La celda

 

Celda

 

La celda

Después de los cien años de perdón
el ladrón reconoce
que robó y eso no cambia
el hecho preciso de su acto
y pide otra prórroga
porque al menos
esos cien años
le sirvieron para pensar
y tomar notas
y estudiar las estadísticas
y los titulares de los diarios
para charlar con los vecinos
o los amigos del café
y para meditar sobre los datos
que reunió durante ese tiempo
y concluye
no sin un dejo de pena infinita
que todos
deberíamos estar presos
o que quizá ya lo estamos
y no nos damos cuenta.

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7 comentarios el “La celda

  1. Algunos pueden llegar a los 200 años y nunca se darán cuenta que nuestra sociedad, puede ser una gran cárcel. Abrazo grande

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    • Borgeano dice:

      Seguro que sí, mi buen; sin ir más lejos, no pocas veces nosotros mismos tenemos que forzarnos a recordarlo también. Esta cárcel está tan bien armada que nos lo hacen olvidar más a menudo de lo que lo deseamos.

      Un abrazo despierto.

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  2. Así es, cargamos con la cárcel de la mente. Esa prisión sutil, invisible y que nos condiciona a cada instante. Presos de una vida que entregamos a la inconsciència y a la sinrazón.
    Interesante enfoque poético el que nos traes hoy.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      De allí la necesidad del trabajo constante en la atención constante, cosa que cuesta no poco trabajo, por cierto. Como le dije al amigo Rubén aquí arriba, esta cárcel está tan bien armada que nos hacen olvidar el encierro más a menudo de lo que deseamos.

      Un fuerte abrazo.

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      • Salir de la cárcel de la mente es un duro Trabajo. Transcender la dualidad que fundamenta su funcionamiento solo es posible desde una dialéctica de la conciencia. Lo importante, como bien dices, es admitir que vivimos presos de ella.

        Un abrazo

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  3. Presos del cuerpo, de los placeres, necesidades del cuerpo mas que del espíritu. Por eso trabajamos en ocupaciones que aborrecemos, creemos que ese dinero nos es imprescindible. O nos justificamos en las necesidades o el futuro de nuestros hijos.
    Lo sabemos, lo se, pero no escapo. Prisión cuasi voluntaria la llamaría.
    Buen texto, hermano, hace reflexionar, eso es bastante.

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    • Borgeano dice:

      Yo escapé, mi querido Roberto, luego de muchos años de prisión voluntaria (la cual estaba justificada por la obligación con respecto a mis hijos; ellos no me pidieron venir a este mundo y, como es lógico, tomé la responsabilidad que me correspondía); pero después de eso, cuando ellos ya habían comenzado a llevar adelante sus vidas, salí a vivir como consideré que debía hacerlo. Para empezar, mucha ruta. Decenas de miles de kilómetros sin detenerme más que en aquellos sitios que me producían un enorme placer; por otro lado, dedicarme por fin a lo que siempre había querido dedicarle mi tiempo: la escritura. Por ahora, aquí sigo. Mañana es siempre una incógnita y eso, déjame decirte, no está nada mal.

      Un fuerte abrazo.

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