La amenaza del despertar

 

Hermann Hesse

 

Editorial Losada ha editado dos libros con fragmentos (casi a modo de sentencias, me atrevería decir, aunque son más que eso, por fortuna) de Hermann Hesse. Del primero de esos volúmenes rescato esta magnífica cita que emparenta al autor alemán con lo mejor de la corriente humanista propia de su tiempo, pero que se extiende hasta nosotros en la medida en que esa escuela aún sigue siendo válida en la mayor parte de sus postulados. Dice Hesse: «Cada hombre es el centro del mundo, alrededor de cada uno parece girar voluntariamente, y cada hombre y cada día de su vida es el punto final y la culminación de la Historia: tras él, los siglos y los pueblos están hundidos y marchitados, y ante él no hay nada, sólo el momento, todo el gigantesco aparato de la Historia parece estar al servicio del apogeo del presente. El hombre primitivo considera como una amenaza cualquier cosa que perturbe este sentimiento de ser el centro, de estar en la orilla mientras los otros son arrastrados por la corriente, se niega a que le despierten y le enseñen, le parece odioso y hostil el despertar y el verse rozado por la realidad y se aparta con instinto amargado de aquéllos a los que ve acometidos por el estado de alerta, de los visionarios, problemáticos, genios, profetas, posesos».

¿No es esto lo que vemos a nuestro alrededor en todo momento, en los medios, en la red y por doquier (en este sentido la red sirve para que podamos observar de cerca lo que en otros momentos no era más que lejanía inaccesible). Para terminar con la idea, una página después Hesse nos dice, y esta vez sí, a modo de sentencia casi conminatoria: «Quienes no quieren responsabilidad ni pensar por cuenta propia necesitan y exigen caudillos».

8 comentarios el “La amenaza del despertar

  1. No vamos lejos, es más fácil repetir lo que piensa el caudillo que pensar. Abrazo mi buen. Aunque podría entenderse al homo como parte una cadena.

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    • Borgeano dice:

      Así ha sido siempre y creo que lo seguirá siendo, ya que aún dándole las herramientas adecuadas, las personas siguen prefiriendo quedarse a un lado de la historia mientras que otros la hacen a gusto. Por lo pronto, lo único que podemos hacer es no pertenecer a ese grupo y nada más.

      Un abrazo.

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  2. macalder02 dice:

    Al final de exposición, se da los que algunos pueblos están sumergidos ahora. El populismo gana adeptos porque no se piensa y allí nacen los caudillos. Sigo disfrutando tus escritos. Gracias.

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    • Borgeano dice:

      Creo que Hesse se refería más a una necesidad de guías de cualquier tipo; en este sentido caudillo vendría a ser todo aquel que guíe a un grupo de personas; es decir que también se aplicaría a un sacerdote, a un psicólogo o, más particularmente, a un medio de comunicación.

      Un abrazo.

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  3. Hesse siempre me ha parecido un autor lúcido. Estos textos que nos compartes lo corroboran.

    Más allà de sus títulos más reconocidos me sorprendió gratamente la lectura de un pequeño libro de relatos, “Rastro de un sueño”.

    Existe una inercia en dejarse mandar, y no solo en el terreno político. Pensar ¿es un acto revolucionario? …

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      “Rastro de un sueño” fue el primer libro que compré de Hess, a mis catorce años; esa vieja edición con el atardecer en la portada… la verdad era que no conocía a Hesse, pero lo había oído en boca de mi hermano y supongo que quise imitarlo a empezar a parecer mayor; sea como fuere, recuerdo ese pequeño volumen con mucho cariño.
      Ahora que lo he retomado a través de estos dos volúmenes de Losada me dieron ganas de volver a leerlo, ya que lo he dejado atrás hace mucho, mucho tiempo. De todos modos, estos dos libros me están dando mucho material para pensar y meditar (en ese sentido son igual de valiosos que el de Saramago del que te hablé el otro día; alguien se tomó el trabajo de compilar toda su sabiduría en pocas páginas).
      Por último, creo que sí, pensar es un acto revolucionario y voy un poco más allá: digo que hasta hablar bien es un acto revolucionario. Cuando todo se vuelve vulgar, mediocre y dogmático, permanecer por fuera de esos límites es revolucionario. Hoy, que parece que nadie puede decir nada de la manera correcta, hasta hablar bien, repito, es un acto revoucionario (y si seguimos la línea de que el lenguaje no está desligado del pensamiento de manera directa, ya enlazamos, incluso, un tema con el otro).

      Un abrazo.

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  4. En mi caso la lectura de “Rastro de un sueño” fue más tardía. Empecé también con catorce años con “Siddharta” y “El Lobo estepario”. En mi primer año en el instituto la asignatura de religión era voluntaria, para los que no queríamos hacer esa materia la alternativa era la clase de ética. Fundamentalmente nos dedicábamos a leer y comentar libros de autores como Hesse, Gibran, Orwell, Huxley, Saint-Exupéry, Richard Bach, Chomsky… que, para mediados de los setenta, en España, era bastante progresista para una escuela pública.

    Lo que comentas de hablar bien, hoy en día, también puede ser considerado un acto revolucionario. Recuerdo que mis hijas, cuando eran adolescentes, me decían que yo hablaba raro. Es un síntoma más de la decadencia.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Bastante adelantada esa escuela. En la mía, cuando no querías ir a misa (por pertenencia a otra religión, en mi caso por mi ateísmo –el cual ya estaba presente a tierna edad pero del que nada decía–. Supongo que me considerarían un judío o un evangélico) sólo te dejaban en el aula.
      hay muchas pequeñas revoluciones que podemos llevar a cabo a diario. Muchos dirán que no van a cambiar nada o cosas así pero, emparentado esta idea con lo mejor del budismo podría decir que cambiará mi vida, lo que en definitiva sí que significa un cambio importante.

      Abrazo.

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