De la incongruencia y sus límites

 

De los muchos defectos que tenemos los seres humanos, uno de los más graves —considerando que es uno de los evitables, es decir, uno que puede ser subsanado mediante cierto trabajo consciente—, es el de la incoherencia (por otra parte, si bien es cierto que todos los seres humanos somos entes ambiguos y que cierto nivel de comportamiento paradójico puede sernos tolerado, hay grados en este punto, así que aferrarnos a él para justificarnos no siempre es algo válido). Veamos un ejemplo de esto a partir de una foto que acabo de ver:

 

toros

 

La imagen nos muestra la plaza de toros de la Ciudad de México y, en primer plano, a dos felices y elegantes damas. De manera indirecta conozco a estas señoras pero nada diré de ellas, ya que el motivo de esta entrada no es la burla ni el escarnio personal, sino la crítica general a una postura ideológica, la cual es la de declararse amante de los animales y, al mismo tiempo, ser un ferviente admirador de las corridas de toros.

lo dije antes: podemos tolerar cierto nivel de ambigüedad, pero para todo hay límites. También dije que mediante cierto trabajo consciente —es decir, de la voluntad— podemos subsanar nuestros niveles de incoherencia; y esto se logra simplemente pensando y considerando si nuestras ideas so compatibles las unas con las otras y, si esto no es así, debemos desechar a una de ellas (o a veces a ambas). Claro, he aquí la dificultad: debemos cambiar nuestra forma de pensar ¡Vaya horror, con lo apegados que nos encontramos a nuestros prejuicios! (Ya lo dijo Descartes: No hay nada mejor distribuido que el sentido común: todo el mundo cree tener el suficiente).

Por si alguien no notó el detalle, aclaro que, básicamente, no estoy hablando de las corridas de toros en sí (su crítica es tan banal y recurrente que ya nada puede decirse acerca de ellas sin caer en lugares comunes); sino de lo que se ve en el fondo de la imagen; en esa silueta de la virgen María trazada en la arena donde serán torturados y sacrificados algunos animales a manos de otros animales de otra especie. Allí es donde tenemos la mayor cantidad de tela para cortar. Es allí donde veo los mayores niveles de incoherencia. La suma es lo que me interesa: una sonrisa bonita, una virgen amorosa, una matanza en ciernes, el amor divino, una foto orgullosa…

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10 comentarios el “De la incongruencia y sus límites

  1. MJBeristain dice:

    Somos, los humanos, los reyes de la incoherencia. Me parece genial que nos hagas reflexionar sobre ello y con este ejemplo puede entenderse suficientemente. Pero te recuerdo que seguimos matándonos encarnizadamente en nombre de nuestros dioses, y ello parece que no puede ser evitable, de acuerdo con la historia, a no ser que estemos hablando de posturas estrictamente personales. (Me temo). Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Somos, sí, algo incoherentes, María; pero como bien digo en la entrada (y es algo en lo que creo fervientemente) podemos minimizar este alto grado de incoherencia actuando sobre nuestra forma de pensar. Precisamente, el hecho que señalas (la matanza constante entre unos y otros por dioses varios y variados) es el mejor ejemplo de lo poco que se piensa a veces. Sin embargo, cuando se pone en acto al intelecto, estos niveles de violencia bajan significativamente; razón de más, entonces, para poner las neuronas en acción.

      Un fuerte abrazo y los mejores deseos.

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  2. Todo queda bien resumido en la frase de Descartes…
    Detrás de nuestra forma de pensar se esconde nuestro querido sufrimiento, aquél que no nos deja vivir en paz, ni con nosotros mismos ni con el prójimo. Nos puede más las vísceras que la razón…

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Es una lucha constante, sin duda alguna; somos hijos de la evolución más animal y ciega pero, al mismo tiempo, tenemos un arma poderosísima para poner freno a esos impulsos básicos que generalmente nos juegan malas pasadas. Pero, como dije en la entrada, es tan difícil que la gente se deshaga de sus prejuicios…

      Un fuerte abrazo.

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  3. Joaquín dice:

    Te olvidas de una cosa para mí fundamental: aunque el saldo es muy desigual, a veces también se da el sacrificio humano.
    Cuando hay toro y torero, la incertidumbre del desenlace, para mí, es sobrecogedor: Un puntazo, una voltereta, o una cogida puede ser la muerte del torero o su invalidez.
    Los toros en el campo se pelean y se matan. Puede estar un toro agonizando por las cornadas de sus hermanos, mientras estos pastan al lado sin sentir nada por ello. Sin embargo, cuando murió Fandiño le hicieron un funeral en una iglesia, esta tenía una entrada con arco de medio punto, supongo que en el interior se rezaría y se cantaría, y los compañeros de profesión se daban abrazos muy largos y sentidos, y lloraban (hay videos en internet). No hay comparación entre la vida y muerte de un toro y la de un humano.
    A mí me duele mucho más la exposición de la vida de un torero que la muerte del animal; lo veo y lo siento así.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Tú lo has dicho, Joaquín, el saldo es tan desigual que no creo que pueda justificarse con ello el acto que crea esa desigualdad. De todos modos, sé que por diferencias culturales bien puedo ser yo el que se pierde de algo en el camino. Como dije en la entrada, no critico a las corridas de toro en particular (al menos de manera directa en esta entrada) ni a las señoras de la foto. Lo que critico es el doble mensaje; el doble rasero que se usa en la sociedad toda. Ése es el punto que más me interesaba mostrar en esta entrada; el hecho de que la foto fuese tomada en una plaza de toros fue algo tangencial. Bien podría ser una fotografía tomada en la puerta de cualquier iglesia o catedral mexicana, por ejemplo, donde se exponen las mejores galas al lado de un templo que promueve el amor al prójimo y mientras una persona que pide limosna es olímpicamente ignorada.

