médico obligar a una persona a vivir en estado vegetativo? Pero claro, ¿ cómo sabe ese médico de antemano lo que ocurrirá?
    En el caso de Ramón Sampedro, estaba claro que él toma la decisión porque no quiere vivir así. Nadie decide por el y a nadie carga con su responsabilidad. Yo defiendo su postura. Cuando se trata de que otro decida por nosotros, es cuando me entran todas las dudas del mundo….sigo dándole vueltas.

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    • Borgeano dice:

      Un tema con tantas aristas como personas; no cabe duda. Creo que, en líneas generales todos estamos de acuerdo con la libertad de elección en estos asuntos; y el caso particular que trato en la entrada es por demás particular pero no extraño. Lo que esta persona nos está diciendo (lo que les está diciendo a los médicos) es que NO lo resuciten, más allá de lo que haya sucedido. Sus razones tendrá y no somos nosotros (ni los médicos) quienes tengamos el derecho a ir en contra de su voluntad.
      Es un tema por demás delicado, por supuesto; pero por el momento creo que debemos plegarnos a este tipo de derechos individuales.

      Abrazo.

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  3. AmiraArmenta dice:

    Yo estoy a favor de respetar la libre opción de morir en casos como el de Sampedro. Entiendo que no es fácil trazar una línea, sin embargo sí debe ser posible mirar caso por caso.

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    • Borgeano dice:

      Creo que todos aquí estamos dentro de esa misma tesitura, Amira; por el momento la única actitud moralmente aceptable es la de aceptar la decisión personal de cada uno aunque uno no concuerde con ella.

      Un abrazo.

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  4. eikonuruguay dice:

    Una pregunta difícil de responder. Pero las mejores voluntades y los mejores deseos de los demás, ya sea familia o médicos… ¿Son mas importantes que los propios? Saludos.

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    • Borgeano dice:

      Claro, ése es el punto (el que también toca Lulú aquí arriba). Por mi parte creo que la voluntad personal debe prevalecer (después de todo este tipo de determinaciones se toman en casos particulares; es decir en casos de enfermedades crónicas o similares). En mi caso creo que debe prevalecer la elección personal; más allá de lo que esto signifique para los demás, incluido su propio entorno.

      Un abrazo.

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  5. Un tema muy controvertido este del derecho a morir, y con tantas aristas que es muy difícil generalizar, por eso cada uno pondrá su línea en lugar diferente al de los demás, lo peor es que algunos aducen que no hay línea posible y quieren coartar a todos el derecho a poner esa línea y morir libremente.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Por supuesto que ése en particular es el tema que quiero tocar al hablar de casos como este: el de aquellos que quieren imponer sus puntos de vista o su voluntad sobre por todos los demás. El tema en sí es delicado y todos estamos de acuerdo en que cada cual trazaría la línea en un sitio diferente; el problema está planteado por aquellos que quieren imponerse por sobre los demás (fíjate que en este caso los médicos intentaron reanimar al hombre para asegurarse de que lo que decía el tatuaje era correcto. ¿Y si lo hubiesen reanimado qué hubiesen hecho después? ¿Pegarle un tiro?).

      Un abrazo.

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      • Después de salvarlo descuida que nadie le devolvería al camino de su deseo….
        Ya imaginaba que estaríamos en la misma onda y que lo único que rechazamos en este tema es el totalitarismo y la intransigencia de los que quieren decidir por todos evitando que podamos decidir y elegir sobre el abandono de este mundo.
        Este tema ético siempre me ha interesado y ahora me toca muy cerca, y estoy bajo cierto cinismo animando a la vida cuando comprendo perfectamente ese deseo de abandono y que yo mismo intentaría.
        Un abrazo.

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      • Borgeano dice:

        Sí, alguna vez hemos tocado este tema (aunque haya sido tangencialmente, el tema moral estaba allí; recuerdo una entrada sobre el caso de un Testigo de Jehová y el viejo tema de las transfusiones).
        En lo que sí me atrevería a decir que, más que estar de acuerdo, tenemos la verdad (es decir: es lo mismo pero de manera más terminante) es en el punto de que no debe dársele ni un mínimo de poder a todos esos que quieren imponer sus limitados puntos de vista por sobre la generalidad de una sociedad o sobre la particularidad de un individuo.

        Un abrazo.

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  6. Se puede debatir sobre esto y se debe, es un asunto muy complejo en el que entran en juego el libre albedrío y la ética profesional de los médicos. No obstante, y según que países, se pueden hacer testamentos vitales.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Creo que esos testamentos serán cada vez más comunes. Es una consecuencia lógica del avance de las nuevas formas de pensamiento sobre un tema tan antiguo como la humanidad misma.
      Y no es que tengamos la respuesta final sobre este asunto, pero esto es lo que pensamos en este momento de la historia.