      Gracias por estar aquí y por tu comentario.
      Un abrazo.

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  4. Joaquín dice:

    Pienso que, para los que no vivimos de ello, no hay necesidad de ese espectáculo; sin embargo, creo que entre las treinta medidas, por ejemplo, más urgentes que tomar en un país no estaría la supresión de las corridas.
    A mí me da pena que los toreros arriesguen su vida, aunque el saldo sea muy desigual. En cuanto al toro, veo que solo sufre en los instantes de la muerte con el espadazo; el resto de la corrida está tan caliente que le duele poco los puyazos y las banderillas frente a sus deseos de matar. Ello no justifica el espectáculo, por supuesto.
    Gracias a ti por tu respuesta tan cariñosa.
    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Mi estimado Joaquín, antes que nada, si uno sólo debatiera con aquellos que están de acuerdo de antemano con lo que se va a decir, no se estaría debatiendo, sino “debatiendo”. Luego, el hacerlo con educación y respetando al que opina diferente es algo que pido siempre en este modesto sitio y, como corresponde, debo ser el primero en ponerlo en práctica (y no lo hago sólo por obligación moral, sino porque realmente creo que es un excelente método para avanzar intelectualmente; en ese sentido agradezco este cruce de palabras, ya que me obliga a ser mejor para poder responderte como corresponde).
      Aprovecharé aquí para responder, también, a los términos del artículo que me compartiste más abajo, ya que mi respuesta -la cual será más breve que la introducción- hace referencia a ambos comentarios.
      Entiendo y, repito lo que dije anteriormente, que tal vez por cuestiones culturales no llegue a comprender de manera cabal el significado profundo de la tauromaquia (aún me ocurre aquí, en México, con la festividad del día de muertos, y eso que hace cuatro años que vivo aquí). De todos modos, no tengo otra opción que responder situado en mi temporalidad y en mi ubicación geográfica. En ese sentido no puedo ni podré aceptar los términos de la tauromaquia. Sé que hay muchos temas relacionados con esto que tengo que tratar (y que lo hago de manera constante), tal como la dicotomía entre el respeto a los animales y la necesidad de comerlos o no. Ése asunto me tiene muy ocupado, créeme. Luego, en referencia directa al artículo, creo que está bastante lleno de falacias y artificios lingüísticos. Sin ir más lejos, una expresión como ”desde la razón, parece difícil apoyar la tauromaquia, pero desde el corazón y el sentido artístico, es imposible negar su belleza” es sintomática. No creo que quienes nos oponemos a la tauromaquia lo hagamos sólo desde la “razón” y mucho menos creo que no se pueda negar la “belleza” de ese acto. ¡Yo lo hago a cada momento! No puedo ver belleza allí y creo que nunca podré verla.
      Por último, tampoco me siento convencido por la expresión “siento pena por el torero que se juega la vida”; ya que para mí esa frase conlleva un non sequitur insalvable. Que alguien arriesgue su vida no significa que haya belleza en ello. A veces sólo hay mera inconsciencia. Es como esos muchachos que suben a edificios altísimos y hacen acrobacias sin seguridad alguna (los vídeos son escalofriantes). Seguramente ellos verán belleza en ese acto; pero yo no puedo hacerlo. Podríamos poner otros muchos ejemplos, claro está, pero creo que no hace falta.
      Sea como fuere, Joaquín, de lo que estoy seguro es que de tú puedes ver algo que yo no. Sigamos compartiendo el camino mientras vamos viendo si alguna vez coincidimos (o no, no siempre es necesario) en estos asuntos.

      Un abrazo.

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      • Joaquín dice:

        Querido Borgeano, esta mañana ha amanecido helada ―el campo está blanquecino por la escarcha―, mis perros se manifestaban sanos y contentos en el paseo matutino; y yo iba pensando qué escribirte. Eran momentos de ensimismamiento: yo en mis pensamientos, y mis perros en rastrear todo aquello que les parecía interesante; suelen pararse un día y otro a olisquear y dejar su marca en los mismos sitios, como si otros animales también dejaran también su mensaje allí. Ahora pienso que hay una similitud cuando visitamos los mismos blogs para ver lo que han puesto otros que no conocemos, solo sabemos el aroma que desprende su lectura. Y la lectura de tus respuestas desprende un aroma de reflexión, de cuidado y esmero; cosa que me reconforta mucho en estos tiempos en el que el odio de determinada gentuza impregna los medios de comunicación estatales.
        Creo que, sobre el tema taurino, tú has reflejado tu opinión y sentimiento, y yo el mío; y pienso que no merece la pena debatir sobre ello. Lo que sí me gustaría que me aclararas es a qué te refieres cuando expresas: “esa frase conlleva un non sequitur insalvable”; porque manifestando desacuerdo con dicha frase, no dice qué es lo insalvable, y tal ambigüedad da pie a interpretaciones múltiples.
        Un cordial abrazo.

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  5. Joaquín dice:

    Mira, acabo de leer un artículo de un bloguero acerca de los toros que me parece extraordinario. Te pongo el enlace:
    https://george-cunningham.com/2018/07/17/la-fiesta-de-los-toros-realidad-y-espectaculo/

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