      Un abrazo.

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  7. La Bioética es apasionante, al menos para mi siempre lo fue. Hace mucho no me considero jurista, aunque está en mi formación y no puedo eludirla. Nunca tuve que practicar la bioética pero leí algo, me apasionaba.
    En el caso en cuestión, visto el historial y el mensaje, era bastante lógico no resucitar. Quizá tiendo demasiado a privilegiar los derechos personales y acepto sin ambages la eutanasia y el suicidio asistido. Quizá ser exceptico religioso mas que ateo me ayuda a decidirme, no se.
    Sí se que es un tema apasionante quizá por involucrar la vida y la muerte, por aludir a ese espacio desconocido que es el mas allá, por el temor ancestral a violar el mandamiento de no atentar o decidir sobre nuestra hora de dejar el mundo, quién sabe, son muchas aristas.
    En este tema el juramento hipocrátio no debería, de ningún modo, colisionar con el derecho de la persona individual. El primero es un juramento tomado bajo el imperio de las normas de una profesión, en el segundo caso un ser humano toma una decisión personalísima que involucra su calidad de vida futura, su propia existencia.
    Saludos!

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    • Borgeano dice:

      En un todo de acuerdo contigo en la segunda parte de tu comentario (la primera parte, en la que haces referencia a tu formación, ayuda a que seas una voz con un poco más de fundamento que los demás).
      Como le dije a Alberto aquí arriba, no puedo dejar de pensar en que la primera reacción de los médicos fue resucitarlo para ver si el tatuaje “decía la verdad” ¿Qué hubiesen hecho si lo hubiesen logrado?
      Es un tema por demás interesante y complejo en la medida en que la gente siga considerando a la muerte bajo el estigma religioso (éste es tema para otra ocasión; pero no deja de ser extraño que las personas religiosas sean las que más teman a la muerte). Creo que cuando las personas empiecen a considerar a la muerte como lo que es, una parte integral de la vida, será cuando puedan comenzar a tomar decisiones maduras y meditadas sobre este asunto, tal como este hombre hizo en su momento.

      Un abrazo.

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  8. […] a través de De derechos y obligaciones — El Blog de Arena […]

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  9. Me imagino dentro del ascensor de un enorme rascacielos, atestado de gente hasta el agobio… El calor, cansancio después de estar subiendo cincuenta pisos lentamente. Me imagino a ese hombre, al borde del desmayo, padeciendo dolores insoportables en aquel nauseabundo ascensor, decidiendo bajarse en el piso setenta y justo cuando las puertas se abren, dos tipos, uno con bata blanca y estetoscopio y otro de sotana y crucifijo lo agarran por el cuello de la camisa y lo meten a la fuerza al ascensor, porque, según ellos piensan, el señor no es dueño de su tiempo, y debe morirse dentro del ascensor, aunque tenga que subir diez pisos más en el coma más profundo…
    Evolucionamos, querido Borgeano, y de la misma manera que dejamos atrás los siete días de la creación, la tierra plana y ombligo del universo, también habría que actualizar ese vetusto juramento hipócrita, perdón, hipocrático, que demasiado médicos usan de manera torticera, al estilo de los dogmas de fe del ejército del dios cristiano en la tierra (y no me refiero al jugador de fútbol)
    Excelente reflexión, amigo Borgeano. Como siempre, tu blog en un maravilloso foro donde soltar libres las ideas.
    Mi pensamiento es que solo yo soy dueño de mi tiempo, y debo poder escoger libremente cuando debe concluir. Si todos lo dejáramos claro de forma fehaciente con el respaldo de una ley que ampare tus derechos frente a tanto “dictador de dogmas”… para los demás.
    Posdata. El ascensor cada vez está más lleno y seguimos poniéndole la zancadilla al que libremente quiere dejar sitio libre… ahí lo dejo.
    Un abrazo de libertad.

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    • Borgeano dice:

      Creo que pensamos igual en un cien por ciento, Pink. Por mi parte hasta soy partidario del suicidio (y, por supuesto, de la eutanasia). De todos modos, el tema es delicado por otras circunstancias; por ejemplo ¿Qué hacemos ante un Testigo de Jehová que deja morir a su hijo por no hacerle una simple transfusión? He conocido casos donde médicos han engañado a padres para separarlos de la cama de sus hijos y hacerles la transfusión sin que éstos lo supieran. ¿Poco ético? Tal vez, pero justificable, creo. Evolucionamos, sí; es cierto (y por fortuna); y la ética evoluciona junto con nosotros, ahora, el asunto es el “mientras tanto”.
      Gracias por tus palabras y por tus consideraciones sobre este modesto sitio.

      Un abrazo.

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